Antonio García Megía y Mª Dolores Mira y Gómez de Mercado, responsables de esta sección,  son Maestros, Diplomados en Geografía e Historia, Licenciados en Filosofía y Letras y Doctores en Filología Hispánica

ç

 

 

Con la espalda hecha un ocho

Paula Fernández Nanclárez

13 años - IES Azcona - Almería

 

 

  Para entrar en contacto con la autora

 

 

 

Una niña  a la que le gustaba el ballet  desde muy pequeña, empezó a tomar clases a los cinco años  y estaba súper ilusionada porque le encantaba bailar. Cuando tenía un rato libre en su casa, quedaba con sus amigas para practicar. La profesora de educación física estaba encantada con ella, porque era muy alegre en sus clases aunque, con el paso del tiempo, los estudios aumentaron y el tiempo libre disponible para bailar era menor. Pero a ella no le importaba. Tenía muy claro que su vida era el ballet.

 Un fin de semana decidió la familia marcharse de campo. Lorena estaba ilusionada porque iba a montar a caballo. ¡No lo hacía desde estuvieron de viaje de estudios por Andalucía, en un pueblo llamado Tabernas de Almería. ¡Habían pasado ya como unos cuatro años y pensaba que aquello no se le iba a olvidar, que sería muy fácil! Pero no paró en pensar que, a veces, las cosas se complican y pueden suceder cosas no esperadas.

Lorena cogió un caballo. Todo era perfecto hasta que  llegaron a un camino estrecho y con muy poca luz porque era un sitio repleto de vegetación espesa. A mitad de camino les salival paso un jabalí con sus jabatos que asustó al caballo e hizo que Lorena cayese bruscamente al suelo.

Ella intentó disimular el dolor porque sabía que si lo decía a su madre, con lo preocupada y atenta que era con su hija, no la dejaría ir al campeonato de danza. Pero el dolor de espalda era insoportable. Después del paseo a caballo, decidieron bajar a la ciudad a comer y tomar café. De regreso a la cabaña su madre le notaba algo raro, aunque  como disimulaba bien el dolor lo dejó  pasar.

Pasadas varias semanas su madre la vio agacharse y gritar de dolor tocándose la espalda. Asustadísima le preguntó que pasaba. Ella contestó que esa era el resultado de subirse a un caballo y no contárselo en ese momento a la persona más importante de su vida, porque, de haberlo hecho,  seguramente, ya estaría curada.

Sus padres la llevaron al médico que dijo que debía estar en reposo una  semana como mínimo. Ese mismo día tenía ballet, y con todo el dolor del alma, no pudo asistir a clases. Por la tarde, le llamó una de sus compañeras para interesarse por las razones de su ausencia y para decirle que en una semana llegaba el campeonato de ballet y era muy importante ganar para pasar a la final. Hablaron un buen rato. Le contó lo que había pasado y que no podía levantarse de la cama.

Al día siguiente, su amiga lo contó a todas las chicas de  ballet, y a la profesora. Se entristecieron porque sabían que, segurísimo, sin Lorena no iban a ganar. ¡Ella era una de las mejores!

Cada día  la llamaban y preguntaban como estaba. Diariamente Andrea, su mejor amiga de la Universidad, le traía  los ejercicios que tenía que hacer  y le daba una pequeña explicación del tema.

Poco a poco iba mejorando y quedaban  menos días para el campeonato. Lorena  se pasaba el día preguntando a su madre si la iba a dejar asistir. La madre contestaba que lo primero era su espalda. Se pasaba las noches llorando y pensando cómo hacer para convencerla. Pero su madre siempre decía ¡NO!

Lorena estaba desesperada. Con su actuación y ganando la competición, la academia seguiría impartiendo clases, de lo contrario no podrían afrontar tantos gastos y ningún beneficio. Eran  muchos años de esfuerzo con las mismas niñas, y este era el Año de la Victoria.

Su madre al verla así, decidió hacer un esfuerzo, aunque sabía que no era el idóneo para su niña, pero sabía que eso la haría muy feliz. Por fin dijo ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii!.

Lorena estaba muy  ilusionada. La besaba, la abrazaba, la apretaba, en definitiva, estaba feliz.

Su madre tenía un gran pesar. La dejaría asistir al campeonato para que viera cumplido su sueño de ser una gran bailarina reconocida en el mundo, pero sabía que no estaba en las mejores  condiciones físicas. Por su mente pasó de todo, que podría caer y hacerse daño en una pierna ó brazo, que podría quedarse invalida… Pensaba en la caída del caballo y en  todo lo que podía pasar.

Confesó todo lo que pensaba a Lorena que no sabía qué hacer. Llamó a sus amigas del ballet y se lo contó.  A una se le ocurrió decirle que le dejarían a ella lo mas fácil, pero que la necesitaban. A Lorena le pareció justo y corrió a contárselo a su madre a quien le pareció muy bien.

Su hermano pequeño, que sólo sabía chincharle, comenzó a meterse con ella y a decir que no podía ir al Campeonato,  que la “nena” no se encontraba bien y que su academia cerraría definitivamente. Lorena se cansó de escucharlo y lo puso al corriente de todo. Él se enfadó y salió de la habitación dejando a Nanaqui, su gato, y a ella solos en la habitación.

