Investigación


María del Mar Morata

 


 

 


Influencia de la espiritualidad y del modus dicendi de Fray Luís de Granada en la literatura de los siglos XVI-XX


 

 

 

Cuando uno se introduce de lleno en la extensa obra del Padre Granada, puede detectar con facilidad las muchas influencias que fray Luís recibió de sus antecesores y el modo admirable como supo empaparse de ellas y hacerlas suyas, pues cada una de sus páginas es un muestrario inacabable de citas de autores, de lugares comunes y de ideas doctrinales de muy diversa índole[1].

Sin embargo, no es menos profunda y extensa la huella que nuestro dominico dejó en sus contemporáneos y en todos aquellos que, en el transcurrir de los siglos, se han cobijado a la sombra de su erudición.

Distinguimos nosotros tres sectores o ámbitos en los que se evidencia la autoridad granadina, y que siguen un orden cronológico: místicos (s. XVI), predicadores (s. XVI y XVII) Y otros autores (s. XVII-XX). De los tres, vamos a centramos en el de los predicadores de los siglos XVI y XVII, pues en ellos, más que en ninguno, se prolonga su legado retórico, que es el objeto de nuestro estudio. En los otros dos grupos, las influencias provienen en su mayoría de las obras castellanas. Sin embargo, respetaremos la sucesión cronológica y comenzaremos por los autores espirituales del s. XVI.

 

INFLUENCIAS EN LA LITERATURA ESPIRITUAL DEL S. XVI

 

Que fray Luís influyó profundamente en sus contemporáneos, es un juicio que no necesita demostración, a tenor del número de ediciones de que goza cada una de sus obras y en tan pocos años después de ser publicadas[2]. Pero es que, además, esa influencia se puede tocar hasta con las manos en modos de decir o de concebir las cosas, en ejemplos y comparaciones, en descripciones, etc. Sin ir más lejos, corno dice LEÓN MORENO[3], "muchas de las famosas expresiones místicas y literarias de santa Teresa y de san Juan de la Cruz son de fray Luis".

Y por qué precisamente sobre los autores espirituales, y en concreto sobre los místicos españoles, tiene fácil explicación, dado el florecimiento que los sermones retóricas corno género literario tuvieron a partir de la segunda mitad del s. XVI, coincidiendo con la divulgación de las obras de Granada, de esas que contenían las ideas teológicas apoyadas por estos autores. Veámoslo.

El punto central de la experiencia mística de santa Teresa es el misterio de la encarnación de Cristo. La meditación de este misterio es «el punto de arranque para la conversión personal[4].

Ante esto, no hay duda de que la Santa conocía perfectamente los escritos de fray Luís, pues esta idea aflora constantemente a través de sus páginas. Y no estamos pensando sólo en el Símbolo de la fe, por poner un ejemplo, sino sobre todo en los sermones latinos, que constituyen la serie más doctrinal de su producción y se supone que son menos apropiados para florituras místicas, si se nos permite hablar así[5].

Pero quizá la influencia más clara y profunda se encuentre en el método de la oración mental, extraído del P. Granada, y éste a su vez de S. Juan de Ávila.
SANTA TERESA proponía cinco peldaños para llegar a la fusión del alma con la divinidad, los mismos que conservamos de fray Luís:
Primero, ponerse en presencia de Dios, como exhortaba san Ignacio en sus famosos Ejercicios. Detenerse unos momentos para convencerse de que Dios mira y escucha al alma que se dispone a entablar conversación con Él. En segundo lugar, era muy conveniente leer un trozo de un libro de espiritualidad, que ayude a centrar la imaginación. Fray Luís proponía la Scala espiritual de san Juan Clímaco. Tercero: meditar sobre lo que se ha leído. El cuarto escalón comprendía los efectos derivados de esa contemplación: acciones de gracias a Dios por los beneficios obtenidos, ofrecimientos y peticiones diversas. Y así se llegaba en quinto lugar a la contemplación mística.

Por su parte, el aspecto doctrinal más reincidente en SAN JUAN DE LA CRUZ es esa ampliación generalizada de la contemplación, es decir, esa llamada universal a la santidad, a la unión estrecha con Dios. Antes de que estas ideas aparecieran en el Cántico, fray Luís ya había hecho en la Guía alarde de "santidad al alcance de todos los bolsillos", acarreándole, bien lo sabemos, no pocos problemas.

La vida es un trayecto es sentido ascendente. La cima, la unión con Dios, es posible a todos, pero hasta llegar allí hay un arduo camino que recorrer. La andadura estriba en adquirir virtudes y evitar el pecado. Y el pecado sólo se destierra matando las pasiones. y las pasiones sólo se matan con la mortificación.

