FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

 

EL FINAL DEL OBISPO LAS CASAS EN EL CONVENTO DE LA VIRGEN DE ATOCHA

Por fr. Ramón Hernández Martín, O. P.


 

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Ramón Hernández

 

 

 

 
 

  En 1559 está Bartolomé de Las Casas en el colegio de San Gregorio de Valladolid, donde redacta, entre otras cosas, Memorial de denuncias, presentado al rey Felipe II.

         En 1560, desde principios del año, encontramos a Las Casas en Toledo, donde presenta un Memorial sobre la venta de las encomiendas.

         En 1561 se encuentra ya en Madrid, viviendo en el convento de Atocha hasta su muerte, el 18 de julio de 1566.

         En 1562 hace una petición a la corte en pro de la reducción pacífica de Pánuco y Nuevo México.

         También de 1562 es una famosa carta a San Luis Beltrán, O. P.

         En 1563 escribe el libro De thesauris qui reperiuntur in sepulchris indorum, al que el P. Las Casas llama su testamento en cosas de Indias.   

         En 1564 escribe el Tratado de las doce dudas sobre los tesoros del Perú que él llama su codicilo en materia de Indias.

          En 1564 en el convento de Atocha, presintiendo pronta su muerte escribe su Testamento personal, cuyo original ha desaparecido, pero del que se conocen algunas cláusulas.

          De ese año 1564 también se sabe que es un Codicilo a ese testamento personal, pero que se ha perdido, y del que hay sólo vagas referencias.

         Igualmente de 1564 es la llamada Cédula sobre el entierro, que se considera perdida y que se conoce sólo por Remesal. Quiere “ser enterrado con pontifical pobre  y con el báculo de palo”.

         De 1564 es asimismo Representación presentada al Consejo de Indias sobre los agravios que hacen los encomenderos y políticos a los indios y a sus defensores, los dominicos, en Guatemala, Honduras y Nicaragua.

         Muy importante en 1566 es la petición que hace B. de Las Casas al papa San Pío V de una declaración pontificia en pro de la Evangelización pacífica de los indios. La titulan así: Petición a Pío V. Y contiene los siguientes puntos:

         a) Que elabore un documento sobre el modo adecuado de evangelizar a los indios y de eliminar las guerras injustas tan frecuentes en las Indias. Le ruega examinar el libro que le envía, es decir, De unico vocationis modo…, y, si lo viere oportuno, imprimirlo.

         b) Que elabore un decreto que condene:

         1º a los que consideren esas guerras como justas, alegando como causas justas la idolatría o la oposición a predicar el Evangelio.

         2º A los que consideren esas guerras justas por ser contra los infieles, aunque éstos no hayan cometido ninguna injuria a los cristianos, como son las guerras contra los indios.

         3º A los que dijeren que los indios, por ser infies, no son verdaderos dueños de lo que poseen.

          4º A los que dijeren que los indios son incapaces del Evangelio y de la salvavión eterna.

         Que recuerde a los obispos los cánones que les manda atender a los cautivos, a los hombres afligidos y a las viudas con la obligación de sacrificarse por ellos hasta la muerte. Y, como consecuencia:

         a) mande a los obispos de Indias que atiendan a los naturales, oprimidos con trabajos muy duros y pesados y por muchos tratos tiránicos.

         b) Que no acepten esa dignidad, si el rey y su consejo no les ayudaren a desarraigar esa opresión.

        Que es necesario que el obispo sepa la lengua de sus fieles; mande que la aprendan. Suplica para esto y para la anterior que declare que los obispos están obligados a ello “por ley divina y natural”.

         Que declare que todos los que se enriquecen en las Indias, mientras los naturales viven en la miseria y tiranía “ser obligados a restituir por ley natural y divina, porque lo han llevado y tomado de hombres que padecen extrema necesidad y siguen viviendo en ella”.

         No se conoce ninguna respuesta especial directa a esta súplica tan fuerte de Las Casas a Pío V.

         Sí se conoce una Instrucción Pontificia de Pío V sobre el modo de tratar a los indios del Nuevo mundo, dirigida al Nuncio de España (Juan Bautista Castagna), que parece inspirada en gran parte en esa petición de fray Bartolomé de Las Casas[1].