Esa noche, mientras que Lorena se duchaba, su hermano le llenó toda la cama de mermelada. Cuando salió del cuarto de baño encontró a Nanaqui con las patas  llenas de mermelada sobre su cama. Comenzó a gritar. Su madre no tardó ni un segundo en subir las escaleras. Encontró a Lorena furiosa con el peque de la casa. La madre fue a la habitación de Oscar para preguntar si había sido él quien  había puesto la mermelada en la cama de su hermana. Confesó que si. La madre, enfadada, consideró que era muy tarde y decidió que al día siguiente tendría su castigo correspondiente. Pero esa misma noche, cuando todos dormían, Oscar tuvo la brillante idea de atar todas las sábanas que había en el armario para hacer una cuerda larga que llegara desde la ventana de su habitación hasta el suelo de la calle y poder escaparse.

Pasó toda la noche debajo de un árbol  frondoso que había junto a la casa de su amigo Borja. Por la mañana le contó que había escapado porque había hecho una trastada y lo iban a meter en un colegio privado en el que solo podía salir un mes en verano para ver a sus padres.

Cuando su madre fue a buscar a Oscar, como todos los días, para despertarle, se llevó un susto enorme. Alertó a su marido y a su hija para salir a buscarlo. Rastrearon todos los alrededores y pasaron por las  casas de los vecinos hasta dar con la de Borja. Era el último sitio que visitarían. Si no estaba  allí  tendrían que llamar a la policía.

Llamaron a la puerta y ¡allí estaba el pequeño Oscar!, llorando,  confuso porque no sabía lo que realmente le iba a pasar por hacer lo que había hecho. Su madre, al verlo salió corriendo a abrazarlo y le pidió que no lo volviera ha hacer más.

Él le prometió y todo volvió a la normalidad en casa. Lorena se sentía mucho mejor. Regresó  a las clases de la Universidad y sus compañeros se le echaron encima emocionados cuando la vieron, sin  darse cuenta que  le hacía daño.  Se pasaron los descansos  hablando del campeonato.

De vuelta  a casa estaba muy  cansada. Se echó a dormir hasta que la llamo su madre para preguntarle que si quería ir a ballet para practicar un poquito aunque no estuviera muy bien. Se emocionó mucho y se vistió en un plis-plas…

El día en la Academia fue duro. Faltaba muy poco para la prueba y había que estar al cien por cien.

Lorena estaba muy nerviosa. Su madre no se separaba de ella ni un segundo. Estaba súper ilusionada y le ponía todo el empeño del mundo. Su entrenadora estaba orgullosa por el esfuerzo que hacía, las atenciones de sus amigas no  la dejaban ni respirar, pero  eso a ella le encantaba porque se notaba que se preocupaban mucho de ella.

En una de las clases, la profesora decidió dejarla sola para que hiciera un paso que realmente era muy complicado. Lorena accedió a ello, pero en un descuido tropezó con una compañera y cayó al suelo volviendo a golpearse en la columna.  A su madre se le descompuso la cara y salió corriendo para llevarla al médico lo antes posible.

  El médico prescribió reposo durante dos o tres días y la permitió ir a clases de ballet en una silla de ruedas sólo para visualizar los pasos. Todas sus ilusiones se derrumbaron. Todas las tardes iba a las clases para ver lo que hacían y como lo hacían. Le parecía fácil.

Llegó el día esperado,  El Día Del Campeonato. Lorena desde las gradas no hacia nada más que animar a sus compañeras. Para su sorpresa, llegó la entrenadora con un uniforme como el de sus compañeras para pedirle bajar a la tarima a entrenar con sus compañeras.

Lorena desconocía que su médico había hablado con su madre y con su entrenadora autorizando su ejercicio. ¡Era una sorpresa y un premio que le quisieron dar por el esfuerzo y la dedicación que ponía en el  ballet!

Corrió hacia los vestuarios. En principio la dejaron en el banquillo, pronto se dieron cuenta que faltaba ella, Lorena. Cuando su entrenadora se lo pidió le echó valor y mucha confianza. Al principio les costó trabajo. Tenían unas contrincantes muy difíciles, eran las alemanas que el año anterior quedaron primeras del mundo, pero gracias  las ganas que pusieron en su ejercicio y, todo hay que decirlo, a un fallo tremendo de las favoritas, ¡se hicieron con el triunfo!

Llegó la entrega de medallas. Se oyeron los nombres de las chicas vencedoras. A todas se les entregaba un trofeo junto a  un diploma y un ramo de rosas. Al finalizar, las chicas llamaron a su entrenadora.

“Por su dedicación, su esfuerzo y ganas de trabajar, le otorgamos a la Srta. Mª Carmen González Vázquez, entrenadora de las campeonas del mundo en el año 2007, un cheque por valor de 300.000$

La entrenadora no podía creerlo, su sueño hecho realidad, su academia no cerraría por falta de dinero.

Comenzaron las reformas y gracias al título creció el número de inscripciones. Hubo que contratar a gente nueva y experta y ¿quién mejor que una de las mejores alumnas y tituladas en ballet? ¡La Srta. Lorena Fdez Mtnez! Su esfuerzo dio su fruto. El ballet, su afición, su vida, SU TRABAJO


 

 

Paula Fernández Nanclárez

 

Licencia   

 

Antonio García Megía y María Dolores Mira y Gómez de Mercado

 

Conozca también...

     

 
ESTADÍSTICAS EN ESTE SERVIDOR 

Desde el 27 de abril de 2004 se han visitado páginas  sólo en este servidor Web

contadores

Diseño de Antonio García Megía