FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

ACTIVIDAD UNIVERSITARIA DE FRANCISCO DE ARAUJO EN LOS CLAUSTROS SALMANTINOS - I

Por el Dr. Ramón Hernández, O. P.


 

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         A la memoria del teólogo Francisco de Araújo dedicamos al comenzar el curso 1964-1965 la lección inaugural en la Facultad de Teología de San Esteban de Salamanca. Era el tercer centenario de su muerte.

 

        

Murió Francisco de Araújo en Madrid en el convento del Rosario en la festividad de San José, 19 de marzo, de 1664[1]. La fecha está testimoniada por dos autores contemporáneos, los PP. Jacinto de Parra y Juan de Araya. Fue el primero hijo del convento de Santo Tomás de Madrid, donde hizo la profesión religiosa el10 de agosto de 1635[2] y en el que fue prior en 1667, tres años después de muerto nuestro biografiado. De su Catalogus auctorum nostrorum hicieron uso Altamira y Quetif para fijar los datos biográficos de nuestros escritores[3]. El P. Juan de Araya escribe su Historia del convento de San Esteban de Salamanca a fines del siglo XVII y es un testigo presencial del traslado de los restos del Maestro Araújo desde Madrid a la ciudad del Tormes a los cinco años de la muerte.

         “Dilatóse esta traslación –cuenta el P. Araya- hasta cinco años después de haberle nuestro Señor sacado de este mundo y llevádole para sí, y entonces, tratando de traerle, abrieron el ataúd y hallaron que estaba el cuerpo entero. No quisieron publicar esto en Madrid por no hacer ruido, ni aún quisieron mirarle despacio para cerciorarse bien del suceso. Sólo vinieron a Salamanca con esta noticia y el prior que entonces era, por justas causas que para esto le movieron, dejó pasar algunos días sin permitir que el cuerpo se descubriese, ni le viese nadie, hasta que un día delante de algunos religiosos graves hizo desclavar el ataúd y hallaron que estaba todo el cuerpo tan entero como cuando estaba vivo y tan tratable como si no fuera cadáver, porque los brazos, pies y manos se dejaban doblar del mismo modo que pudieran, si estuviera dormido, y no habiéndose abierto ni embalsamado, estaban sin corrupción ni mal olor alguno…

         Pasados algunos días, cuando hubieron de subir al coro para ponerle en el sitio donde ahora descansa, abrieron otra vez el ataúd y hallaron que estaba del mesmo modo, sin nuevo accidente de mal olor ni corrupción alguna, y entonces le manifestaron a todo el convento, y yo le vi todo entero como queda dicho”[4].

         Los restos mortales del Maestro Francisco de Araújo fueron colocados donde descansan actualmente, es decir, encima de la puerta de la sacristía del coro, cuya sillería, obra de Alfonso Balbás, él costeara, siendo obispo de Segovia[5].

 

I.- CAMINO  DE  LA  CÁTEDRA

 

         Saltando por los datos más salientes de su vida, antes de llegar al período del que nos hemos propuesto hacer relación, nace Francisco de Araújo en Verín, partido judicial de la provincia de Orense, en el año 1580. Los libros de bautismo de Verín no llegan hasta esas calendas. La inscripción sepulcral, contemporánea del traslado de sus restos a Salamanca, dice: “plusquam 80 annorum… Matriti occubuit”[6].

         En el colofón del primer tomo de su comentario a la metafísica de Aristóteles dice Araújo que acabó su obra en el día de San Juan Bautista, 24 de junio, del 1615, a la edad de 35 años[7], y uno de los historiadores del convento dominicano de San Esteban de Salamanca, el padre Esteban de Mora, de buen sentido crítico y cuya obra en seis volúmenes infolios, de más de mil páginas cada uno, permanece todavía inédita, asegura casi un siglo más tarde que a su muerte contaba Araújo 84 años[8].

