Licenciado en Psicología, ejerce en aula específica de Instituto de Educación Secundaria. Profesional preocupado, denuncia y deja constancia escrita de sus vivencias, opiniones y criterios.

 

 

 

¿POR QUÉ SE CAMBIAN LAS MACRODIRECTRICES DE LA INTEGRACIÓN?

 

 

¿POR QUÉ SE TRUNCAN (O TRUCAN) ÉSTAS?,

¿POR QUÉ SE TORNAN LOS CRITERIOS DE NORMALIZACIÓN

 POR «ESPECIALIZACIÓN» -DISGREGACIÓN-?

 

Llegado julio, concluso ya el presente año escolar 2003-04, rota la obligación de acudir puntual al ejercicio reiterado de la profesión; disuelta la adherencia de múltiples compromisos, adquiero la oportunidad de levantar la mirada y reconducir los pasos dados. Respiro profundo después del resuello tras el agotamiento de un final al que no pareciera ver término.

 Se dice que un buen profesional vive en sí, durante las 24 horas, las múltiples implicaciones que supone el desarrollo de su labor -eso cuando el trabajo fuese “religión” y única ocupación de una vida-. La total complicación laboral se ha alabado socialmente como virtud digna de reconocimiento, por el valor demostrado, pese al cansancio para permanecer en el puesto minuto a minuto; por el altruismo manifiesto, dando de sí y de los suyos oportunidades a los otros para auxiliarles y asistirles en sus necesidades; y cumplimiento del deber, un deber que nunca acaba; inagotable y extenuante…

 Incluso nuestro sistema educativo, al amparo de la Constitución, propugna el logro de estos objetivos como valores de humanización y solidaridad, y éstos como formula de cohesión social y garantía de aquellos elementos estructurales que vertebran nuestra sociedad en su estilo-modo de vida y aglutinada de las costumbres-moral que nos vinculan.

Y tal es así, que mientras unos duermen otros vigilan, otros trabajan cuando unos disfrutan y descansan, y cuando unos hablan otros callan…una complementaria alternancia respondiendo al sino de la vida… Pero, ¿qué pasa cuando no aparece el relevo y no podemos combinar las opciones…?, ¿dónde quedan quienes realicen aquellas funciones difíciles, incómodas, arriesgadas o desprestigiadas?.

Antes girábamos, hemos comentado, en torno al “culto al trabajo” hoy parece que todo queda en torno a otra cultura “la del ocio y el divertimento”…  Se habló hace años del uso de los medios de comunicación de masas como instrumentos de culturización, alfabetización, información… ¡qué ilusos años aquellos!.  Poco a poco, la propaganda del sector dominante se usará con procedimientos reiteradamente repetitivos, sin verificar y sin veracidad, para machacar al adversario al par que capciosamente embotar, inundar y contrainformar…  Hoy todo es propaganda, los programas electorales y las formulas de gobierno son puros y duros eslóganes; no son programas, son panfletos. La demagogia se ha instalado.

No existe como tal la democracia, en nuestra formula de gobierno, solo sondeos acomodaticios para responder encarando los oleajes de las demandas de una sociedad que no se termina de organizar y que se comporta como plebe, como plebeyos nos trataron y no fuimos capaces de cuestionar ningún medio de comunicación, ni grupo político (recordemos el 22 de mayo/04). ¿Dónde pues, se nos había quedado la soberanía del pueblo y la igualdad ante las leyes de aquella constitución regalada?. Dejamos –como pueblo- de ser soberanos, ¿cuándo?. Nos despojaron de nuestra dignidad, y no rechistamos. ¿Y frente a la igualdad?, volvieron a desvestirnos de nuestra nobleza humana para imponernos, que unos “sangres azules” son mejor casta y con privilegios para ellos, usurpados a todos… ¡y no nos inmutamos!

No hablaré del artículo 27 de aquella, sino del valor de la educación como medio, que el hombre se da, para superar junto con otros recursos, las deficiencias y desigualdades que encuentra y detecta, para descubrirse como ser pluridimensional y transcendente con ánimo de superar sus limitaciones. Este detectar y transformar, misión encomendada a todo ciudadano, se declaran en igualdad para aquellos ciudadanos que “lastrados” por aquellos errores de la propia naturaleza que los genera o de la sociedad que los alberga, quieren superarse y superarlos. Así el artículo 49 nos lo promete y las leyes nos articula y compone el procedimiento del cómo lo vamos a lograr.