         En esta Instrucción Pontificia de San Pío V se manda al Nuncio que exprese con toda claridad al rey lo siguiente:

         1º  Que la solicitud pastoral obliga al papa a vigilar sobre la evangelización de los pueblos del Nuevo mundo, que es el fin por el que esas tierras fueron concedidas a los reyes de España.

         2º  Que al papa le agradan las personas que ahora ha elegido el Rey para gobernar Perú, la Nueva España y la  Florida, y espera que todo vaya mejor que hasta el presente. Es decir:

         a) Que se atienda a la conversión de los infieles, pues éste fue el fin de la concesión papal de aquellos territorios a los Reyes Católicos.

         b) Que se provea de personas eclesiásticas celosas y capaces de instruir a los indios, pues los laicos no están preparados.

         c) Que al bautizo preceda una instrucción suficiente en la fe, y a los ya bautizados, principalmente a los niños, se les provea de maestros ejemplares de vida cristiana y social.

         d) Que se evite que los niños tengan que ir a instruirse a lugares lejanos.

         e) Que donde los indios estén dispersos por los montes, se procure juntarlos en pueblos, para poder instruirlos mejor y ejercer justicia sobre ellos, con la blandura coveniente, como recién convertidos.

         f) Que los cristianos den buen ejemplo con sus costumbres a los indios, y que los indios cumplan la ley natural, particularmente la monogamia, y se procure la convivencia pacífica.     

         g) Que las autoridades vigilen que nadie tenga esclavos indios, sino sirvientes voluntarios y pagados.

         h) Que a los indios no se les grave con impuestos excesivos.

         i)  Que se haga justicia imparcial en las causas de los indios entre sí, como en las de los españoles; que los indios, que sientan oprimidos, puedan recurrir.

         j) Que se envíen visitadores que vean cómo se cumplen estas disposiciones.

        k) Que no se haga la guerra a los indios, si no es justa, y que en la guerra justa se eviten los procedimientos crueles.

        l) Que a Su Santidad le place la manera como se hace la evangelización en La Florida, según las noticias que ha recibido, y desea que se extienda ese método a las demás regiones.

         Estas instrucciones son de la Congregación de Cardenales para la Evangelización, nombrada por el papa San Pío V. No tienen fecha.

         El prestigioso investigador Luciano Serrano, O. S. B., en  su obra sobre las relaciones entre S. Pío V y Felipe II, da la fecha de 1566[2].

         El clásico historiador de la Iglesia Luis Pastor, en su historia de los papas, rechaza la fecha 1566 para esta Instrucción sobre la evangelización de los indios del Papa San Pío, y juzga que es algo posterior, dando la fecha de 1568[3].

        La unión de esta Instrucción Pontificia con Bartolomé de Las Casas parece evidente. En efecto antes de esta gran instrucción tenemos las siguientes vinculaciones de Las Casas con San Pío V:

         1ª En enero de 1566 Las Casas escribe a Pío V recién elegido papa, felicitándole por su elección a la cátedra de San Pedro.

         2ª Al mismo tiempo o un poco más tarde envía Las Casas a Pío V su tratado cumbre misional, De unico vocationis modo…, que habla de cómo hay que tratar a los indios, y cómo hay que evangelizar y enseñar la doctrina cristiana.

         3ª En abril de ese mismo año de 1566, unos tres meses antes de la muerte de Las Casas, es cuando éste envía al papa S. Pío V la Petición, de que hablamos antes de la instrucción pontificia, de que estamos tratando.

         4ª San Pío V en 1567, 7 de octubre, dirigió un Breve a fray Alonso de Montufar, O. P., obispo de México, en que le manda que proteja a los indios de la opresión de los soldados[4].

         5ª En 1567, también el 7 de octubre, dirige San Pío V otro Breve a Gastón de Peralta, Marqués de Falces, virrey de Nueva España sobre la necesidad de tratar bien y proteger a los indios[5].

         Muy notables historiadores de la América Hispana del siglo XVI, como Luciano Pereña Vicente e Isacio Pérez Fernández creen que la Instrucción Pontificia, que estudiamos antes, fue inspirada y provocada por la Petición de Las Casas.