         De su nacimiento en Verín da asimismo testimonio el propio Araújo en el citado volumen de su comentario a la metafísica de Aristóteles, escrito poco antes de venir a Salamanca a sustituir a Pedro de Herrera en la cátedra de Prima de Teología en la universidad, al decir, después del enunciado del contenido: autore Fratre Francisco de Araujo, Dominicano, Verinensi[9].

         El mencionado Padre Araya, que presenció la traslación de los restos, ha extraído los datos sobre la procedencia de Araújo del antiguo Libro de Profesiones, que dice ser originario de Verín y que sus padres fueron los ricos y nobles señores Juan Hidalgo y Francisca de Chaves y Araújo, dueños de la mayor parte de aquellos contornos[10]. Finalmente como natural de Verín figura en los libros de bachilleramientos en la facultad de artes, y de matrículas en la facutad de teología de la universidad salmantina[11].

         De su amor al terruño – Galicia- queda constancia en varias de sus obras, dedicadas a grandes personalidades gallegas de su tiempo, como al dominico Antonio de Sotomayor, confesor de Felipe IV, Inquisidor General y arzobispo de Damasco[12]; al Cardenal Arzobispo de Toledo Don Baltasar de Moscoso De Sandoval[13], y al Arzobispo de Burgos Don Fernando de Andrada y Mendoza[14], a quienes como título que justifica la dedicatoria –entre otros- el ser oriundos de Galicia, su misma tierra: “illius Provinciae fausta proles quae me genuit ut sic Patriae amantissimae debitum pietatis cultum in te impenderem… Huic igitur, tam excelsae Patriae, quam coeli praedicant; tam praeclara, quam stellae indicant; quo pacto debitum pietatis officium potuissem exhibere, nisi tibi eiusdem inclytae proli hoc opus consecrando?[15].

         Su vocación dominicana la recibe siendo estudiante en Salamanca, como tantos jóvenes de familias acomodadas, que enviaban a estudiar a sus hijos a la más célebre de las universidades españolas[16]. Ya era bachiller en artes y había cursado tres años de teología, cuando ingresó en el convento de San Esteban. Recibió el bachillerato en artes  (o filosofía -reza el registro- “por suficiencia”[17], frase contraria  en el protocolo académico a esta otra “por cursos”, para distinguir –conforme a la constitución XIX de la Universidad- a los que habían hecho sus estudios en otros centros de quienes los habían efectuado en la facultad universitaria salmantina[18]. Tuvo lugar el acto a las diez de la mañana del 22 de diciembre de 1597.

         Inmediatamente, ya inscrito en el libro de matrículas con el título de Bachiller Artista, daba comienzo al estudio de la teología. Había encontrado su vocación. Durante más de treinta años iba a dedicarse a su enseñanza dentro de la Orden de Predicadores y allí mismo donde ahora figuraba como alumno. En la facultad de teología campeaban sin discusión los dominicos. Eran sus profesores en aquellos años: Domingo Báñez, Pedro de Herrera y Pedro de Ledesma, tres nombres inmortalizados por la historia, y que predicaban con su prestigio antes los jóvenes estudiantes que la teología era por entonces patrimonio de los dominicos.

         Dominaba sobre todo la personalidad relevante de Domingo Báñez en la cumbre de su carrera de éxitos, verdadero eje de aquel centro universitario. Araújo deseó enfrascarse de lleno en la ciencia teológica, que había venido a estudiar a Salamanca, y su ardor juvenil rehizo comprender que, para conquistar la sabiduría de Dios era imprescindible hacerse dominico. Y llamó a las puertas del convento dominicano de San Esteban.

         Tomó el hábito el 4 de marzo del año 1600 e hizo la profesión religiosa e 5 de marzo del a601, unos días más tarde que Pedro de Tapia[19], su colega estudios, que  regentará la cátedra de Prima de Teología en la universidad de Alcalá y que será como él, y unos años antes que él, obispo de Segovia, siéndolo luego de Sigüenza y finalmente de Córdoba[20].