No deja de ser ilustrativo que san Juan de la Cruz utilice la misma alegoría que fray Luís para ejemplificar esto[6]. La imagen es clásica: el fuego (la mortificación) es la causa de que un leño se queme (amor a Dios), y la sequedad del leño (el amor) produce a su vez el fuego (la mortificación)[7].
También en la LITERATURA ESPIRITUAL INGLESA de este siglo es posible encontrar la huella de fray Luís, en aspectos tan concretamente luisianos como el empleo de determinadas imágenes, los modos de argumentar o la recurrencia a los novísimos, para remover el corazón de los fieles[8].

Todo un capítulo aparte merecería el análisis de la LITERATURA PORTUGUESA, lo cual ya hizo magistralmente en su momento Mª IDALINA RESINA[9], en un artículo publicado hace unos años y al que remitimos a nuestros lectores.

Sin embargo, este influjo no fue exclusivo del viejo continente, sino que llegó hasta la recién conocida América, donde la labor de la Orden de Predicadores era ya una realidad fecunda, así como hasta otros lugares, convirtiendo a fray Luís en uno de los autores más leídos -si no el que más- de toda esa centuria[10].

 

INFLUENCIAS EN LOS PREDICADORES DE LOS SIGLOS XVI Y XVII


Cualquiera que haya leído el espléndido trabajo de HERRERO SALGADO sobre la predicación de los siglos XVI y XVII, coincidirá con nosotros en que todo lo que se puede decir sobre preceptivas retóricas renacentistas y barrocas ya está dicho[11].

En la primera parte del libro, el autor recorre de manera minuciosa y documentadísima el estado de la retórica sagrada en el siglo de fray Luís. En la segunda parte, después de analizar 16 tratados de retórica[12] del siglo XVII, tiene materia más que suficiente para poder afirmar, sin dificultad alguna, qué hay de luisiano en la oratoria sagrada del barroco, y qué es innovación del momento. Ni que decir tiene que, a dichas afirmaciones, nos adherimos también nosotros.

La influencia de la obra retórica de fray Luís debió ser ingente en su tiempo, a juzgar por el influjo innegable en retóricas posteriores, pero tan cercanas a la suya, como la de Diego Valades (1579) y la de Juan Bonifacio, S.J. (1589), por ejemplo. En ellos vierte su portentosa erudición, el amor de Dios y la solicitud infatigable por todas las almas.
Fr. DIEGO VALADES divide el libro en seis partes, al modo de fray Luís, con una distribución similar de los temas. Sin embargo, su latín es duro y de difícil comprensión. Por el contrario, el P. BONIFACIO no escribe una Retórica de corte clásico, aunque sí en un latín elegante y de lectura asequible.

Otros, como TOMÁS DE TRU/ILLO (1579) conservan de fray Luís esa actitud abierta para las citas de autores greco-latinos y, en definitiva, todos defienden la necesidad de estudiar retórica y de que el estilo en el que se escriban los sermones sea elegante, preciso y adecuado.

Su influjo alcanza también otros aspectos auxiliares del sermón, como pueden ser la utilización de sentencias e imágenes apropiadas, la memorización de cada una de las partes y los movimientos gestuales que acompañan la puesta en escena.

No ocurre lo mismo unas décadas más tarde. Sabemos que el siglo XVII es un siglo de crisis, contradictorio, en el que se entremezclan luces y sombras; en el que conviven estrechamente elementos tradicionales e innovadores; en el que campea una actitud pesimista que se refleja, a menudo, en manifestaciones de ingenio, de maestría, etc.

Parece lógico que los predicadores del siglo XVII siguieran la senda abierta por sus predecesores del 500. Y así sucede en muchos casos, aunque son también numerosos los tratadistas que rompen totalmente con la tradición y conciben una oratoria sagrada ciertamente novedosa[13].

El ideal de predicación del siglo XVI -y por ende de fray Luis- se mantiene en muchos predicadores, autores también de preceptivas retóricas: fray Diego de Murillo (1611), Benito Carlos Quintero (1629), fray Agustín de Jesús María (1648), P. Antonio Vieira, S.J. (1651), fray Andrés de Valdecebro, O.P (1655) y Mons. Barcia y Zambrana (1689), por citar algunos.