 

MEMORIAL AL CONSEJO DE INDIAS

      Fue escrito por el Defensor de los Indios al final de sus días en el convento de Atocha, al final de su vida, y fue leído muy pocos días antes de su muerte en Real Consejo de Indias. El P. Las Casas se encontraba muy gravemente enfermo, y no pudo asistir a esa junta.

      Hizo la lectura del memorial las casiano el licenciado Santander. Estuvieron presentes, en nombre del Padre y Obispo Fray Bartolomé de Las Casas, el Padre Franciscano Fr. Hernando de Barrionuevo, comisario en Cortes y después obispo de Chile; el también Franciscano Padre Fray Alonso Maldonado, y el Padre Maestro Fray  Alonso de Vera Cruz de la Orden de San Agustín y residente en la Corte de su Majestad para los negocios tocantes al bien de la Iglesia en el Nuevo Mundo y para la defensa de los indios. Ofrezco Algunos párrafos y la indicación esquemática de su contenido:

   “Muy poderosos y soberanos señores:

   “El obispo que fue de Chiapa besa a Vuestra Alteza las manos y suplico tenga por bien con atención oír lo que dijere, etc.

   “A Vuestra Alteza ya consta y a toda España y por todas las Indias es notorio cómo ha muchos años que ando por esta [Real Corte] y ante este Real Consejo de las Indias negociando y procurando el remedio de las gentes y naturales de las que llamamos Indias y que cesen los estragos y matanzas que en ellos se hacen contra toda razón y justicia.

   “Y puesto que la voluntad de los Reyes, que en estos reinos por estos tiempos han reinado, y sus consejos ha sido proveerlos de justicia y conservarlos en ella, y no consentir que les fuesen hechos daños y agravios, y así lo han mostrado por muchas leyes y provisiones, pero, llegadas allá, no se han cumplido […]

   “Y porque los Reyes son obligados, en cuanto en sí fueren, a quitar los impedimentos temporales que estorban la salvación de sus súbditos, mayormente aquestas dos especies de tiranía, por las cuales perecen cada hora tantas gentes en cuerpos y en ánimas, que tienen los Reyes nuestros a su cargo”.  Habla de la obligación de restituir todo lo extraído de las Indias, y de la conveniencia, o incluso necesidad, de que el Rey y su Real Consejo tengan una junta de letrados, teólogos y juristas de los Reales Consejos, en que se examinen las conclusiones y probanzas que Las Casas tiene preparadas  y dar una solución digna a tantos males.

   “Con esta suplicación, que, al cabo y remate de mi vida, presento ante V. A., y con las dichas conclusiones en dos tratadillos, que a Su Majestad ofrecí los días pasados creo haber cumplido con el ministerio en que Dios me puso de procurar el remedio de tantos y tan inmenso número de agravios ante el juicio divinal. Aunque por lo poco que han aprovechado por mis muchas negligencias, temo que Dios me ha de castigar”.

   En todo descubre Las Casas que hay una doble injusticia:

lª Apropiación de territorios ajenos;

2ª Pésimo gobierno.

   En la misma escandalosa injusticia se encuentran involucrados:

Los conquistadores,

Los encomenderos y

Los confesores que los absuelven sin obligarlos estrictamente a restituir.

   El Rey debe reunir una junta de letrados teólogos (pues es materia propiamente suya) y juristas que vean y examinen las conclusiones que tengo preparadas para ello.De ahí vendrán muchos y grandes bienes espirituales y temporales:

a)      Se hace justicia a gente muy agraviada.

b)      Se da paz a las conciencias de allá y de acá.

c)      Los reyes de España serán reyes universales de aquel orbe.

d)      Vendrá dinero justo a España, sin la obligación de restituir; de lo que “hasta ahora no ha venido ni una blanca”.

e)      La divina justicia no castigará a España.

 

C O N C L U S I O N E S

   “Resolviendo lo que en esta materia entiendo probar son las siguientes conclusiones:

   La primera, que todas las guerras que llamaron conquistas fueron y son injustísimas y de propios tiranos.

   La segunda que todos los reynos y señoríos de las Indias tenemos usurpados.

   La tercera que las encomiendas o repartimientos de indios son iniquísimos y de per se malos, y así tiránicas, y la tal gobernación tiránica.