         Otro dominico, hijo del mismo convento y condiscípulo de ambos en la universidad salmantina, es Félix de Guzmán, que hizo la profesión cuatro años antes y que compartió con Araújo el ministerio docente en dicho centro universitario entre 1625 y 1638, regentando la cátedra de Vísperas de Teología y ocupará, al dejar ésta, la sede de Orihuela. Los tres dominicos, Félix de Guzmán, Pedro de Tapia y Francisco de Araújo, aparecen por vez primera juntos en el Registro de Matrículas de la universidad del año académico 1604-1605[21].

         Lástima que se hayan perdido los tres libros anteriores a esa fecha, tan útiles siempre al investigador para seguir cada uno de los pasos de los héroes de su historia. En el curso indicado eran justamente 196 los dominicos de San Esteban matriculados en la universidad de Salamanca, aparte los profesores Fr. Pedro de Herrera y Fr. Pedro de Ledesma. 145 lo estaban en la Facultad de Teología y 51 en la de Artes.

         El capítulo provincial de 1607, celebrado en el convento de San Pablo de Palencia pedía suma cautela a los priores en la admisión de los postulantes al hábito “quia vehementer dolemus in nostris miserabilibus temporibus illud Isaiae vaticinium in nostra familia impletum: multiplicasti gentes, sed non magnificasti litteram”[22]. El afán reformista, que debe presidir este género de asambleas obligaba a los Padres a este lamento, pero, si extendemos sinceramente nuestra mirada tanto sobre el panorama intelectual como sobre el puramente apostólico de la primera cincuentena de la décimo sexta centuria, no podemos menos de sentirnos orgullosos de la amplísima labor desplegada por nuestros antecesores. Solamente en el mundo universitario, además de los tres indicados, los nombres de Pedro de Herrera, Pedro de Ledesma, Diego Girón, Francisco de Aragón, Pedro de Godoy, González de Albeada, Antonio de Sotomayor, Rafael de la Torre, Diego Álvarez, Tomás de Lemos, Juan de Santo Tomás, etc. son un testimonio irrecusable de grandeza a favor de la teología dominicana, que continuaba brillando en su cenit, a pesar de las notas de decadencia, que se aprecian ya en el ambiente intelectual de España.

         Terminados sus cursos universitarios en 1604 y constituido inmediatamente en Lector por la Orden, Francisco de Araújo se hallaba capacitado para desplegar una actividad docente grandemente esperanzadora[23]. El elegante polígrafo dominico extremeño del primer tercio del siglo XVII, el P. Fr. Alonso Fernández, que escribía su Historia del insigne convento de San Esteban de Salamanca de la Orden de Predicadores, conforme a su propio testimonio, de 1616 a 1630[24], testigo cualificado para hablar con solvencia sobre este primer período de la vida de nuestro maestro, nos dice que, antes de ocupar la cátedra de substitución de Prima de la universidad del Tormes, fue maestro de estudiantes en dicho convento y Lector de Teología en Burgos y en Ávila[25].

         Si ahora tenemos en cuenta lo ordenado en el capítulo provincial de 1607 para los maestros de estudiantes, “nullus possit in magistrum studentium institui, nisi prius cursum artium integrum legerit”[26], que nos obliga a pensar en una enseñanza de tres años de artes por Araújo antes de ser maestro de estudiantes, la cronología de nuestro teólogo, no parece encontrar dificultades. Ningún testimonio empero más elocuente a este propósito que el del mismo Araújo, que en la dedicatoria que hace “al Colegio Salmantino de San Esteban Protomártir” de su primer tomo de su comentario a la metafísica de Aristóteles dice que le fue investida la “praefectura totius studii” terminados sus estudios en teología y “officio lectoratus necdum pene absoluto”[27].

         No fueron por consiguiente necesarios para Araújo los tres años completos de enseñanza para ascender al cargo de maestro de estudiantes. Fr. Francisco de Araújo no se contenta con llegar a tiempo; se adelanta siempre. Le observamos, durante su carrera, silencioso, cumplidor exacto de sus deberes de estudio, especial objeto de las miradas de los superiores, que no dudan en preferirle a sus condiscípulos para los más significados puestos, que dicen relación con la enseñanza.