Para el uso de la Sagrada Escritura los autores del siglo XVII utilizaban los prontuarios, Sermonarios y elencos de citas que había confeccionado, entre otros, fray Luís. También lo imitan en la recurrencia a los Santos Padres, Doctores -santo Tomás por excelencia-, teólogos y autores paganos clásicos.

Los fines de la predicación, tan nítidos en el siglo XVI -enseñar, deleitar, conmover- es quizá lo que más empieza a desdibujarse un siglo después. Desde luego, las preceptivas de esta época son menos sistemáticas.

Lo mismo ocurre en cuanto a los tipos de sermones: se prefiere el modo de predicar apostillando el evangelio, el homilético, dada la dificultad que entraña el sermón temático. Se considera pasado de moda e inadecuado para los tiempos que corren. Sólo alguna tenue voz, cama la del P. Vieira, sale en su defensa.

Quizá el mayor desacuerdo de opiniones se encuentre en lo relacionado con la lengua y el estilo. Unánimemente se aboga por la necesidad de los principios retóricas para la composición del sermón; sin embargo, el abandono del latín a favor del castellano supone una evidente disparidad estilística. No faltaron preceptistas que mantuvieron la herencia luisiana de estilo grave, corriente y casto[14] como Mons. Barcia y Zambrana o fr. Jerónimo Bautista Lanuza. Pero también los hubo que adoptaron otras formas de predicación innovadoras, muy diferente de ésta, tanto en los recursos del ornatus, como en la puesta en escena final del sermón.

En definitiva, los predicadores del siglo XVII, como buenos hijos de su tiempo, vivieron inmersos en un periodo bipolar, que se debatía entre el fardo de una tradición inmutable y la creación de modos nuevos, reflejo, sin duda, de la necesidad de expansión, que caracterizó este siglo. Fueron espectadores de las consecuencias de un género que agonizaba, y algunos asistieron en vida a la muerte del mismo[15].
 

INFLUENCIAS EN OTROS AUTORES


Una vez enterrado el género oratorio, la lectura de fray Luís discurre por otros derroteros muy diferentes al del arte de la predicación. Vuelve de nuevo a ser su producción en lengua vernácula lo que cautiva a los ilustrados del siglo XVIII, que "lo tienen como maestro de bien pensar y de bien decir"[16].

Afortunadamente, no faltaron quienes, ante el dramatismo que vivía la predicación en esos momentos, se esforzaron por reavivar la figura del auténtico predicador, y sacaron a la luz los sermones del Padre Granada, que el desuso había arrinconado.

Gracias al estudio bibliográfico del P. García del Moral y de Román de la Rosa[17], sabemos que en 1776 Juan Bautista Muñoz reeditó en Valencia las obras latinas de fray Luís. Los sermones abarcaban los nueve primeros tomos, sobre un total de trece volúmenes. A la edición hay que añadir un prólogo en el que Muñoz analizaba la situación de la predicación y de los predicadores, la ignorancia en la que estaban sumidos y sus consecuencias. Sólo cabe objetarle que, al ser una edición en latín, gran parte del clero de entonces no pudo aprovecharse de su valor pastoral. Tuvieron que transcurrir algunos años hasta que en 1790 Pedro Duarte los tradujera en catorce volúmenes[18].
Sin embargo, salvo esta valiosísima aportación, poco más se hizo al respecto; prueba evidente de que los intereses literarios estaban ya entonces lejos de esta causa.

Finalmente, en nuestra época, fray Luís ha sido considerado una autoridad del lenguaje. Los autores del 98 se valieron de sus ideas y sentimientos de amor a la naturaleza, así como de su profundo conocimiento del misterio del hombre[19]. El grupo del 27 admiró e imitó su prosa llana, fácil y natural; su retórica ciceroniana; su visión y descripción meticulosa de la naturaleza, que se asemeja a un monje del medievo miniando un códice; su característico uso del diminutivo, etc.

En definitiva, fray Luís es un hombre que debe su idiosincrasia a un siglo determinado, pero que traspasa esos límites cronológicos y se adapta perfectamente a la posteridad.

 

Publicado en Communio, Vol. 38/1, enero - junio 2005


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[1] Vid. MORATA GARCÍA DE LA PUERTA, M. "Fuentes, ideas doctrinales e influencias ideológicas en los sermones de fray Luis de Granada". Communio, XXXI fascículo 2: 253-284. Sevilla, 1998

[2] Vid. GARCÍA DEL MORAL, A. y ROMÁN DE LA ROSA, A. Fray Luís de Granada. Panorama bibliográfico. Granada, 1989

Es interesante y muy significativo ver -si nos fijamos, por ejemplo, en los sermones- el número de reediciones de cada tomo, o de los seis juntos, que aparecen por toda Europa, así  como de las diferentes traducciones españolas, italianas, francesas y alemanas hasta  la segunda mitad del s. XIX.