   La cuarta que todos los que las dan pecan mortalmente, y los que las tienen están siempre en pecado mortal, y si no las dexan, no se podrán salvar.

   La quinta que el rey nuestro señor, que Dios prospere y guarde con todo cuanto poder Dios le dio, no puede justificar las guerras y robos hechos a estas gentes con los dichos repartimientos o encomiendas más que justificar las guerras y robos que hacen los turcos al pueblo cristiano.

   La sexta que todo cuanto oro y plata, perlas y otras riquezas que han venido a España y en las Indias se trata entre nuestros españoles, muy poquito sacado, es todo robado. Digo poquito sacado por lo que sea quiçá de las islas y partes que ya havemos despoblado.

   La séptima que, si no lo restituyen los que lo han robado y hoy roban por conquistas y por repartimientos o encomiendas y los que de ello participan no podrán salvarse.

   La octava que las gentes naturales de todas las partes y de qualquiera de ellas, donde havemos entrado en las Indias, tienen derecho adquirido de hazernos guerra justisima y raernos de la haz de la tierra y este derecho les durará hasta el día del juicio.

   Estas conclusiones prueva el autor larguísimamente en el libro que dio a Su Majestad”[6].

  

MUERTE  DE  LAS  CASAS

    Así cuenta Antonio de Remesal, el gran admirador del Defensor de los Indios, la muerte de Las Casas:

   “Y, estando muy contento [el P. Bartolomé de las Casas] con este despacho [de conseguir de la Corte la vuelta de la Audiencia de Panámá a la ciudad de Santiago de Guatemala], fue Nuestro Señor servido de llevarlo para Sí, habiendo recibido devotísimamente los sacramentos al fin de julio de 1566, y con gran concurso de todo Madrid se enterró en la Capilla Mayor Antigua del Convento de Nuestra Señora de Atocha con pontifical pobre y el báculo de palo, como lo ordenó, y hízole unas solemnísimas exequias Fray Domingo de la Parra, que era Suprior y después fue Provincial del Perú.

   “Murió [el Defensor de los Indios, Fray Bartolomé de Las Casas] de edad de noventa y dos años, y los cincuenta y uno gastados en continuos trabajos en procurar el bien de los naturales, y la conversión y aumento de la Cristiandad deste Nuevo Mundo”[7].

   Gabriel de Cepeda en su historia de la Virgen de Atocha nos dice lo siguiente sobre la muerte del Padre Las Casas: “El 14 Prior del convento de Atocha fue el P. Fra. Alonso de Santo Domingo… Tuvo por Suprior a Fray Domingo de la Parra, que hizo solemníssimo entierro al Señor Obispo de Chiapa, de quen se hablará más adelante”.

   En efecto muchas páginas más adelante escribe:

   “[Entre los] insignes varones, que están descansando en ella [en la Iglesia del Convento de Atocha] el Señor Don Fray Bartolomé de Las Casas, tan conocido en el mundo por el Obispo de Chiapa, Padre verdadero y Defensor de los Indios… Murió en prosecución de esta causa en Atocha año de 1566, pidiendo a todos que continuassen en defender a los Indios, y, arrepentido de lo poco que avía hecho en esta parte, suplicava le ayudassen a llorar esta omisión, y, estando en la candela para partir deste mundo, protestó que quanto avía hecho en esta parte tenía entendido ser verdad, quedava corto al referir las causas que le obligaron al empeño.   

   “Cosa singular al que leyere las historias de aquel tiempo, quando estava odiado con medio mundo, particularmente contra los conquistadores y otros interesados, que hazían tan diferente trato a los indios de él, era razón y convenía […].

   “Está enterrado en la iglesia antigua en la Capilla Mayor”[8].

   Siempre me sorprendieron las profecías Lascasianas, aunque siempre condicionadas a un cambio de comportamiento con los indios, contra España, pero las que más me han sacudido la conciencia son las afirmaciones de carácter doctrinal, aparentemente de valor para todo tiempo y lugar en las Indias, emitidas al final de sus días:

   “las gentes naturales de todas las partes y de cualquiera dellas donde havemos entrado en las Indias tienen derecho adquirido de hazernos guerra justísima y raernos de la haz de la tierra, y este derecho les durará hasta el día del Juicio [Final[9. ¿Incitación perpetua a la guerra?