Hasta el año 97 las declaraciones que hacían aquellas, nos garantizaban medios y estructuras que dispondría la propia Administración. Ésta movilizaría toda una flota de personal… y recursos, que subsanarían y remontarían las deficiencias. Pero como las deficiencias no fueron resueltas y aquella infraestructura costosa de Personal no demostró operatividad, fue reconvertida en una mascarada oficialista encargada de dar la APARIENCIA de una sociedad resuelta, organizada, optimizadora… pero lo único que hemos conseguido es aumentar la maraña de vericuetos a salvar a la hora de afrontar un determinado problema. Esta seudo versión de aquella “solución” podemos situarla hacia el 99, decir que empezó en el 1.999[1].

De cómo afrontar, de cómo nos posicionemos al encarar la situación a resolver… De esto se trata al fin y al cabo: afrontar. La filosofía argumental que respaldaba las medidas operativas ha cambiado, no se piensa igual porque ya no hay “datos” que sostengan las medidas tomadas. Ahora hay que montar otra “teoría” que nos permita organizar “axiológicamente”, por supuesto de valores “operativos”, frente a los otros lejanos valores altruistas.

Sobre el Decreto 147/2.002 de 14 de mayo y la Orden de 19 de septiembre, ¿Por qué habiendo normas generales y también concretas sobre actos específicos, funcionales, esenciales a la función docente -como es: 1) la actuación: –quién-;  2) programación -qué/cómo/cuando-; 3) evaluación-, tienen que aparecer normas añadidas, exclusivas pero también excluyentes?, ¡resulta muy curioso que sobre las mismas acciones, tratándose de alumnos con n.e.e. “muy significativas”, los procedimientos cambien!  Las nee, si las cuantificamos, podemos catalogarlas como un rango que admite categorías pero que nunca han de ser tratadas de modo diferente –atributos-, porque estas diferencias de tratamiento las desplazan a que sean tratadas como apartadas de la organización general.

Y si entramos en esta consideración de trato diferencial iremos diferenciándonos cada vez más y apartándonos de criterios/principios de normalización [normalización del alumno/normalización del que trabaja con ellos, de cómo (metodología: pedagógica-didáctica) se trabaja con ellos, porque hemos de plantear una pregunta, ¿Por qué, suscita tanto recelo el mero trato, en muchos casos entre los profesionales de nuestro sector, es cierto que tienen problemas y sus problemas nos lo vierten a cuantos interactuamos. Se ve raro que un Maestro Especialista de P.T. acceda a un puesto de gobierno, como si no le interesara al colectivo que … “al desentenderse” éste, de estos alumnos raros, pudieran otros tenérselas que entender con ellos?. Otra pregunta:  ¿por qué la antigüedad en el centro es un criterio/derecho incuestionable de “mejora” a la hora de optar a determinados puestos, pero en el caso de los de P.T. se recomienda que la continuidad en el centro, el mejor conocimiento de los casos, sea decisivo para que permanezca en las situaciones más complicadas?]

En la Comunicación presentada en el Congreso Internacional sobre Necesidades Educativas Especiales, celebrado en el Palacio de Congresos de Granada, los días 12-14 de octubre de 2.000, y desarrollada en su totalidad en el capítulo 3º del libro “Las Claves de la Integración: Propósitos y Despropósitos”[2], ya marcábamos como la 7ª traba, el modo de afrontar el desarrollo de la denominada Educación Especial. Se plantea una situación ciertamente paradójica, de difícil resolución en la praxis diaria al quererse resolver, o bien como “especial/diferente” o de un modo contrario “ordinario/standard”. Tanto para un proceder como para el contrario existen protocolos, pero carece de acierto, imponer tal o cual protocolo al margen de un contexto que careciera de los recursos necesarios, así como claramente determinados en qué medidas esos recursos, y no otros, surtiesen los efectos deseados. De uno u otro enfoque dependen unas consecuencias favorables o perjudiciales, -o simples placebos- que no solucionan, pero entretienen. Si de entretener va la cosa, ¡entretengámonos!, me digo con amarga ironía, aunque no con decirse las cosas, las cosas cambian… ¡ahí quedan!. Por desgracia, para nadie, nunca la vida es tal como la llegáramos a pensar.

