FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

 

TOMÁS DE LEMOS. VIDA Y OBRAS

Por fr. Ramón Hernández Martín, O. P.


 

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Ramón Hernández

 

 

 

Biografía de Fray Tomás de Lemos

   Es Tomás de Lemos uno de los clásicos tomistas de la gracia. Su actividad docente en la Orden Dominicana tuvo lugar cuando ardían las más duras polémicas entre Domingo Báñez y Luis de Molina sobre la eficacia de los divinos auxilios y su relación con la libertad humana. Este resquebrajamiento de la monolítica escolástica en dos mitades, que se miraban mutuamente como extrañas, tenía en vilo al mundo cristiano por sus imprevisibles consecuencias de catástrofe. ¿Nueva escisión, después de las ya sufridas a lo largo del siglo XVI?

   Tomás de Lemos captó pronto la importancia del tratado de la gracia y se preparó en serio para entrar en el combate. San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino son sus autores predilectos: no afirma, no avanza, no concluye sin estos dos arrimos, que forman los dos pedestales sobre los que se levanta su monumental obra Panoplia de la Gracia[1].

   1. Datos de su vida

   Había nacido en Ribadavia hacia 1545[2]. Sus padres, Diego de Lemos y Beatriz García de Lemos, descendían de los grandes condes de Lemos y tenían su casa en la plaza mayor de la citada villa; esa casa aún se conserva y en ella vio la luz nuestro teólogo. Perdió de niño a su padre y en su adolescencia a su madre.

   El hermano mayor, Santiago –Tomás era el último de cinco hermanos, una hembra y cuatro varones- le procuró las primeras letras en el pueblo. Sus biógrafos vienen repitiendo de generación en generación que Santiago le pagó también la carrera jurídica en Salamanca, graduándose en la ciudad del Tormes en ambos derechos. Yo he mirado detenidamente los libros de matrículas y no he encontrado su nombre[3].

   Entra ya mayor, quizás pasados los treinta años, en el convento dominicano de Ribadavia. Terminados sus estudios teológicos con el grado de Lector, ejerce su profesorado de Teología en diversos conventos de su Orden. También sobre este particular han venido repitiendo los biógrafos que enseñó teología en la universidad de Valladolid. La voluminosa historia de esta universidad de Mariano Alcocer no le reconoce ese mérito[4].

   Como cierto debe darse su profesorado en el convento de San Vicente Ferrer de Plasencia, pues lo testifica un autor contemporáneo, perteneciente a esa comunidad, Fray Alonso Fernández[5]. Otra noticia interesante es la que da el propio Tomás de Lemos en carta a su hermano Santiago; la escribe en 1596 desde el convento de San Pablo de Palencia, y acusa humildemente la privación de una cátedra en algún estudio de la Orden[6].

   La gran sorpresa que le abrió las puertas de la fama, la dio el teólogo gallego en el año 1600, en el Capítulo General de la Orden de Predicadores, celebrado en Nápoles. Allí en nombre de la Provincia Dominicana de España expuso y defendió la posición tomista de la cuestión del momento: la predeterminación física de los divinos auxilios. La brilantez de su elocuencia, la fuerza de su argumentación, el conocimiento y familiaridad con los escritos de santo Tomás y de san Agustín, le crearon una aureola de tanta luz entre los Padres capitulares que todos le propusieron como el campeón señalado para la lucha contra el molinismo.

   Las discusiones sobre la gracia se habían enardecido en España, sobre todo con la publicación de la obra de Luis de Molina, Concordia liberi arbitrii cumgratisae donis… en 1588[7]. Denunciado el asunto en Roma, el papa Clemente VIII, viendo la gravedad de la cuestión y las consecuencias que podría traer el problema, nombró una Congregación especial para este negocio, que empezó a funcionar, analizando los memoriales de una y otra parte, a principios de noviembre de 1597.

   Tomás de Lemos fue llamado a Roma después del Capítulo General de mayo de 1600, empezando a actuar públicamente en la Congregación de los Divinos Auxilios del 23 de enero de 1601. Hasta entonces habían llevado el peso de las disputas por parte de los dominicos los teólogos Diego Álvarez y Rafael de Ripa.