   Siempre pensé que Las Casas debía haberse moderado un tanto en algunas de sus posiciones doctrinales, particularmente en las expresadas en el Confesionario y en las que acabamos de transcribir. Que haya exagerado en sus narraciones históricas es disculpable, por lo dura que era ya la realidad en sí misma, y porque, como Defensor de los Indios, deseaba conseguir de la Corte su liberación de los encomenderos y su condición de ciudadanos tan libres y más que los que los oprimían.

   Pero que deduzca o induzca tales afirmaciones doctrinales, parece habérsele obnubilado la mente, no algo, sino, muchísimo, al moverse de ordinario entre hechos tan calamitosos, que por sumisión humana y divina pretendía a toda costa desarraigar.

   ¡Cómo dista en esto Bartolomé de Las Casas de mi querido Francisco de Vitoria! Éste modera sus afirmaciones sobre la justificación de la entrada de los españoles en las Indias y de algunas de sus actitudes bélicas, con las siguientes condiciones favorables a los indios, que puedes ver en mi Francisco de Vitoria. Vida y pensamiento internacionalista, Madrid, BAC, 1995, cuando  advierte:

   “es necesario considerar si los males de la guerra son mayores que el mal que se quiere desarraigar”;

   “esto puede hacerse, pero si no produce escándalo” o perjudica a la obra de la predicación, u origina odio a Dios o a la fe;

   “esto lo digo en puro derecho”, pero es necesario ver todas las circunstancias que lo mediatizan; parece tener en la mente el adagio jurídico: summum ius, summa iniuria;

    “atiende a lo que nos dice el Apóstol: todo me es lícito, pero no todo conviene”, frase paulina que vemos repetida en Vitoria.

     Claro que Las Casas había puesto, antes de esa condena al “herem”, una condición: Felipe II debería reunir una gran junta de teólogos y juristas con las gentes de sus reales Consejos, donde se aprueben y se publiquen las conclusiones que él (Las Casas) les dicta sobre arrepentimiento y restitución. Como esto era difícil de conseguir y no se consiguió, sus frases de maldición serían como una puerta abierta a la guerra perpetua, con sus consecuencias funestas y también perpetuas de odio y venganza y tal vez de guerra total. Todo esto también lo condena Francisco de Vitoria en su bellísima y resolutísima relección Sobre el derecho de la guerra.


 

[1]  Véase en America Pontificia Primi Saeculi Evangelizationis 1493-1592. Documenta Pontificia ex Registris et Minutis, praesertim in Archivo Secreto Vaticano existentibus, collegit, edidit JOSEPH METZLER mandatu Pontificii Comitatus de Scientiis Historicis, 2 vol., Librería Apostolica Vaticana, Città del Vaticano, vol. II, págs. 739-744. El copilador y editor J. Metzler coloca en el encabezamiento la fecha de 1566.

[2]  Serrano, Luciano, O. S. B., Correspondencia Diplomática entre España y la Santa Sede durante el Pontificado de San Pío V… Tomi I, Madrid-Roma, Imprenta del Instituto Pío IX, 1914, págs. 437-441. Inicio: “Doverá primieramente mons. Nuncio con ogni destreza mostrare alla Maestà del Rè Cattolico com’il pensiero ch`al presente è nato nella mente della Santità di Nostro Signore di avertire le cose infrascritte intorno al bisogno delle nuove conquiste delle Indie, non viene dal altro che da quello dell’ardente zelo, c’ha per l’officio pastorale della salute dell’anime di quei popoli…”. 

  Intermedio: “Che si habi di avvertire come si accettano al Santo Battesmo quelli che si hanno da battezzare, acció habbino la dispositione e istruzzione sufficiente a tal sacramento…”. “Ne i popoli ov’habitano insieme in christiani vecchi et nuovi, et in ogni luogo procurino che i vecchi diano buon’essempio à i nuovi ne loro costumi, ne propter eos blasphemetur nomen Dei inter gentes”… “Che Sua Santità tien per certo, che, tanto per ordine di Sua Maestà quanto per il debito loro, quei ministri hanno per raccomandata la buona amministrazione della giustizia…”.