       En su cargo de maestro de estudiantes permanece Araújo hasta el mes de agosto de 1615, pues en la partida de gastos del convento, según referencia de Esteban de Mora, se lee en dicha fecha lo siguiente: “este día, que es el veinte de agosto de 1615, cien reales del vestuario al P. Fr. Francisco de Araújo, maestro de estudiantes de esta casa, quando fue a Burgos por lector de Teología: diósele en dinero, porque estaba ausente”[28].

         De unos días antes, del 16 de agosto de 1615, data la aprobación dada por los PP. Girón y Cerro desde el Real Conventote Santa Cruz de Segovia al primer tomo de sus comentarios a la metafísica de Aristóteles, y consideraban ya a Araújo lector de Teología en el convento de San Pablo de Burgos. Aquí su lectorado duró escasamente un año, [29]pues la licencia del P. Provincial fr. Antonio de Sotomayor, para la publicación de la citada obra está concedida el 27 de julio de 1616 en el convento de Santo Tomás de Madrid, y llama a Araújo lector en el convento de Santo Tomás el Real de Ávila. Es aquí donde se gradúa de doctor o maestro en Sagrada Teología. En efecto, al recibir de nuevo este grado por la universidad de Salamanca, se hace constar esto: “por un título de magisterio que presentó, irmado de Antonio secretario della (es decir, de la universidad de Ávila), por el qual título constó haber recibido el dicho grado de Maestro en Teología por la dicha universidad de Santo Tomás de la Orden de Santo Domingo de Ávila a postrero de octubre de mill y seiscientos y dieciséis”[29].

         Más breve que la de Burgos fue su permanencia en Ávila, pues a principios del año siguiente lo encontramos de nuevo en Salamanca, para adquirir los grados en teología de dicha universidad, y prepararse de esta forma para suplir a Fr. Pedro de Herrera, que comenzaba a pensar en su jubilación. Los grados de bachilleramiento, licencia y doctorado o magisterio en teología por la universidad de Salamanca le fueron concedidos en los días 9 de enero, 3 de febrero y 28 de julios respectivamente del año 1617[30]

         Las dos primeras actuaciones de Francisco de Araújo en los claustros salmantinos –una vez hecha su incorporación, como maestro, a la universidad- datan del 19 y del 21 de agosto de 1617. La primera es en torno al  misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y la segunda es a propósito de la jubilación de su maestro, Pedro de Herrera. Comenzamos por esta segunda, ya que la anterior se continúa en sucesivas reuniones, y encuentra su lugar adecuado en la segunda parte de nuestro estudio, como problema candente, cuando Araújo ocupó la cátedra.

         El vicerrector de la universidad, Sr. D. Francisco de Figueroa y Dávalos, había convocado para ese día 21 de agosto, a las cinco de la tarde, “en la cuadra alta de escuelas mayores” al pleno de profesores para tratar, entre otros problemas, la jubilación del Maestro Herrera. Leída la cédula de convocación, en que se expresaban los conceptos a ventilar en la asamblea, el maestrescuela notificó la recepción de una carta del secretario de su Majestad, referente a la jubilación pedida en la Corte por el P. Maestro fr. Pedro de Herrera. Se habla en ella de los servicios prestados durante los veinticuatro años de docencia en la universidad, del prestigio con que había mantenido su cátedra, “siendo sus concurrentes y competidores de los más doctos de nuestro siglo”, y finalmente de los muchos años, de la falta de fuerzas, de la necesidad de tiempo para “limar algunos papeles” para su publicación.

         Estas razones habían sido expuestas por Herrera a su Majestad para obtener la jubilación “con todas las gracias, privilegios y exempciones que suelen tener y tienen los catedráticos legítimamente jubilados en esa universidad”. El Consejo de Cámara había juzgado oportuna la consulta a la universidad antes de decidir sobre el caso. Estaba fechada la carta en Madrid el 29 de julio de 1617.