   Llegaba nuestro personaje al palenque en el momento cumbre de la controversia. Clemente VIII, deseoso de dar una solución decisiva, redujo tanta reunión y examen de memoriales a un torneo teológico entre dominicos y jesuitas, teniendo por presidente el mismo papa. Formaban el conjunto de controversistas de la Compañía de Jesús Gregorio de Valencia, Pedro Arrubal, Hernando de Bastida y Juan de Salas. La representacion dominicana quedó reducida a Tomás de Lemos, una vez probados en las primeras actuaciones su dominio en la materia y la exuberancia de recursos teológicos y dialécticos sobre ella.

   Treinta y ocho fueron las disputaciones entre los teólogos de ambos bandos, presididas por Clemente VIII. Tomás de Lemos asistió a todas ellas, menos a dos por enfermedad, siendo suplido en esas dos por Diego Álvarez. Clemente VIII murió sin hacer público el dictamen supremo. Su sucesor, Pablo V, continuó las sesiones, presidiéndolas también personalmente. Las discusiones entre los teólogos ante Paulo V fueron diez, que se extendieron desde septiembre del 1605 hasta febrero del 1606. El nuevo Papa no quiso inclinar a ningún lado la balanza, y en su decreto decisorio se limita a prohibir que se censuren mutuamente de herejes los contrincantes[8].

   El teólogo de Ribadavia recibió el Magisterio en Sagrada Teología –distinción suprema académica dentro de la Orden Dominicana- en el Capítulo General celebrado en Valladolid a partir del 29 de marzo de 1605[9]. La Provincia Dominicana de España aceptó dicha graduación en el Capítulo Provincial de 1605, que tuvo igualmente lugar en Valladolid, comenzando el 4 de junio[10].

   Disuelta la congregación de los divinos auxilios, se retiró Tomás de Lemos al convento de Santa María Sopra Minerva de Roma, desempeñando el cargo de consultor del Santo Oficio. En una carta escrita por un sobrino suyo desde Roma se nos presenta a Tomás de Lemos viviendo en el Palacio Apostólico; seguramente desempeñaba en ese tiempo algún cargo en la curia, como penitenciario del papa, según repiten sus biógrafos[11].

   Nuestro protagonista escribe el 29 de marzo de 1624 a otro sobrino, Antonio de Lemos, y habla de su casi ceguera, que le obligaría a llevar una vida plenamente recluida en su convento[12]. Tal vez por ese defecto de vista hubo de regresar en torno a ese año a la comunidad de la Minerva, abandonando la curia pontificia.

   Una carta suya acerca de los problemas de la gracia y de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, escrita en 1619 reproduciremos en el apéndice de nuestro estudio.

   En los libros registros de los Maestros y oficiales supremos de la Orden de Predicadores aparece con frecuencia nuestro teólogo. El 20 de febrero de 1618 se le encomienda de parte de la Sagrada Congregación de Ritos el examen de la causa de la sierva de Dios Águeda de la Cruz, dominica secular[13].

   En el libro registro de los consejos del Procurador General de los Dominicos, Padre Fray Lucas Castellini, se apuntan varias intervenciones de Tomás de Lemos. Así el 3 de mayo de 1622 se designan cuatro Padres para examinar los escritos sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen María; entre ellos figura el teólogo de Ribadavia, que había asistido a ese consejo. Dos días más tarde fue aprobado un pequeño libro, en el que se combate la doctrina inmaculatista y se decide su presentación al Romano Pontífice y al Santo Oficio como representativo del pensamiento dominicano en esa materia[14].

   En ese mismo año de 1622, en los meses de junio, julio, agosto y octubre vemos a nuestro Fray Tomás presente en los mencionados consejos sobre problemas disciplinares dentro de la Orden[15]. Al año siguiente  interviene una sola vez, el 30 de octubre de 1623, en que defiende con éxito la nulidad de un proceso contra dos hermanos cooperadores por pare de un prior conventual, y pide la corrección y castigo de ese prior[16].

