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El susurro del enigma

 

MAntonio Ginés Collado González 12 años I.E.S Azona - Almería

 

 

 

DONDE LA MAGIA SURTE EFECTO

Para ti, nuevo lector de este libro, a quien te confío los poderes aquí descritos

 

 

1

LAS ÚLTIMAS PALABRAS

 

 

No podía quedarse ahí, debía apresurarse. Moría Asfas, jefe del consejo del reino de Meov y no debía de alejarse, pues tenía que ir y verle antes de su muerte. Laep era el legítimo heredero, legitimo soberano de Meov. Fue a escuchar a Asfas, recorrió el monasterio, exactamente a la biblioteca, pues en ella estaba, bajo tierra, el castillo del soberano de Meov.

Desde hacía años había recorrido el monasterio, la biblioteca y el castillo, pero nunca en aquella situación, no había nadie, todos encerrados en sus aposentos, las leyes siempre lo obligaron así, pensaba que las leyes eran muy íntimas, pero estaba bien, le gustaba la soledad. En su interior sentía profunda tristeza y a la vez profunda emoción, sería jefe del consejo y soberano de Meov pero no quería que su antecesor cayese, sentía ganas de llorar, de que no hubiese ocurrido todo aquello, pero el destino así lo tenía escrito.

Mientras recorría pasillos y habitaciones, salas y escaleras, se fijaba en la austeridad del monasterio, siempre era piedra lisa, apenas ornamentación. La biblioteca, de estantes y escaleras recargadas, junto con el mobiliario de mesas, sillas y butacas, y llegando ya, a la escalera que conducía al castillo, era sin duda alguna el lugar más maravilloso, siempre pasaba por allí, pero nunca se fijaba, pergaminos de allí para acá, textos y libros que hay que devolver a la biblioteca, siempre sin fijarse. Pero ahora era una situación distinta, y se mostró a si mismo la belleza de ese castillo debajo de la sabiduría de aquel lugar, todo parecía ser diamante pulido y brillante, no estaba tan recargado como en la biblioteca, pero tampoco era tan austero como en el monasterio, era un equilibrio.

Llegó a la habitación del monarca. Allí escuchó una voz susurrante que provenía de la habitación:

- Cedo mi reino, tierras y libros de saber a Laep de Meov, siguiente jefe del consejo y sucesor soberano de Meov, que reinará como Laep I, heredero de Asfas IV.

Entró y vio el cuerpo de Asfas expirando, no dudó, hizo aparecer la vara y sin poder resistirse, Laep grito:

- ¡Hervimun Etasder!

El hechizo blanco y puro recorrió la sala de brillo diamantino y, apenas rozó el cuerpo de Asfas, desapareció, Laep hizo aquel encantamiento para poder dejar la vida del soberano intacta, curar su agonía y dejarlo vivir, no podría aguantar la ida de aquel soberano que tanto le enseñó así como así, pero, al no haber surtido efecto, uno de los sorprendidos magos de la sala que se recuperó antes que los demás, el bibliotecario Ekk, dijo:

- Aunque hubieses querido no hubieras podido detener su muerte, Laep, Asfas ha caído por venen ta la arma sigilosa de los hechiceros, sabes que repele cualquier hechizo…

Dejó de hablar, se fijó en Asfas, intentaba hablar, y se escuchó un susurro proveniente de él:

- Laep... Laep... ven...

Fue hacia él, y al ver que Laep se acercaba dijo para que solo Laep lo escuchara:

- Laep... – se detuvo, pero volvió ha hablar susurrante con un tono diferente – busca el lugar exacto, deposita tu alma, encontraras la perfección.

Y, ante su estupefacción, expiró dejándole con un enigma para resolver.

Ekk, aquel bibliotecario afable y cercano del que mucho conoció no se encontraba en aquel momento muy afable, estaba lívido de rabia, y, como si un leviatán se acercase a la sala y se va, lo mismo ocurrió con Ekk, quedó enfurecido y rabioso, y un instante después se relajó y murmuró entre dientes: - Hay que preparar la ceremonia de nombramiento de Laep, nos ocuparemos de lo ocurrido con Asfas inmediatamente, hay que investigar.

Laep dudó, no sabía por que Ekk se había puesto de esa forma, después de aquel tumulto se fue a su habitación en el monasterio. El monarca y jefe del consejo Laep había terminado los estudios superiores de magia y ya estaba preparado para este momento, pero se sentía sin comprender la situación. ¿Por qué era él y no otro? Había muchos magos mejor preparados. Por ejemplo, Fayon, el chamán de Yov, la ciudad donde se erige el monasterio, era un amigo íntimo de Asfas, pero recordó lo de la leyenda “Un niño Laep llegará y con la magia gobernará”. Como ese es su nombre pues ya era el soberano, y una oleada de educación y amistad con los altos cargos del reino se cernieron sobre él.