         Herrera confirmó de palabra ante la asamblea universitaria las razones alegadas ala Corte para solicitar la jubilación, y añadió tener “otras causas de enfermedades y corrimientos, y los achaques que tiene son verdaderos y se halla imposibilitado de poder leer su cátedra de Prima de Teología… y de que su Majestad le aya por jubilado no ay incombeniente, y en su lugar su Orden pondrá otra persona a satisfacción. Supplica a la universidad le haga la merced que obiere lugar, lo qual dexa en sus manos. Con lo qual salió del Claustro”[31].

         Pedro de Herrera había hecho una alusión implícita, elogiosa, sobre Francisco de Araújo, el designado ya por los superiores para substituirle, al declarar que su Orden “pondrá otra persona a satisfacción”. Pero, vamos a verlo, sus dos fieles discípulos y mejores admiradores –Araújo y Girón- serán los que más se opongan a la definitiva retirada de las aulas; para elos su presencia era muy necesaria, aunque tuviera que usar de suplente.

         La discusión empezó con el veto del maestrescuela para los dos dominicos, que, como parte interesada en el asunto, no debieran de hallarse presentes según la legislación universitaria. Girón y Araújo, que miraban la cuestión como algo de carácter personal y no como algo en que entraran en juego los intereses de la Orden o de su comunidad, se negaron a reconocer que la materia en discusión les afectara y que por consiguiente tuvieran que salirse del claustro. Y fue esta cuestión previa la primera en ser sometida al escrutinio, es decir, si el presente negocio afectaba a los dos citados maestros y para ello hubieron de salir momentáneamente de la asamblea. Se ausentó asimismo el maestro fr. Ángel Manrique, no sin antes haber manifestado su parecer de que “no les toca y se dé por jubilado al Maestro Herrera”.

         “E luego por mandato de la universidad se dieron agallos blancos y negros para aver de votar secretamente sobre si les toca a los dichos maestros fr. Diego Girón y fr. Francisco de Arauxo, declarándose como se declaró que el agallo blanco en la bolsa blanca significa que no les toca el dicho negocio y el agallo negro en la bolsa blanca que les toca, y, abiendo votado, descubiertos los agallos de bolsa blanca en presencia de los dichos señores sobre el arcamesa del dicho claustro, constó aver veinte y tres agallos negros y doce agallos blancos, conforme a lo qual la universidad acordó que a los dichos maestros fr. Diego Xirón y fr. Francisco de Arauxo les toca el dicho negocio por ser religiosos de la dicha Orden de Sancto Domingo y como tales no deben estar presentes en el dicho Claustro”.

         Al llamar de nuevo a los dos dominicos, éstos protestaron del acuerdo diciendo que “apelan y piden testimonio y que pueden votar y deben votar”. Fue el segundo punto que se sometió a la deliberación secreta: si los dominicos, antes de ausentarse en conformidad al primer sufragio, “han de votar o no en el dicho negocio”. Repetida la operación ya indicada, “constó aver veinte y tres agallos blancos y trece negros, conforme a lo qual la universidad acordó que los dichos padres maestros pueden y deben votar en el dicho negocio y salgan del claustro”.

         Los dos dominicos invocaban en su voto la legislación universitaria que impedía la jubilación, si el catedrático no llevaba veinte años enseñando en propiedad[32]. Habiendo comenzado a regentar la cátedra de prima en 1604, todavía le faltaban seis años, a pesar de venir enseñando en la universidad de 1596, en que ganó la cátedra de Escoto, sustituir en 1601 a Domingo Bañez, al ser éste jubilado, y haber comenzado en 1604 la enseñanza en la Sagrada Escritura, antes de tomar posesión de la de prima de teología[33].

         El voto definitivo de los dominicos fue como sigue:

         “e luego lod dichos padres maestros Girón y fr. de Araúxo dixeron ser de voto y parecer se informe a su Majestad del estilo que se tiene y no poder jubilar y que por enfermedad se le puede dar lugar a que lea por substituto, excusándole de lectura de su cátedra, con lo qual se salieron del dicho claustro”.

         Tras su modo de pensar arrastraron a algunos de los asistentes, pero la mayoría reconoció los derechos de Herrera a su jubilación.