   Lo vemos luego muy raramente en esos consejos hasta 1628, en que vuelve a intervenir en algunos de ellos. En el del 11 de mayo de 1628 se discutió sobre la fuga del convento de fray Andrés de Prapono, ordenado ya de diácono. Tomás de Lemos defendió la nulidad de la profesión de ese religioso por haberla emitido antes de los dieciséis años de edad, pero debía ser considerado como profeso tácito por sus actos positivos en la vida religiosa; esta sentencia fue aceptada por casi todos los consejeros. Se propuso luego si debía ser considerado como apóstata de la religión, y por lo mismo ser castigado como tal. El parecer de Lemos fue aceptado por todos: sí; debía ser considerado como apóstata de la religión, y debía ser también castigado, pero no con rigor.

   El 15 de mayo de 1628 está presente en el consejo del Vicario General de la Orden de Predicadores. En él se trata de la confirmación del recién elegido Prior Provincial de la Provincia Romana, Fray Francisco Magdaleno Capiferreo. El primero en dar su voto afirmativo fue nuestro teólogo[17]. Todavía en ese año lo vemos en otros consejos, pero el 6 de septiembre de 1628 desaparece de esas reuniones.

   Enfermo primero de la vista, con más de ochenta años a sus espaldas, vive el último año de su vida casi en completo silencio. Sin moverse del convento dominicno de Santra María sopra Minerva, fue definidor o representante de la Provincia Dominicana de España en el Capítulo General allí celebrado el 2 de junio de 1629[18].

 Discrepan los autores sobre la fecha exacta de su muerte. Los mejores biógrafos señalan el año 1629, el mes de agosto. En una carta del Maestro del Sacro Palacio, escrita el 17 de octubre de 1629, se dice: “el Muy Reverendo Padre Maestro Fray Tomás de Lemos, que nos ha faltado el mes pasado de agosto, se nos ha ido al cielo”[19]. Los más fidedignos señalan el 23 o el 24 de de agosto.

   Claramente se confunde el Necrologium del convento de Santa María de la Minerva de Roma, elaborado en 1823 por el gran historiador dominico Pío Tomás Masetti, trastocando quizás los números, cuando escribe: “1623, Agosto, 19. [Falleció] el Padre Maestro Tomás de Lemos, hispano, varón piadosísimo y doctísimo, valiente propugnador de la gracia eficaz en las Congregaciones sobre los [Divinos] Auxilios, y esclarecidísimo escritor. Fue sepultado en un lugar separado ante un gran concurso del pueblo, que cortaba trozos de su hábito”[20].

   Todos los testimonios antiguos nos hablan de su extraordinaria virtud. Su devoción a la Virgen María queda manifiesta en las cartas que de él se conservan, donde evoca varias veces a la patrona de su pueblo natal, la Virgen de Valparaíso[21].

   El Capítulo General de la Orden de Predicadores 1642, celebrado en Cornegliano, hace una lista de algunos frailes, que según referencia de los definidores, murieron santamente en los últimos años. Se dice ahí que pasan por alto a los Padres Tomás de Lemos y Pedro Zaragoza de Heredia, “pues su vida integérrima, sus obras gloriosas y su preciosa muerte se dieron a conocer por separado en unas relaciones breves, impresas, distribuidas por toda la Orden[22]”.

   Tal vez de esa relación, publicada inmediatamente después de su muerte, proceda la pequeña biografía, que figura en la Cronica de los Maestros Generales, impresa con las constituciones dominicanas de 1690; se dice ahí que murió siendo “octogenarius major” y con gran opinión de santidad[23].

 

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Escritos de Fray Tomás de Lemos

 

   Sus obras impresas son solamente dos y ambas fueron llevadas a la imprenta después de su muerte:

a)      ADMODUM REVERENDI PATRIS MAGISTRI FRATRIS THOMAE DE LEMOS,  Panoplia gratiae seu de rationalis creaturae in finem supernaturalem gratuita, divina, suavi-potenti ordinatione, ductu, mediis, liberoque progressu. Dissertationes theologicae ab authore in IV tomos distributae.