   Final: “Tengasi grand’avertenza nel pigliar l’armi contra li gentili, et non farli guerra senza le condizioni necessarie, accio sia giusta, ne in quella si proceda crudelmente, piacendo il modo che Sua Santità intende essersi  tenuto circa la publicazione dell’Evangelio, et in simil modo desidera che si proceda nelli altri luoghi…”. “Offerendo in ultimo a Sua Maestà come la Santità di Nostro Signore non mancherà mai dal canto suo d’ogni aiuto e grazia spirituale, che sará necessaria ad honor di Dio et salute di quelle genti”.

[3]  Pastor, Ludovico, Historia de los Papas desde fines de la Edad Media… Tomo VIII. Historia de los Papas en la Época de la Reforma y Restauración Católica: Pío V (1566-1572). Volumen XVIII, Barcelona, Gustavo Gil Editor, 1931, pág.281: en la famosa Instrucción de San Pío V sobre las Indias “se mencionan ya de un modo laudatorio los fructuosos trabajos de los misioneros en la Florida, de los que en Roma nada circunstanciado podía saberse en 1566. Más probable es que este documento sea el mismo que la instrucción  de la que escribe Castagna a Mula en 20 de noviembre de 1568: he dado la instrucción sobre las Indias al Rey”. Toma la cita de esta carta del mismo L. Serrano, en la obra citada en la nota 2, vol II, pág. 472. El mismo Serrano en esta nota habla de la “nueva Congregación de Cardenales, que tiene por objeto la conversión de los infieles en general, y está compuesta ahora de los Cardenales Amulio, Crivelli, Sirleto y Carafa”. Añade que el Cardenal Alejandrino (Miguel Ghislieri,O. P., sobrino de San Pío V) manda al Nuncio Castagna una Instrucción de esa Congregación sobre la conversión de los Indios. En Esa misma nota se dice que el 20 de noviembre de 1568 el Nuncio Castagna comunica al Cardenal Amulio que “ha llegado la Instrucción sobre las Indias al Rey, el cual entiende bien el italiano, pero se ha traducido para servicio de otros; don Francisco de Toledo, Virrey del Perú, la ha leído también, y va a su destino con buenas intenciones”. Serrano añade: “no hemos logrado ver la Instrucción susodicha, a no ser que sea la publicada en el tomo I de esta Correspondencia”. No obstante no corrige la fecha dada antes, es decir, la de 1566, como tampoco la corrige, como ya indicamos, la obra citada en la nota 1 (America Pontificia II).

[4] Véase en America Pontificia Primi Saeculi Evangelizationis 1493-1592…, sigue como en la nota 1, págs. 774-775.

[5]  Ib., págs. 775-776.

[6]  Las Casas, Bartolomé de, Obras Completas. 11.2. Doce Duas. Edición de J. B. Lassegue, O. P. Estudio preliminar, índices y bibliografía de J. Denglos, Madrid, Alianza Editorial, 1992, págs. 216-218; Bartolomé de Las Casas, Obras escogidas de… V. Opúsculos, Cartas y Memoriales… edición por Juan Pérez de Tudela Bueso, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles (BAE), 110, 1958, págs. 536a-538b.  El libro, de que ahora habla, dado a Su Majestad, es el de las Doce Dudas.

 

[7]  Remesal, Antonio de, O. P., Historia General de las Indias Occidentales, y  particular de la Gobernación de Chiapa y Guatemala por… II. Edición y Estudio Preliminar del P. Carmelo Sáenz de Santa María, S. J., Madrid, Ediciones Atlas, Biblioteca de Autores Españoles (BAE) 189, 1966, págs. 367b-368a. 

[8]  Cepeda, Gabriel de, O. P., Historia de la milagrosa y venerable imagen de Nuestra  Señora de Atocha, Patrona de Madrid, Madrid, Imprenta Real, 1670, págs. 260, 321-322.

[9]  Las Casas, Bartolomé de, O. P., Obras Completas. 11.2. Doce Dudas. Edición de J. B. L assegue, O. P., Estudio preliminar, índices y bibliografía de  J. Duglos, Madrid, Alianza Editorial, 1992, pág. 218; edic. BAE 110, las conclusiones citadas se encuentran  en la pág.538ab.

   

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