  

Con este comentario cierro el Quinquenio 1.999-00/03-2.004

  

 

Rafael Parejo Herrera

  

Almería, 21 de julio de 2.004


Comentarios adicionales:


Dejemos de llamarnos colegios, llamémonos academias, liceos, o simplemente escuelas, porque la colegialidad no existe; poco va quedando ya colegiado, la dirección tras su reciente Decreto de 15 de junio de 2.004 y Orden de 18, que regula su selección y ejercicio, tiende a ejercerse como un exclusivo puesto unipersonal, cosa que tiene sus grandes ventajas y sus también grandes inconvenientes –volvemos al selectivo cuerpo de directores, como ya existe el de inspectores,…- caminamos hacia formulas individualizadas. Olvidémonos de las fantasías de una sociedad comprometida por los demás, viva el individualismo (y el compadreísmo) vuelven a aflorar las hondas raíces de lo provinciano “yo a tí y tú a mí/hoy por mí-mañana por ti”, prevalencia de las leyes del clan, o de la horda, ni siquiera la tribu. La particularidad, la exclusividad, la especificidad se sobreponen a la normalización, y la colegialidad, para tapar de alguna manera la desigualdad y disparidad de trato, la justificación social que al ser/comportarse diferente, debe legitimarse un trato diferente. Y cuando el principio terapéutico es su inserción social basada en su aproximación a nuestros modos de ser y comportarnos el resto de la sociedad, ahora tendemos a crear  sociedades apartes adaptadas/aclimatadas a su estilo idiosincrásico… ¿se salvan los derechos constitucionales de los denominados beneficiarios y prestatarios?. Si es así, vale.

Pero mas bien el cúmulo de cosas, no guiadas por principios sino por tendencias de opinión (opinión no ilustrada), y demostrada nuestra INCAPACIDAD profesional para coordinarnos y generar formulas de producciones cooperativas, nuestro gobierno autonómico se decanta por concursos, proyectos,… que unos pocos arrancan con tremendo esfuerzo y que la gran mayoría desatenderá… “la buena fe se nos ha terminado”, ¡sobreviva el que pueda!.

Cuando éramos pequeños, podíamos soñar con ser policías, médicos, militar o torero, incluso cura, misionero o astronauta. Luego terminamos siendo tendero, panadero, albañil… ¿a dónde queríamos llegar y hasta donde alcanzamos? Otros casi sin proponérselo, pero con capacidad, control, y motivación de logro, resuelven los algoritmos de la vida, transformando vetas sociales y existenciales en fuentes de resolución de nuestras necesidades… de esta sociedad cuya convivencia demanda más variedad y mejores y cómodas satisfacciones. Hoy la cultura del ocio y del divertimento moviliza demandas y aspiraciones/ambiciones, queriéndose cantante, modelo o deportista, o empresario lince…de cualquier mercancía.

La escuela. Antes a la escuela se la creía ser el peldaño para el acceso al cumplimiento de aquellas aspiraciones…hoy de nuestra escuela quizás la educación física o la música pudieran valer… las otras “asignaturas” que requieren concentración mental se vuelven “instrumentos de tortura” quiero aquí recordar que cierto pedagogo, pasó de los trivium y cuatrivium de la época y educó/condujo las demandas de los alumnos por la vía cauce de la denominada formación profesional, desarrollando la pragmática de las necesidades a satisfacer por parte de esta sociedad. Educare es conducire, pero ¿a dónde vamos? ¿Quo vadis homine?

 

                                                                       21 de julio de 2004 (21-7-26)


[1] Tomamos la referencia de la promulgación de las leyes andaluzas de Solidaridad en la Educación y de Atención a las Personas con Discapacidad.

[2] Parejo Herrera, R. y Colab.- Editorial “CEIP Lope de Vega”. Almería, 2.003

 

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