   Tomus Primus. Isagogicus. De Pelagio et sequacibus nimirum extollentibus humanum arbitrium. Deque aliis id nimirum deprimentibus, maxime post vulnus peccati originalis. Item de infallibilitate Divinarum Praediffinitionum, salva rerum contingentia, et arbitrii libertate. Impr. Claudio Landas, Leodii (Lieja), 1676.

   Tomus Secundus. De Summa Dei Providentia et efficacissima Praedestinatione Sanctorum. Impr. Claudio Landas, (Leodii), Lieja, 1676.

   Tomus Tertius. De influxu Dei in secundas causas naturalis ordinis, ut suas operationes naturales producant. Impr. Claudio Landas, Leodii (Lieja), 1676.

   Tomus Quartus. De Praevenientis Gratiae efficacia, qua Deus operatur in nobis et velle et operari pro bona voluntate. Impr. Claudio Landas, Leodii (Lieja), 1676.

b)      Acta omnia congregationum et disputationum, quae coram Sanctissimis Clemente VIII et Paulo V, summis pontificibus sunt celebratae in causa et controversia illa magna de auxiliis divinae gratiae, quas disputationes ego Frater Thomas de Lemos eadem divina gratia adiutus sustinu contra plures ex Societate. Impr. Gil Denique, Lovaina, 1702.

   Los originales manuscritos de estas obras se encuentran en el Archivo Generalicio de la Orden de Predicadores (AGOP), en la Serie XIV. En esta serie se encierra el conjunto más brillante de toda la obra manuscrita de Tomás de Lemos; nada menos que 16 volúmens, la mayoría muy gruesos, sobre las cuestiones de la gracia.

  Son muchos los manuscritos lemosianos que encontramos en la Biblioteca Nacional de París y sobre todo en las bibliotecas antiguas de Roma. Antonio Michelitsch nos ofrece una amplia lista sobre este particular, pero he podido observar bastantes fallos, pues trabajaba sobre catalogos, que no son completos[24]. Así de la Biblioteca Casanatense de Roma no menciona los códices 2447-2448 (signatura antigua X.IV. 15-16). Hay también manuscritos lemosianos sobre la gracia en la Biblioteca Apostólica Vaticana, como los códices 862, 1059-1074 y 8532 del Fondo Barberini Latino de esa Biblioteca. La enumeración detallada ocuparía muchas páginas. Basten aquí estas orientaciones, esperando ofrecer en otra ocasión una relación más minuciosa..

   En el Archivo Generalicio de la Orden de Predicadores, en el convento de Santa Sabina de Roma, se conserva la obra de Fray Tomás de Lemos, titulada De Immaculata Conceptione Beatae Mariae Virginis, en la serie XIV, volúmenes 258, 279 y 493.

   Cuatro cartas del Padre Tomás de Lemos publicó Leopoldo Meruéndano a principios del siglo XX[25]. En los volúmenes sobre la gracia del citado Archivo Generalicio de la Orden de Predicadores hay también alguna carta de presentación. Otra carta autógrafa encontramos en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca. Manuscrito 196, pág. 574s; en ella se hace eco, entre otras cosas, de  la controversia de los Auxilios. Alguna otra daremos a conocer en otro momento.

 

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Carta doctrinal importante del Maestro

 Fray Tomás de Lemos

 

   Di a conocer esta carta, hasta entonces desconocida, en 1981. Está datada y fechada en Roma, el 2 de septiembre de 1619. No es autógrafa, sino una copia muy poco posterior al original. Habla de los problemas y disputas sobre la gracia y sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Madre del Salvador. El destinatario es Gaspar Ran de Barbastro, antimolinista; noticias suyas pueden encontrarse en los grandes bibliógrafos, como Nicolás Antonio, H. Hurter, etc. Se conserva la carta en Barcelona, Biblioteca de la Universidad, manuscrito 1008, folios 306v-307v. En la transcripción respetamos la grafía; en la puntuación del texto nos permitimos rara vez introducir alguna coma y algún punto, que faciliten la lectura; también nos permitimos subrayar o transcribir en letra cursiva los títulos de las obras que se citan en la carta. 