         “e luego la dicha universidad acordó que se vote secreto sobre si es inconveniente que su Magestad haga merced de dar al dicho Padre Maestro fr. Pedro de Herrera, atteto los muchos años que ha leído y las razones que por su parte se han representado a su Majestad y a la universidad, para cuyo efecto se dieron agallos blancos y negros, y se declaró quel agallo blanco en la volsa blanca significa que no ay inconveniente en que su Majestad de por jubilado al dicho padre maestro Herrera por las dichas razones, y el agallo negro en la volsa blanca, que no se debe dar por jubilado, y, aviéndose votado secretamente, llegando al voto del doctor Marcos Díez, dixo no querer votar en secreto y dixo lo mismo que tiene dicho y de su voto pidió testimonio, y abiendo acabado de votar, descubiertos los agallos de la volsa blanca constó y pareció aver veinte y nueve agallos blancos y seis agallos negros, conforme a lo qual elacuerdo de la universidad fue ques combeniente que su Majestad haga meced de dar por jubilado al padre maestro Herrera, attento los muchos años que ha leydo y las razones que por su parte se an representado a su Magestad y a la universidad.

         “Y para efecto de escribir la carta para ello necesaria el señor Vicerrector nombró al Padre Maestro fr. Juan Márquez, cuyo nombramiento fue aprobado por la universidad. Con lo qual se acabó este claustro, y lo firmó elseñor Vicerrector, de que doy fee yo, Antonio Ruano, Secretario”.

         La cédula real de jubilación era leída en el claustro de diputados y consiliarios el 17 de noviembre de 1617 y estaba fechada en Ventosilla a 18 de octubre, en la fiesta de San Lucas, cuando se iniciaba el año escolar en la universidad[34]. La provisión de la cátedra en Francisco de Araújo fue inmediata. Así consta en el Lbro de Provisiones de Cáthedras de la universidad:

         “Proveyóse la cáthedra de substitución de Prima de teología por jubilación del Maestro fr. Pedro de Herrera dominico por cédula de su Magestad y nombramiento del Provincial de la Orden de Santo Domingo en el maestro fr. Francisco de Araúxo de la misma Orden a 17 de noviembre de 1617. Tomó la posesión el  mismo día”[35].

         Una semana más tarde, a saber, el 24 de noviembre se matriculaba Araújo en la universidad salmantina como catedrático de substitución de Prima de Teología por el maestro Herrera[36], y daba comienzo a sus clases con el tratado sobre la fe[37].

Continua

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*  Dos siglas para dos fuentes, que citamos con frecuencia: AUS = Archivo de la Univesidad de Salamanca; HH. San Esteban = Historiadores del convento de San Esteban de Salamanca, publicados por el P. Fr. Justo Cuervo, O.P., 3 vols., Imprenta Católica Salmanticense, Salamanca 1914 – 1915. Publiqué estos estudios sobre el filósofo y teólogo dominico Francisco de Araújo en la revista del centro  teológico dominicano de San Esteban de Salamanca “La Ciencia Tomista”, volumen 92 (1965) págs. 203-271.

[1]  De su permanencia en Madrid, después de abandonar el obispado de Segovia y no querer aceptar la oferta del de Cartagena, en el convento del Rosario, sito en la calle ancha de San Bernardo, haciendo esquinaron la de Flor Baja, como también de su muerte en el mismo, hablan Juan Censor y Esteban de Mora. La obra del primero se halla publicada en  HH. San Esteban III, págs. 529-625; dedica a Francisco de Araújo las págis. 611 y 612. Habla sobre el particular el segundo en su magna obra manuscrita, conservada en el Inst. Hist. de San Esteban de Salamanca Historia Annalistica de el convento de San Esteban de Salamanca VI, Apéndice, pág. 136.

[2]  J. Quetif – J. Echard, Scriptores Ordinis Praedicatorum… t. II, Lutetiae Parisiorum, 1721, pág. 701b.

[3]  Ib., pág. 702a.

