FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

 

Meditaciones

EXISTENCIA REAL Y EXISTENCIA POSIBLE

Por fr. Ramón Hernández Martín, O. P.


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Ramón Hernández

 

 

 


 

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Con mucho pudor y temblor.

Era el primero de septiembre del 2002. Hacía cuatro días que me había integrado a mi nuevo destino, el convento de Santo Domingo el Real de Madrid, en la calle de Claudio Coello, nº 141.

Había que leer y pensar. Hacía años que no leía las meditaciones de Descartes, y comencé por ellas. Él se propuso dudar de todo hasta llegar a un punto, a algo, sobre lo que no es posible ninguna duda, porque eso sería absolutamente el principio de toda filosofía.

Dudo, por lo tanto, de lo que dice la gente, de las historias, de las filosofías, de las ciencias y de las artes, y de lo que me testimonian los sentidos: ¿será un diablejo que pone esas cosas delante de mi conciencia, pero que en realidad no son? ¿Serán sueños, que, por muy reales que parezcan a veces, se desvanecen cuando dejo de soñar? ¡Cuántos sueños, que, cuando sueño, me parecen realidades! Voy a dudar de todo. Y sigue dudando Descartes. Pero llega un momento en que parece que no cabe dudar más: estoy pensando; pienso, luego existo.

¿Será ése en verdad –como asegura Descartes- el principio primero de la filosofía que buscamos a través de las dudas? No lo creo: 1º Porque cabe todavía seguir dudando: dudo si pienso, por la misma razón que me hizo dudar de las otras proposiciones; quizás esté soñando y sueño que pienso; muchas veces en efecto razono en sueños y hallo la clave para mi discurso. Y 2º porque eso mismo podías haber argüido antes: siento, luego existo; imagino, luego existo; incluso veo, luego existo.

Entonces ¿dónde está la realidad inconfundible con el sueño, la imaginación, u otros tantos engaños o apariencias de realidad existencial?

-Los sentidos de ordinario no engañan.

-¡De ordinario! Precisa: ¿qué quieres decir con la expresión “de ordinario”.

- Cuando todos los hombres y mujeres en todos los lugares y en todos los tiempos ven lo mismo, oyen lo mismo, huelen lo mismo, gustan lo mismo y palpan lo mismo. En todos estos casos damos siempre con la realidad existencial, que es la base sobre la que la razón construye el edificio de la ciencia y de la filosofía, es decir, de las ciencias empíricas y de las ciencias especulativas.

Hemos llegado por los sentidos a la existencia real como base del razonar. No obstante la razón descubre que además de la existencia real hay otra existencia, la existencia posible, es decir que no es real ahora, pero que puede llegar a serlo con el tiempo. Esta existencia posible también cuenta y de ella puede igualmente servirse el hombre para hacer avanzar la ciencia.

Y creo que me llegó la luz. ¡Eureka! Parece ser claro que hemos dado con el verdadero primer principio del filosofar, y también con el verdadero método, que consiste en seguir ordenadamente las exigencias de ese primer principio. Porque sueñe o no sueñe, sienta o no sienta, imagine o razone, la existencia de las cosas necesariamente es o real o posible. Este dilema es siempre verdadero, y lo sigue siendo, aunque el diablo me engañe o aunque yo mismo lo sueñe.

Éste es el verdadero primer principio del filosofar: la existencia o es real o es posible. Desde la existencia real o posible (o sospechada) podemos empezar sin engaño una verdadera filosofía.

Los mundos reales o posibles que caben en nuestro entendimiento son innumerables, numéricamente indefinidos; pero no los podemos dominar ¿Habrá una mente en la que quepa todo lo real, presente, pasado y futuro y todos los mundos posibles, y que los pueda dominar? Tiene que ser una inteligencia infinita en capacidad y poder. Sólo Dios tiene esto y sólo Él puede decir en verdad: pienso; luego existo. Y mejor aún existo y pienso. Esta es pues mi segunda verdad filosófica: Dios existe realmente.

 

LA  EXISTENCIA  REAL

 

La existencia real no es una forma de ser; es el acto continuado de existir de los seres reales. Los entes reales se dividen en simples o meramente espirituales, y compuestos de forma y materia. Los seres puramente espirituales o simples se dividen en dos grupos: el ser espiritual por esencia, o no dependiente de ningún otro, y los seres puramente espirituales por participación, dependientes siempre del primero. El primero, o ser espiritual por esencia, que no depende de ningún otro, y del que dependen todos los demás seres es Dios; los segundos o seres puramente espirituales por participación son los ángeles.

Los seres compuestos se dividen en dos grupos: 1º seres compuestos de forma intelectual o racional o espiritual y de materia; 2º seres compuestos de forma no intelectual o racional o espiritual y de materia.

Los del primer grupo son los hombres: con su alma racional o forma intelectual-racional, que es espiritual y con su materia, que es el cuerpo orgánico humano.

Los del segundo grupo son los otros seres distintos del hombre, cuya forma no es espiritual ni racional, y que informa una materia. Esta materia puede ser: a) un cuerpo orgánico o dispuesto a la vida, la cual le es conferida por la forma propia o apropiada a ese cuerpo;  o b) un cuerpo inorgánico o no dispuesto a la vida y que recibe una forma propia o apropiada a esa clase de materia.

Los seres de este segundo grupo, distinto del hombre, son: los minerales o carentes de vida, los vegetales  y los puramente animales.

La existencia o el acto continuado de existir en cada ser particular es distinto del de los otros seres particulares. Esa distinción individual viene dada en los seres puramente espirituales, como los ángeles, por el modo de participación o dependencia del ser espiritual por esencia (Dios). En los otros seres compuestos esa distinción individual se constituye por la relación estrecha o íntima entre la forma y la materia de ese ente concreto. Esto es lo que constituye en los seres compuestos el principio de individuación.

El ser por esencia, es en sí mismo o por definición, necesariamente uno.

Con “el ser por esencia” quiero decir aquél, que no tiene más que existencia: todo cuanto tiene o que esencialmente lo constituye es la pura existencia, o el puro acto infinito de existir. De él proceden todas las demás existencias, que serán siempre limitadas. La existencia pura es Dios. Las existencias participadas son criaturas, o seres creados por AQUÉL, DE CUYA EXISTENCIA PARTICIPAN.

 

EXISTENCIA  POSIBLE

 

Acabamos de afirmar que el puro existir es Dios, o lo que es lo mismo: la esencia de Dios es la pura existencia.

En el puro existir que es Dios están tanto el existir real como el existir o ser potencial (o posible.

Todos los seres que existen en la creación y todas sus perfecciones son participación del puro existir que es Dios.

Los seres actuales fueron antes potenciales y existían, como todos los otros mundos y seres posibles, en el existir pleno de Dios. Los mundos y seres posibles se convierten en reales por una determinación divina, por un acto de la voluntad de Dios: sed, y son.

Hay entendimiento infinito en Dios, que se identifica con su ser o existir, y en ese entendimiento están todos los seres reales y posibles. Hay voluntad en Dios, que se identifica con su ser, y por su mandato pasan las cosas de la existencia posible a la real; esto es la creación.

Hay ciencia en Dios, que se identifica con su ser, y es una y simplicísima, como uno y simplicísimo es el ser o el existir de Dios.

“El  ser, el bien, la verdad y el uno se convierten”. Este principio metafísico se da en Dios en su plenitud. En Dios todas las perfecciones en su plenitud, reales y posibles, se convierten con su ser


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