   [fol. 306v] “Carta que el Padre Maestro Fray Thomas de Lemos, de la Orden de Predicadores, escrivió desde Roma  al sobredicho Doctor Ran.

   “Con el ultimo correo recibi la de vuestra merced con el parecer [fol. 307r] sobre el juramento, y lo primero me dio summa pena essa rebellion de pueblo contra vuestra merced y que intentasen tales cosas, pero la divina gracia, cuyo vasleroso defensor es vuestra merced, le a librado y librará, como a mi me a librado de persecuciones mayores, y mucho mas, que no son para cartas. Esta gran pena me a aliviado ver que ya parece que la Ynquisición comiença a hazer algo, pues prohibio aquel cuadro tan escandaloso, y mando a los Prelados de las Religiones miren como proceden, y no pemitan que sus frayles hablen contra los motu proprios y decetos delos Papas, que en esto consiste la paz de essos Reynos, y ansí los Cardenales Ynquisidores lo dizen, y preguntan qué hazen los Ynquisidores de España?

   “Quanto al parecer sobre el juramento que vuestra merced embia, todo el es tan docto y tan fundado, y con tan efficaces razones; es tan pio y tan zeloso como de vuestra merced se podía y devia esperar. No ay en el cosa que no sea digna de notary alabar. Yes gran ceguera la que tienen por su gran passión los que le contradicen; pero, como son desgraciados y niegan la divina gracia, que no negaran? Bien se sabe que toda esta tempestad de concepcion nace de la divina gracia, porque los principales levantadores de esta furia lo hazen para, por esta via, hazer se olvide la causa sobredicha; pero no saldran con su intento, porque esta ola passara, y ya va muy passando, y la divina gracia volvera por si.

   “El obispo de Cartagena, y todos los de su parte, estan aqui muy marchitos, porque, como es firme Roma, no la bambolean las tempestades de España, ni de otra parte alguna. Dizen se ira presto el dicho obispo, y yo pienso sera ansi; porque ni a echo, ni haze, ni haa nada. Una sola cosa a hecho, que a sido de muy grande importancia, y es que el Papa y Cardenales an vistolos pocos fundamentos de su sentencia, y losmuchos de la nuestra; porque de una parte y otra se an hecho grandes estudios, y por mi se a respondido amuchisimas cosas.

   “El lugar de san Fulgencio que vuestra merced pide, yolemostre aquí en Roma, y todos se turbaron, viendole; y a echo en esta causa el, no obstante las falsissimas explicaciones que le dan, delo qualse hizo ostentación. Digo que este lugar de san Fulgencio es en el libro De Yncarnatione et Gratia Domini Nostri Iesu Christi, seu de Gratia et Libero Arbitrio ad Petrum Diaconum, en el capitulo 9, ubi sic habet: Haec es gratia qua factum est ut Deus qui venit peccata tollere, quia peccatum in eo non est, homo conciperetur atque nasceretur in similitudine carnis peccati de carne peccati [fol. 307v] quippe Mariae, quae in iniquitatibus fuerat humana solemnitate concepta caro fuit utique peccati, quae Filium Dei genuit in similitudine carnis etc.

   “Pero advierta vuestra merced que en los Fulgencios de impression antigua no sehalla, por lo qual los contrarios lo quisieron calumniar, pero no les valió; porque en la ultima impression de Basilea (madre de la concepción) se pone este tratado con otro título de Pedro Diácono, y el prólogo manifiesta ser auténtico de Fulgencio. Y de este tratado de Fulgencio contra los pelagianos hazen mención los hystoriadores hasta el Cardenal Belarmino in libro De Ecclesiasticis Scriptoribus. Y ansi se probo aquí ser libro de Fulgencio.

  “El titulo deste libro es Divi Fulgentii Rupensis Episcopi et aliorum 15 Episcoporum Affricae De Yncarnatione et Gratia Domini Nostri Jesuchristi, seu De Gratia et Libero Arbitro ad Petrum Diaconum et socios qui ex Oriente in causa fidei Romam missi sunt. La impressión es Basileae per Sebastianum Henri Peti. En el qual libro san Fulgencio con los 15 obispos responden a Pedro Diacono et collegas progratia contra Pelagianos.