[4]  HH. San Esteban I, pág. 591. Añade el P. Araya que fueron llamados algunos médicos que no acertaron a dar una explicación natural del suceso. “De aquí yo no infiero –continúa- que sea milagro, lo uno porque esto no me toca juzgarlos ni determinarlo, y lo otro, porque no comprenden todos los secretos de la naturareza, como los pueden comprender los ángeles” (pág. 592).

[5]  HH. San Esteban III, págs. 633-634.

[6]  La inscripción íntegra, estampada en su sepulcro, reza lo que sigue: “

    “Vir inclitus et in Hispania suo saeculo unus Illustrissimus et Reverendissimus Dominus Dominus Frater Franciscus / de Araujo fere per 30 annos Salmanticae Primariae Cathedrae egregius moderator, / episcopatus Segoviensis et Carthagenensis infulis decoratus, qui et primi regimine et utriusque / abdicatione insignis, plusquam 80 annorum gravi succumbens oneri Matriti occubuit, hic quiscit / tubae strepitum  et sui extremam immutationem expectans”.

[7]  Dice el colofón de la citada obra: “Die Beatissimi Praecursoris, quae sicut universo mundo attulit gaudium, ita et nobis materiam praebuit laetitiae 24 junii anni 1615, aetatis vero propriae 35” (Commentariorum in universam Aristotelis Metaphysicam, Tomus Primus, quinque libros complectens, autore Fratre Francisco de  Araujo, Dominicano Verinensi, Burgis et Salmanticae 1617, pág. 850).

[8] Esteban de Mora, Historia Annalistica de el Convento de San Esteban de Salamanca VI, Apéndice, pág. 136.

[9]  El título completo de la obra aparece en la nota 7.

[10]  HH. San Esteban I, págs. 581-582. En la pág. 777 nos ofrece el dato de su profesión y origen, y, después de un extracto del antiguo libro de profesiones, añade: “hasta este año de 1602  llega ellibro antiguo de las profesiones, de donde consta todolo que aquí va escrito”. En la presentación para la licenciatura en la universidad de Salamanca la testificación jurada de fray Pedro de Baneda y de fray Juan de Texada dice ser “hijo de Domingo Hidalgo y Fancisca de Arauxo, su mujer legítima (AUS 782, Libro de Doctoramientos, Magisterios y Licenciamientos, fol. 21v).

[11]  AUS 742, Libro de Bachilleramientos, fol. 220v: “En Salamanca este día mes e año dichos [22 de diciembre de 1597] el dicho maestro canónigo Francisco Sánchez, a la dicha hora [diez de la mañana] dio y concedió el grado de bachiller en artes por sufficiencia al dicho Francisco de Araúxo” AUS 307, Registro de Matrículas, fol. 126v: “Francisco de Araúxo, natural de Verín, diócesis de Orense, Bachiller Artista, 1º Año”. Igualmente en AUS 308, fol. 121v, y AUS 309, fol. 122v.

[12] De Fide, Spe et Charitate, in Secundam Secundae Angelici Doctoris Commentarius, Salmanticae, apud Sanctum Stephanum Ordinis Praedicatorum, anno 1635.

[13]  Fratris Francisci de Arauxo Ordinis Praedicatorum, In Primam Partem Divi Thomae Commentarii, Tomus Primus, Matriti 1647..

[14]  Fratris Francisci de Arauxo, Sacrae Theologiae Magistri, ex  Ordine Praedicatorum, In Tertiam Parttem Divi Thomae Commentarii, Salmanticae 1636.

[15]  Parte de la dedicatoria de la obra citada en la nota precedente.

[16]  Ya le hemos visto matriculado en la universidad de Salamanca antes de hacerse dominico. Cf. AUS 307, 308 y 309, citados en la nota 11.

[17]  AUS 742, fol. 220v.

[18]  Constituciones Apostólicas y Estatutos de la muy insigne universidad de Salamanca. Recopilados nuevamente por su comisión, Salamanca 1625, pág. 32.

