Antonio García Megía y Mª Dolores Mira y Gómez de Mercado, responsables de esta sección,  son Maestros, Diplomados en Geografía e Historia, Licenciados en Filosofía y Letras y Doctores en Filología Hispánica

 

Viaje a Finlandia

 

Mario Martinez Gil

12 años - IES Azcona - Almería

 

 

 

Nuestro viaje comenzó el 17 de Septiembre de 2009, en el aeropuerto de Málaga. Estaba nervioso, muy nervioso. Nunca antes me había montado en avión. Nos subimos en este y arrancó. Se colocó en la recta de despegue. Las luces de colores a ambos lados señalaban la ancha y larga carretera. Estaba emocionado. Y por fin aceleró. Noté un fuerte empuje hacia el asiento que me impedía echarme para adelante. Sentía como el avión dejaba de tocar el suelo para surcar el cielo rumbo a Finlandia. Tras un largo viaje llegamos. Eran las tres de la madrugada y el Sol ya dejaba divisar sus primeros haces de luz. Cogimos un taxi hacia Espoo. Desde este podía ver como los árboles ocupaban hasta el último centímetro del terreno, como las casitas de madera echaban humo por sus chimeneas.

Al bajarnos del taxi respiré, y noté como un aire limpio y fresco entraba por mis pulmones. A los dos días nos trasladamos a un apartamento en Vantaa. Aquí nos asentamos durante un mes. Por las mañanas nos gustaba ir a una pista de atletismo para hacer pruebas atléticas y superar cada día nuestras marcas. Recuerdo que un día me puse muy contento al superar los tres metros en el salto de longitud y que en los 100 casi le gano mi hermano. Después íbamos con mi padre al supermercado a ayudarle a hacer la compra y luego en la casa me peleaba con mi hermano para ver quién le ayudaba con la comida. Al terminar nos echábamos una buena siesta y cuando nos despertábamos íbamos a pasear por los espesos bosques de la zona que escondían diversos senderos entre los árboles. Otros días preferíamos ir a Helsinki, la capital de Finlandia. Para ir allí, cogíamos el tren de cercanías y eso me encantaba.

El primer día anduvimos un poco perdidos por la ciudad pero con el tiempo íbamos como Pedro por su casa. Fuimos visitando monumentos hasta llegar al mercadillo, que a mí me gustaba mucho porque se situaba al lado del puerto y con el ruido de las olas y de las gaviotas se producía un sonido muy agradable. Estaba lleno de puestecillos con diversos souvenirs y cosas artesanales. Al principio cuando iba paseando por la ciudad y me encontraba a algún español se lo decía corriendo a mi hermano y a mis padres porque era curioso pero como cada vez me encontraba más y más españoles al final no te resultaba raro, y aquello parecía España de no ser que la gente era blanquita y rubia. Solíamos comer en un edificio muy chulo que era como el Corte Inglés pero en finlandés, que se llama Stockman. En la planta alta había un restaurante con una comida muy buena, y como allí hay poco aceite, las aceiteras venían en botes de spray para desperdiciar lo más mínimo. Algunas veces dábamos un paseo por los tranvías más antiguos, que recorrían las calles empedradas de la ciudad. A mi hermano le gustaba visitar el estadio Olímpico de Helsinki 1952, en el que había una torre desde la que la ciudad se veía como si todo fuese de Playmovil.

Hay cuatro o cinco días que recuerdo con cariño. El primero quizás sea cuando fuimos al parque de atracciones llamado Linnanmäki, una palabra muy rara, como las del resto del finlandés. Cuando entré me quedé fascinado. Aquello parecía un mundo de fantasía con muchísimas atracciones. Las que más me gustaron fueron las montañas rusas, en las que daba mucho cosquilleo en la barriga cuando bajabas por las empinadas cuestas; los rápidos, en los que una barca redonda nos llevaba por un río de fuertes y bravas aguas y el barco bikingo.

También me gustó el día que fuimos al Parque Natural de Nucksio, en el que la vegetación te impedía divisar más allá de los árboles más cercanos. Los lagos, de agua cristalina, daban al paisaje un ambiente de tranquilidad. En los senderos la vegetación era tan espesa que se necesitaban pasarelas de madera para andar por allí. Y cuando había riachuelos, me lo pasaba bien saltando por encima de ellos sin mojarme mucho porque el agua estaba muy fría. Fuimos a una isla llamada Seurasaari, en el que había un museo al aire libre por toda la isla de casas e iglesias de madera. La primera vez que fui, a la entrada me encontré a una ardilla, y yo me quedé sorprendido porque nunca había visto una. Pero conforme ibas caminando te encontrabas decenas y decenas de ardillas, que era muy curioso porque no se asustaban de ti y se te acercaban a comer cacahuetes de tu propia mano. Y eso era muy divertido. Podía pasar horas y horas dándoles de comer a las ardillas que no te cansabas.

El último viernes viajamos a Tallín, la capital de Estonia, pero solo durante un día. Cogimos el barco en el puerto de Helsinki, hasta el puerto de Tallín. La ciudad era un poco más fea que la capital finlandesa pero el centro histórico era precioso. Las casitas de colores pintorescos con buhardillas puntiagudas recordaban a una época medieval. Algunas personas vestían con vestidos antiguos para llamar la atención del turista y mi atención la consiguieron llamar. Volvimos de noche a nuestro apartamento. El sábado siguiente, que fue nuestro penúltimo día lo aprovechamos en Helsinki. Dimos nuestro último paseo por esta bonita ciudad y vistamos el mercado central, un edificio de ladrillo visto muy bonito con muchísimos puestos de madera el el interior. Allí compramos chocolatinas para la familia.

El domingo, a las cinco de la mañana fuimos al aeropuerto para coger el avión rumbo a casa. Tenía ganas de volver, para ver a la familia; pero por otra parte quería quedarme porque no me apetecía empezar el colegio. El viaje duró cuatro horas y me pusieron unas albóndigas para chuparse los dedos. Desde Málaga cogimos un coche hasta San José. Tenía ganas de ver a la familia y comer las patatillas de mi abuelita. Cuando llegamos nos estaban esperando todos para darnos la bienvenida e hicieron un cartel gigante, que ponía: BIENVENIDOS PRIMADA, que es como nos llamamos todos los primos. Este probablemente haya sido uno de los viajes más bonitos y divertidos que haya hecho. Y por eso he escrito este texto.

 

Licencia  Contacta con el autor

 

Antonio García Megía y María Dolores Mira y Gómez de Mercado

 

Conozca también...

     

 
ESTADÍSTICAS EN ESTE SERVIDOR 

Desde el 27 de abril de 2004 se han visitado páginas  sólo en este servidor Web

contadores

Diseño de Antonio García Megía