   “El título del tratado de Pedro Diacono a quien se responde dice assi: Divi Petri Diaconi et aliorum, qui in causa fidei a graecis ex Oriente Romam missi fuerant De Yncarnatione et Gratia Domini Nostri Jesuchristi, seu De Gratia  et Libero Arbitrio ad Fulgentium et alios Episcopos Afficae liber unus. En el qual libro estos orientales profitentur efficaciam gratiae contra Pelegianos optime, et occasione dicunt Virginem in originali  conceptam; pero tan claro como Fulgencio y los otros 15 obispos.

   “Y Fulgencio approbat la confession de la fe Orientalium in materia gratiae, et dicit de Conceptione veba relata. Y es egregio este libro de Fulgencio contra los Pelagianos, et divina providentia, cum his temporibus prodit in lucem, mucho mas por esta causa que por la de la Concepcion le querían algunos negar; pero no les valio, como dixe. Nuestro Señor a vuestra merced en su santa gracia conserve. Roma, 2 de setiembre 1619. Humilde siervo de vuestra merced, Fray Thomas de Lemos”

 

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[1]  La ficha bibliográfica de esta magna obra en cuatro gruesos volúmenes, que muchos la consideran como la más completa sobre las cuestiones de la gracia, la damos en el segundo punto de esta introducción, donde hablamos de los escritos de Tomás de Lemos. Nuestro estudio, como iremos notando, se efectúa sobre el Tratado IV del libro III de esta Panoplia de la Gracia. Lo encontrarás en la revista “Augustinus” 16 (1981), págs. 98-138. Celebrábamos los mil seiscientos años de la conversión de San Agustín.

[2]  Para la parte histórica de esta trabajo hemos contado con material archivístico de: Archivo Generalicio de la Orden de Predicadores (AGOP), sito en el convento de la Orden Dominicana de Santa Sabina de Roma; Archivo del Convento de Santa María sopra Minerva de Roma. Hemos extraído datos de los fondos antiguos de las bibliotecas siguientes: Biblioteca Apostólica Vaticana, Bibl. de la Universidad de Barcelona, Bibl. Casanatense de Roma, Bibl. Angélica de Roma. Aparte de las colecciones bibliográficas antiguas, pueden consultarse los siguientes estudios sobre Tomás de Lemos: Meruéndano,  Leopoldo, Apuntes históricos sobre la vida, trabajos y escritos del insigne teólogo Fray Tomás de Lemos…, Orense 1906; Pardo, Aureliano, Un discípulo favorito del Angélico, Fray Tomás de Lemos, O.P., “El Santísimo Rosario, 43 (1928), págs. 157-166; González, José Luis, A la memoria del P. Lemos, “Ideales” 29 (1929), págs. 256-262; Pardo, Aureliano, El convento de Santo Domingo de Ribadavia, “Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Orense” 10 (1933-1934), págs. 126-130, 147-154 y 171-174.

[3]  En estas pesquisas por el Archivo de la Universidad de Salamanca he encontrado algunos nombres que pudieran tal vez evocar alguna relación con los Lemos de Ribadavia: Tomás Fernández y Pedro Fernández, naturales de Ribadavia, de la diócesis de Tuy (Archivo de la Universidad de Salamanca, Libro 298, Registro de Matrículas 1583-1584, fols. 72v y 107v); Santiago Rodríguez de Camba y Tomás Fernández de Sosa, naturales de Ribadavia (ib., Libro 301, Registro de Matrículas 1586-1587, fols. 54v y 56v); Miguel de Lemos, natural de Renados, de la diócesis de Lamego en Portugal (ib., Libro 300, Registro de Matrículas 1585-1586, fol. 81v).

[4]  Meruéndano, L., Apuntes históricos…, Orense, 1906, pág. 43, dice: “Consta que Lemos fue catedrático de Teología en la universidad de Valladolid”. Esto mismo aseguran A. Pardo y los otros biógrafos modernos. Antes que ellos lo habían asegurado anteriores autoridades como Biografía Eclesiástica Completa… Tomo XI, Madrid-Barcelona, 1857, pág. 1124: “enseñó Teología en la universidad de Valladolid en 1574”.

