Licenciado en Psicología, ejerce en aula específica de Instituto de Educación Secundaria. Profesional preocupado, denuncia y deja constancia escrita de sus vivencias, opiniones y criterios.

 

 

 

La  EDUCACIÓN ESPECIAL  ¿Ignorada  o  ignota?

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Rafael Parejo Herrera

 

 

Nuestra Educación Especial, por muchos eufemismos y declaraciones académicas, políticos-sindicales que se ventilan, no deja de ser prisionera de la misma animadversión y susceptibilidad que suscitan los sujetos a los que dice asistir.

No se si es ¿ignorada o ignota?. El hecho constatable es que cuantos nos acercamos a ella no conseguimos consenso y concordia, sino antes bien, discordia e incomodidad, pero ante todo: desconcierto.

Desconcierto porque no concertamos estrategias comunes. Es un sector de población que requiere organización. Precisamente sus demandas a satisfacer son tan diferenciadas y distantes que no admiten una cierta homogeneidad; una cierta protocolización, porque los propios sujetos se muestran tan indómitos, tan “indisciplinados” que se resisten a someterse a los moldes sociales que los ciudadanos ordinarios, pero mayoritarios, tienden a imponer.

En las escuelas vuelven a reproducirse esa dificultad de acoplar la respuesta que se pretende gestar. Por mas directrices y esquemas de intervención que se prodigan, al final la operatividad se agua. Y sobretodo surge en el entorno un “inconsciente” recelo, mitad distancia mitad ignorancia.

Y es esta ignorancia, en parte voluntaria, de no querer saber de esa cara de la realidad social, la que nos hace cómplice de la perpetuación de una injusticia natural. Luego cátaramente nos buscamos nuestras drogas, distrayendo nuestra responsabilidad, con consignas de salvar al planeta o la muerte por el tabaco. ¡Qué le importa al explotado, al ignorado, o al “quemado”, si se han talado cuatro arboles más, o la contaminación ambiental...!

Jugaré con las palabras. Por “ignota” traduzco lo no conocido porque de ello aún no tenemos ni percepción y por tanto no hemos tenido la oportunidad de acceder a sus significados. En cambio, la ignorancia arrastra esa actitud de dejadez, esa voluntad de negar la «gnosis». Es el residuo de la oportunidad, que por alguna razón, se dejó pasar. ¿Cuándo se transforma la dejadez en incompetencia e impericia?, ¿Cuándo el no aprovechar los recursos, y a través de estos, elaborar un soporte para mejorar y superar esas ocasiones que se nos dio y sigue dando?

La educación es una inversión de futuro, “como un plan de pensiones”, hemos de prever las herramientas mas eficientes con las que ha de disponerse al menos con diez años de antelación[*R.P.H.1] . Es por tanto un proyecto y nuestras cabezas, ahora quieren predecir y para anticipar situaciones de aprendizaje las tiene que “fabricar” previamente. El sistema educativo se basa en esta estrategia: anticipa una situación real, luego la elabora imaginariamente, la analiza, la descompone y la recompone con una secuencia progresiva para culminar en una reorganización orgánica símil de la realidad. En Psicología se habla de “modelos análogos” y los resultados psicométricos deben cumplir fiabilidad y validez. En la Educación, las pruebas las aporta la Evaluación y con ellas levantamos las estrategias para promover la instrucción y el aprendizaje.

Parece que la Educación Especial es sinónimo de complicación, y la complicación es sinónimo de incomodidad que origina un mirar para otro lado. Y una acritud de sentimientos también. Y es que, ¿para qué hacer las cosas torcidas si luego las hemos de rehacer conforme a lo que está establecido?. Vengo aquí a recordar el refrán que he aprendido de mi madre: “no dejes camino para coger vereda”. Aunque de primeras el camino sea incómodo.

Desde el 1985, año del Decreto 334 que comenzó a desarrollar la L.I.S.M[1]. del 82, han transcurrido sobradamente 18 años y la situación sigue, desde mi óptica personal, igual que entonces. ¿Quién es el gato y quién el ratón?; un juego que nunca acaba.

Quiso utilizarse a los Maestros de “Educación Especial” para ejecutar la integración, por aquello de la Pedagogía Terapéutica. Pero el tiempo no ha dejado claro su eficiencia. No parece que fueran la herramienta acertada para desarrollar la Integración. En aquellos momentos los Maestros de Especial eran considerados unos privilegiados porque lograban quedarse en Centros, en o cercanos a la capital de cualquier Provincia. Eran Maestros Generalistas que accedían a los cursos a partir de los cuales adquirían la Habilitación. Los Maestros Generalistas no veían con buenos ojos estas maniobras. Por otra parte la incorporación de alumnos con estigmas físicos y sensoriales o simplemente torpes, complicaban los esquemas de orden y trabajo en silencio de las aulas, haciéndoseles aparecer como alumnos difíciles. Terminaron, cernidos por el peso de las mayorías, desplazados a espacios residuales, haciendo su labor de “pedagogía especial” y no como labor integradora. Relegados a trabajar los sectores curriculares deprivados para nivelar su asimilación e interiorización. Los Maestros de E.E. hicieron lo que sabían hacer; hicieron fuera lo que hacían dentro (Centros Específicos). Y la ecuación a resolver no es simple. Puede que el “factor humano” falle, pero también es parte de la causa, la “materia” en sí.

Podemos ahora decir, sin disponer de las pertinentes pruebas biológicas, que la E.E. es hija de Sísifo y de Tántalo, así anda cada día remontando su carga hasta un proyecto imposible, exponiendo sus mismas entrañas; y es por ello de esperar, que también muestre la visceralidad de las emociones que moviliza en las personas que viven “en o junto” la discapacidad o el trastorno. Es por tanto una educación aislada, que no termina por/de integrarse, lleva una especie de grasa que la impermeabiliza impidiendo la osmosis necesaria. En su lugar se “chapapotea” en una condena sin remisión ni redención. E incluso por parte de algunos responsables de la administración se filtran valoraciones de “deja ese puesto, eso no hay quien lo aguante mucho tiempo; al que le toca, apechuga como pueda y en cuanto vea la ocasión, pega el salto”. En otros se revuelven sentimientos conmisericordes y de resignación. Es una “educación de 2ª categoría”, diferente, especial, paralímpica, que nunca olímpica.

Al final venimos a desembocar en un ESTADO DE EXCEPCIÓN, donde el currículo “especial” ya nada tiene que ver con el de sus compañeros, recibirán tratamientos “especiales”, por maestros “especiales” con normas eufemísticamente “extraordinarias”... y lo mas peligroso de todo no es la “suspensión temporal de la normalidad ciudadana” sino la cronicidad y el enquistamiento. Un camino divergente que no se cruzará nunca más con sus iguales.

Y todavía nos podemos preguntar: si los profesionales que estamos prestando servicios en estos puestos terminamos huyendo de estos penales, o desmoralizado no ofrecemos resistencia a las tareas del día a día, ¿quién quedará asistiendo y garantizando aquellos discursos tan bien redactados que quedan en leyes y decretos?

Octubre de 2.004


[1] Ley de Integración Social del Minusválido


 [*R.P.H.1] en cuanto que el alumno empieza su E.Primaria con 6 años y con 16 su edad laboral mas temprana


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