[19]  El P. Juan de Araya en el extracto que nos hace del libro antiguo de profesiones coloca la profesiónde Pedro de Tapia en el 28 de febrero de 1601 (HH. San Esteban I, pág. 777).

[20]  Sobre Pedro de Tapia, además de HH. San Esteban, pueden consultarse: la obra de Fr. Antonio de Lorea, O. P., El siervo de Dios, ilustrtisimo y reverendísimo Señor D. Fr. Pedro de Tapia, de la Orden de Predicadores, obispo de Segovia, Sigüenza, Córdoba, y arzobispo de Sevilla, Madrid 1676, y os artículos de Francisco Trapiello, arcediano de Palencia, Fray Pedro de Tapia y su tiempo (158?-1657), en “La Ciencia Tomista” 6 (sept. 1912-febr. 1913) págs. 396-408; 7 (marzo-agosto 1913) págs. 228-252; 8 (sept. 1913-febr.1914) págs. 28-47.

[21]  AUS 310, fol. 12v.

[22]  Citamos por la edición primitiva, sin fecha ni lugar de impresión, fol. 8v. En la edición preparada por el P.Fr. Luis G. Alonso-Getino, Actas de los Capítulos Provinciales, de 1611 a 1619, cambia la lectura del texto de Isaías por la ordinaria de la Vulgata (Is 9,3): multiplicasti gentes, sed non magnificasti laetitiam.

[23]  A falta del Libro de Matrículas, desaparecido,del curso 1603-1604, el Libro de Doctoramientos nos proporciona cumplidamente la noticia que necesitamos, al decirnos que acabó los cursos Araújo en 1604 (AUS 782, fol. 21v). Nada tiene de extraño que, a pesar de haber acabado sus estudios oficiales en 1604, siga figurando en matrículas posteriores hasta la de 1610-1611, en la que figura con los títulos de lector presbítero, igualmente que sus compañeros de fatigas universitarias Félix de Guzmán y Pedro de Tapia (AUS 315, fol. 12v). Los estudiantes matriculados se dividían en dos clases, pasantes u oyentes, y cursantes. Francisco de Araújo continuaba matriculado como pasante (AUS 313, fol. 11v).

[24]  HH. San Esteban I, p. 16: “Y este año de 1616 (cuando e escribe esta historia)…” El noticiario del P. Alonso Fernández no supera la fecha de 1630.Araújo publica el tomo segundo de su comentario a la metafísica de Aristóteles en 1631, del que dice el mencionado historiador que “tiene (Araújo) trabajado el segundo (tomo) para sacarle luz con brevedad” (HH. San Esteban I, pág. 321.

[25]  HH. San Esteban I, pág. 321.

[26]  Edición primitiva, fol. 6v; edición del P. Alonso-Getino, pág. 57.

[27]  Commentariorum in universam Aristotelis Metaphysicam Tomus Primus, quinque libros complectens, Salamnticae 1617. Dice dedicárselo al convento de San Esteban “propter innumera nec contemnenda beneficia in me collata. Cum primis Religiones et Praedicatorii instituti me imbueris, bonis moribus, quibus filios charissimos tuos educare soles, enutrieris adolescentiam nostram ac edocueris liberalium artium et divinae theologiae documenta”.

[28]  Historia annalística… VI, Apéndice, pág. 129.

[29]   AUS 782,  Libro de Doctoramientos, Magisterios y Licenciamientos, fol. 28.

[30]  AUS 782, fols. 21 y 28.

[31]  AUS 85, Registro de Claustros, fol. 74vss.

[32]  Constituciones apostólicas y Estatutos de la muy insigne Universidad de Salamanca, Salamanca 1625. Constitutio Eugeniana, págs. 73-74.

[33]  HH. de San Esteban, I, pág. 1044.

[34]  AUS 86, Registrote Claustros, fols. 4 – 6.

[35]  AUS 955, Libro de Provisión de Cáthedras, fol. 46.

[36]  AUS 322, Registro de Matrículas, fol. 2.

[37]  AUS 954, Visitas de Cáthedras, sin foliar, visita del 20 de diciembre de 1617.

 
 


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