[5]  Fernández, Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia…, Madrid, 1627, pág. 112a: “El Maestro Fray Tomás de Lemos, que ha asistido en la Corte Romana a la causa de los auxilios, y dexó el obispado de la ciudad de San Marcos en Calabria, tiene dos tomos de materias escolásticas, que se darán a la luz”. Da esta breve nota al mencionarlo en su elenco de profesores del Estudio Dominicano de San Vicente Ferrer de Plasencia. Ya antes lo había incluido entre los profesores de San Vicente de Plasencia Juan López en Tercera Parte de la Historia General de Sancto Domingo, y de su Orden de Predicadores…, vol. I, Valladolid, 1613, lib. III, cap. 6, pág. 160b (equivoca el texto la pág.; en verdad es pág. 198b): “El Maestro fray Tomás de Lemos, que asiste en la Corte Romana a la causa de auxilios, que la Orden trata, y dexó el obispado de la ciudad de San Marcos en Calabria”.

[6]  “Y en cuanto a la cátedra no me hicieron injuria ninguna en absolverme de un cargo, que yo nunca supe cumplir con él” (Meruéndano, L., Apuntes históricos…, Orense,1906, pág.137. Forte, Stefano L., I Domenicani nel Carteggio del card. Scipione Borghese, Protettore dell’Ordine (1606-1633), en “Archivum Fratrum Praedicatorum” 30 (1960), pág. 388, n. 202, dice que, según una carta del cardenal Scipione Borghese al conde de Castro (Roma, 2 de octubre del 1618), se había pensado en Fray Tomás de Lemos para Vicario General de la Orden Dominicana. ¿Lo rechazaría como rechazó el obispado de San Marcos de Calabria, según Alonso Fernández y Juan López, conforme vimos en la nota anterior?

[7]  En el examen de la doctrina de Luis de Molina es necesario conocer las dos primeras ediciones por él efectuadas, ya que en la segunda se corrige el texto de la primera. Ficha de la primera edición: Molina, L. de, Concordia Liberi Arbitrii cum Gratiae Donis, Divina Praescientia, Providentia, Praedestinatione et Reprobatione, ad nonnullos Primae Partis Divi Thomae articulos…, Lisboa, 1588. La segunda edición tiene este título y pie de impresión: Liberi Arbitrii cum Gratiae Donis, Divina Praescientia, Providentia, Praedestinatione et Reprobatione Concordia, Altera sui Parte auctior…, Amberes, 1595. Amediadosdel siglo XX se hizo una edición crítica con esta presentación: Molina, L. de, Liberi Arbitrii cum Gratiae Donis, Divina Praescientia, Providentia, Praedestinatione et Reprobatione Concordia. Editionem Criticam curavit Iohannes Rabeneck, S.I., Oña-Madrid, 1953.

[8]  Denzinger, H., y Schönmetzer, A., Enchiridion symbolorum, definitionum et declarationum de rebus fidei et morum…, Barcelona, Ed.Herder, 1965, n. 1997, págs. 443 y 444.

[9]  Acta Capitulorum Generalium Ordinis Praedicatorum, vol. VI ab anno 1601 usque ad annum 1628… Recensuit Frater Benedictus Maria Reichert…, Roma, 1902, pág. 74: “In provincia Hispaniae approbamus Magisteria reverendorum Patrum Fratris Didaci Alvarez et Fratris Thomae de Lemos et Fratris Alfonsi de León».

[10]  Haec sunt Acta Capituli Provincialis… Anni 1605, Valladolid 1605 (original impreso), fol. 1v: “Acceptamus Magisterium Patris Fratris Foelicis de Plaça, Prioris Conchensis, et Patris Fratris Didaci Alvarez, Lectoris Sanctae Mariae super Minervam et Patris Fratris Thomae de Lemos ». Una edición de las Actas de los Capítulos Provinciales de la Provincia Dominicana de España de principios del siglo XVII, de carácter divulgativo, hizo en la primera mitad del siglo XX el P. Luis González Alonso-Getino; en esta edición, sin año, ni lugar, ni nombre oficial de editor, se encuentra el párrafo en la pág. 35.

