FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

Meditaciones

Ha nacido una estrella

Por fr. Ramón Hernández Martín, O. P.


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Nació una estrella, naciste tú En algunos diccionarios se inician las biografías con las fechas del nacimiento y de la muerte, y colocan antes de la fecha de la muerte una cruz (†) y delante de la fecha del nacimiento una estrella (*). Muy bien la cruz (†), porque en ella murió Cristo, y la muerte con Cristo es el ideal de todo cristiano. ¿Y por qué la estrella? Cuando viene una persona al mundo nace una estrella. Dios crea ese alma, la adorna con su imagen y semejanza, la colma de facultades y cualidades, todas en germen, pero proyectadas y abiertas hacia un gran desarrollo y a la producción de grandes frutos; con el bautismo la colma de dones sobrenaturales, también en germen, pero orientados hacia la perfección y santidad cristiana, y así preparado ese astro luminoso lo lanza a recorrer su camino, es decir, su órbita, iluminando cada vez más según va desarrollando esas inmensas capacidades y dones que consigo lleva. Es su obligación, porque los dones de Dios no son sólo para el provecho y perfeccionamiento individual de su persona, sino que tienen una gran proyección social. Recorre el lucero su camino, describiendo su órbita sobre la tierra, hasta consumirse en la cruz de su muerte, que lo pone de nuevo en las manos de Dios, de donde partió. Se consume y muere, como la semilla, para renacer o resucitar en todo su esplendor. Y Dios viendo la gran luz que brilla ahora en su lucero y la estela que ha dejado en la tierra, lo invita a vivir con Él eternamente, como un sol ya sin ocaso.


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