FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

 

Meditaciones

MEDITACIÓN ELECTRIZANTE

Por fr. Ramón Hernández Martín, O. P.


Contactar con

Webmaster

  

Contactar con

Ramón Hernández

 

 

 


Vea otros artículos de la serie

 

El predicador dominico, P. José Merino, gustaba de ejemplos y cuentos en sus sermones y pláticas, para grabar mejor en el público sus enseñanzas doctrinales. Me recordaban siempre, cuando le oía, al Señor y sus predicaciones evangélicas en sus admirables parábolas.

Este cuento-parábola, que voy a dar a conocer inmediatamente, se lo oí a mi venerado Padre Maestro Merino en septiembre de 1950, en los ejercicios que nos dio en el noviciado del convento dominicano de San Pablo de Palencia, como preparación para la toma de hábito, que iba a tener lugar el día 24 de ese mes.

   Blas y Antonio, dos amigos desde niños. Ahora son dos mozalbetes de 18 y 19 años respectivamente. Los dos trabajan fuerte durante la semana, pero los sábados por la tarde y todo el domingo lo tienen de descanso para sus ocupaciones particulares y sus excursiones o paseos largos en común y en gozosa amistad. Blas es del barrio Chanverí de Madrid, es perito electricista y trabaja en una tienda de aparatos eléctricos de su barrio; Antonio es del madrileño Lavapiés, es buen matemático y trabaja de contable en una sucursal del Banco de Santander.

   Se han puesto de acuerdo el domingo anterior. El próximo sábado iremos andando a la sierra. A las cuatro, después de comer y reposar un poco, salimos; debemos prepararnos bien para la montaña.

   Es el 23 de marzo; un día un tanto nublado. No creo que llueva, piensa Blas. Me pondré una botas con buenas plantas anchas de goma; me agarró así mejor a las rocas y, si acaso llueve, me defenderé mejor de la humedad. Antonio razonó de otra manera: quizás no llueva, pero debo ser previsor; la subida es un tanto dura; me pondré mis botas camperas de fuertes suelas y tachuelas; siempre me han dado buen resultado.

   Así salieron para la montaña Blas el perito electricista y Antonio el consumado contable, cada uno con su mochila para merendar juntos y conversar como amigos contemplando la naturaleza desde la cumbre del monte.

   -Tenemos un día un tanto ambiguo, comenta Blas.

   -¿Lloverá? ¿O tendremos sol en la cresta que pensamos escalar? Pregunta Antonio.

   -Veo que vienes con buenas botas de fuertes clavos; yo he optado por anchas gomas en las bases.

   - He pensado que así me defiendo mejor; con mis botas de suela y de tachuelas he caminado siempre seguro.

   - En la cumbre comentaremos el resultado.

   La tarde se fue haciendo cada vez más negra según ascendían al monte. Casi en la cumbre comenzaron los fuertes truenos. El cielo se cargaba de aparato eléctrico y algunos rayos comenzaban a causar espanto. Estamos casi en la cima. Debemos seguir hasta el final y cobijarnos en el refugio. No hay alternativa posible.

   Blas, el electricista, iba muy jubiloso, mientras Antonio comenzaba a vacilar y a ponerse serio.

   -Ya estamos, amigo. Ahora al refugio. No ha pasado nada. Seguía comentando el electricista.

   - Estaba preocupado, dijo Antonio, el amigo contable. Aún no me he recuperado del gran susto.

   - La naturaleza estaba cargadísima de electricidad y Blas abraza a Antonio y le gasta una broma propia de su oficio. Le toca a Antonio en la nariz propinándole una descarga eléctrica, un impresionante calambre. Antonio aparta de una sacudida la cabeza, mientras dice:

   -¿Qué tienes en la mano?

   -Dirás ¿qué tengo en los pies? Tú presumías de tus botas de clavos, y por las suelas húmedas y los clavos se iba toda la electricidad que te comunicaban las negras nubes tormentosas. Yo en cambio con mis botas de anchas gomas me he ido llenando de la electricidad que nos enviaba a los dos por igual la naturaleza.

   Todos los sábados y domingos nos permitimos alguna meditación en la naturaleza o en las cuestiones sociales del tiempo. La electricidad que nos enviaba el tormentoso cielo es un símbolo de la gracia salvadora que de continuo nos envía Dios, nuestro Padre Generoso. Para aprovechar esa gracia y que no resbale sin efectos positivos sobre el alma, es necesario aislarse bien de las aficiones bajas y terrenales. Con una conciencia sana y orientada hacia el Salvador, la gracia se queda dentro de nosotros y crece sin cesar en nuestra alma.


Conozca también...

     


ESTADÍSTICAS EN ESTE SERVIDOR 

Desde el 27 de abril de 2004 se han visitado páginas  sólo en este servidor Web

contadores

Diseño de Antonio García Megía

Recomiende esta página: Escriba la dirección de correo de un amigo

Comparta con sus amigos o grupos de Facebook