[11]  Meruéndano, L., Apuntes históricos…, Orense, 1906, dice en la pág. 90 que fue catedrático del Colegio de la Minerva, y en la pág. 92 afirma que ostentó el cargo de Maestro del Sacro Colegio en el Vaticano. Las dos cosas son falsas, pues la documentación sobre ambos puntos en este tiempo es muy precisa y su nombre está ausente de esos cargos. La carta que citamos es recogida por Meruéndano en la obra que acabamos de citar, en las páginas 42-147.

[12]  Meruéndano, L., Apuntes históricos…, Orense, 1906, págs. 147-150.

[13]  Archivo Generalicio de la Orden de Predicadores (AGOP), en el convento de Santa Sabina de Roma, Serie IV, vol. 59, fol. 1v.

[14]  Ib., vol. 63, fol. 2.

[15]  Ib., vol. 63, fols. 4, 6, 7 y 9.

[16]  Ib., vol. 63, fol. 13v.

[17]  Ib., vol. 63, fols. 15 y 16.

[18]  Acta Capitulorum Generalium Ordinis Praedicatorum vol.VII. Ab anno 1629 usque ad annum 1656… Recensuit Frater Benedictus Maria Reichert…, Roma, pág. 2. Fue elegido entonces Maestro de la Orden de Predicadores Nicolás Rodolfi.Para Tomás de Lemos no supuso molestia asistir a este Capítulo, que se celebraba en su convento.

[19]  Meruéndano, L., Apuntes históricos…, Orense 1906, págs. 133-135, recoge una carta, inmediata a la muerte de Tomás de Lemos, escrita por el Maestro del Sacro Palacio, Fray Nicolás Ricarde, en que se hace eco de su muerte y de la fama que ha dejado de santidad.

[20]  Dice el texto latino: “1623, Aug., 19. P. Mag. Thomas de Lemos, Hispanus, vir piissimus et doctissimus, gratiae efficacis in Congregationibus de auxiliis strenuus propugnator, et scriptor clarissimus. Sepultus fuit in loco separato, mago populi concursu, vstis descerpentis… » (Necrologium venerabilis conventus Sanctae Mariae Super Minervam de Urbe, Ordinis Fratrum Praedicatorum ab anno 1575, pág. 10).

[21]  Meruéndano, L., Apuntes históricos…, Orense, 1906, pags. 137, 141, 149. Este título de Nuestra Señora de Valparaíso se cambió algo más tarde por el de Nuestra Señora del Portal.

[22]  Acta Capitulorum Generalium Ordinis Praedicatorum, vol. VII, ab anno1629 usque ad annum1656… Recensuit Frater Benedictus Maria Reichert…, Roma, 1902, pág. 96.

[23] Compendiosa Chronica Reverendissimorum Magistrorum Generalium Ordinis Fratrum Praedicatorum, impresa con paginación propia al final de la Regula S. Augustini et Constitutiones Fratrum Praedicatorum…, Roma, 1690, pág. 108s. De la virtud y estima general de que gozaba Tomás de Lemos habla una circular del Maestro General Nicolás Ridolfi, que recoge Álvarez, Paulino, Santos, Bienaventurados, Venerables de la Orden de Predicadores… Volumen Tercero. Venerables, Vergara 1922, págs. 244-254.

[24]  Michelitsch, A., Kommentatoren zur Summa Theologiae des hl. Thomas von Aquin…, Graz y Viena, 1924, págs. 108-111 y 184-187. Para la Biblioteca Angélica de Roma es necesario tener en cuenta a Narducci, Enrique, Catalogus codicum manuscriptorum praeter graecos et orientales in Bibliotheca Angelica…, Tomus Prior, Roma, 1893.

[25]  Meruéndano, L., Apuntes históricos…, Orense, 1906, págs. 136-150.

 

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