A esto hay que añadir las antologías realizadas por distintos autores, así como índices de sermones.

[3]  LEÓN MORENO, P. "Influencia de fray Luís de Granada en los autores místicos del  s. XVI", Actas del  Congreso Internacional, vol. II, Universidad de Granada. Granada, 1988: 80ss

[4] BORRIELO, LUIGI. OCD "Fra Luigi di Granada e santa Teresa d'Avila" Actas del Congreso internacional vol. II, Universidad de Granada. Granada, 1988:157-172; y “Fra Luigi di Granada e santa Teresa d'Avila”. Angelicum 66,4, 1988: 121 ss.

[5] El lector puede comprobado personalmente leyendo, por ejemplo, los sermones del tiempo 2, 4, 5, 6, 29,31,40, 41, pertenecientes al tomo 1 del sermonario latino, y publicados en los vol. XXIV-XXVII de las Obras completas de fray Luís, Fundación Universitaria Española, Madrid, 2000.

A partir de ahora, cada vez que nos refiramos a un sermón recogido en uno estos cuatro volúmenes, lo haremos señalando sólo el número que ocupa en el total de la obra.

[6] vid. RICO SECO, A. "Influencia de fray Luis de Granada en los grandes doctores místicos: santa Teresa y san Juan de la Cruz" Actas del Congreso Internacional, vol. II, Universidad de Granada. Granada, 1988: 187-206.

[7] Esta imagen está hermosa mente expresada en el sermón 22.

[8] vid. FERNÁNDEZ SUÁREZ, J.R. "Popularidad de fray Luis de Granada en Inglaterra" Actas del Congreso Internacional, vol. II, Universidad de Granada. Granada, 1988: 207-224

[9] RESINA RODRIGUES, Mª I. "Frei Luis de Granada em Portugal: a influencia de um homem de Igreja e de um escritor" Actas del Congreso Internacional, vol. II, Universidad de Granada, Granada, 1988: 401-430

[10] vid. FORNELL,  J.M. "Fray Luís de Granada en los Anales de Brasil" Actas del Congreso Internacional, vol. II, Universidad de Granada. Granada, 1988: 245-246

Para influencias en otros países: DELGADO GARCÍA, J. "Impacto religioso-cultural de fray Luís en Japón" ibid. 227-244; GARCÍA DEL MORAL, A. y ROMÁN DE LA ROSA, A., "Fray Luís de Granada, autor europeo", ibid. 247-284.

[11] HERRERO SALGADO, F. La oratoria sagrada española de los siglos XVI y XVII. Fundación Universitaria Española. Madrid, 1996. 12 vid. op. cit. 229-247.

[12] Vid. Op. Cit. 229-247

[13] Nuestro propósito en este momento es presentar la pervivencia de fray Luís en  su posteridad. Hablaremos, pues,  solamente de aquellos tratadistas o autores que prolonguen la tradición lusitana, no de los que ofrecen claras diferencias.

[14] vid. HERRERO SALGADO, op. cit., 407

[15] No podemos concluir sin mencionar -¡tan de pasada!- a fr. Manuel de Guerra y Ribera, quizá el más eximio representante de la última hornada de predicadores barrocos, y remitir a nuestros lectores al espléndido trabajo de SORIA ORTEGA, A. El Maestro Fray Manuel de Guerra y Ribera y la oratoria sagrada de su tiempo. Universidad de Granada. Granada,1991

[16] vid. HUERGA, A OF, Fray Luís de Granada. Epistolario. Ed. Caja de Ahorros de Córdoba. Córdoba, 1991: 17

[17] GARCIA DEL MORAL, A Y ROMÁN DE LA ROSA, Fray Luis de Granada. Panorama bibliográfico. Su contribución a la vida cristiana. Granada, 1989

[18] vid, HUERGA, A. OP, Fray Luís de Granada. Una vida al servicio de la Iglesia. BAC. Madrid, 1988: “Pedro Duarte, Lector de Sagrada Teología de la Orden de san Basilio Magno, estampó en Madrid, en loa talleres de Plácido Barco López, una traducción de los sermones de Granada en 14 volúmenes”

[19] GALLEGO MORELL, A. "Actitudes de los escritores del 98 y del 27 ante el Padre Granada", Actas del Congreso Internacional, vol. II, Granada, 1988:463 ss,

 

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