TOC, TOC, TOC

Llamaban. Debía de ser alguien para felicitarlo. Abrió la puerta. Era Dayli, el mago que siempre ha educado y mostrado la magia a Laep. Siempre vestía de blanco. Decía Laep que pertenece a la guardia de honor de los monarcas de Meov. Sin miramientos, le dijo:

- Laep, lleva todas tus cosas al castillo de los Monarcas. En el vestíbulo te espera Ekk.

- Oye, Dayli, ¿Por qué he de mudarme al castillo de los Monarcas? Las pertenencias de Asfas todavía estarán allí, y como entenderás...

- Las pertenencias de Asfas desaparecieron con su espíritu, excepto tu herencia, el reino, las tierras y sus libros. Date prisa, Ekk te está esperando.

Y se fue a paso ligero.

Laep cogió sus cosas y se dirigió al castillo, realizó varios viajes para trasladar todo, era costoso, muchos años, muchas cosas... Ekk se sorprendía con cada cosa que llevaba:

- ¡La de cosas que llevas Laep!

Laep ya tenía todo en sus nuevos aposentos, pero no paraba de pensar en el enigma de Asfas. “Busca el lugar exacto”. Tenía que buscar, tanto en una, como en la otra parte de Meov. No se le ocurría nada, ¿cuál sería ese lugar? Laep conocía muy bien todos los lugares del monasterio, excepto las catacumbas, pero no sería aquella laberíntica y pestosa alcantarilla. Recordaba que en Ensín Tacup, capital cultural y mágica de Meov, podría encontrar algo, pero de momento debía de estar preparándose para la ceremonia de coronación.

Se puso a la obra, no debería ir con la indumentaria monasterial. A sus veintisiete años, ningún monasterio lo aceptaría, pero como heredero de Meov, tenía que formarse en un ambiente mágico, literario y cultural, y acceder a las distintas fuentes de sabiduría.

Ya tocado con las vestiduras monárquicas, se dirigió con la llamada de Dayli, a la explanada del monasterio, donde sería, bajo la tutela de Jukalanxo, dios de la magia y la sabiduría, soberano de Meov.

 

 

2

LA MISIÓN Y LOS TRAIDORES CONFABULADOS

 

 

Al llegar a la explanada del monasterio, Laep no reconocía aquel lugar. Siempre lo veía con monjes paseando, leyendo o charlando, pero aquello era distinto. Era una carpa. Cuando entró, todo era muy lujoso, en el fondo, estaba el trono y los asientos de Dayli y Ekk, futuros consejeros del reino. Entre la multitud reconoció a Dayli. Se acercó y le dijo:

- Laep, ¿ya estas preparado? ¡Perfecto! Ekk te espera detrás del trono. Yo he de quedarme aquí. Algunos representantes de las regiones del reino quieren hablar contigo, pero debo entretenerles. Aun no te he hablado de la situación...

PUM, PUM, PUM

Dayli tuvo que tragarse sus palabras, pues habían aparecido, desde el techo de la ya rota carpa, unos dragones negros y, en sus sillas de montar, los opositores de la cámara del consejo. Apenas los vio, Ekk apareció y la multitud desapareció, supuso Laep, hacia las cámaras de guerra del consejo de Yov, donde toda la población se escondía en los tiempos de guerra.

Los tres, Laep, Ekk y Dayli, sacaron sus varas y llamaron a sus dragones. Los opositores del consejo, estupefactos por las acciones de los tres magos, esperaban ansiosos por acabar con ellos. Pero mejor en el aire. Diez dragones de la oposición contra tres de los dragones de los altos del consejo. Cuando éstos llegaron Laep, Dayli y Ekk subieron. Laep dijo:

- Dayli, Ekk sed independientes, no os preocupéis por el otro, solo así podremos ser mas poderosos.

Fue Dayli quien contestó:

- Pero debemos confirmar nuestra seguridad.

Alzaron el vuelo. Los opositores estaban emocionados, aplastarían al soberano de Meov y la nueva república se instauraría. Pero Laep tenía un as en la manga:

- ¡Escuder Tamian! ¡Future Jointar! ¡Hoyuntar Mes Tan Dasu!

Tras estos hechizos los dragones de la oposición quedaron paralizados. Pudieron así, sin apenas esfuerzo, apresar a los jefes de la oposición.

- Laep, tú no puedes detener la nueva república. El ejército, la población y el consejo, quieren eliminar la dinastía de los Alma Perdida.

- Seguro que vais a eliminarme, no sabes nada.

- Ja, Laep, tú y tu pueblo caeréis en el olvido, la magia ya no volv...

Dayli acababa de rebanar la cabeza al opositor. Sin duda alguna estaba enfadado y con razón.

- Laep...

- Dayli, ¿Qué he de hacer?

- Ve a Ensín Tacup, rápido. Encuentra a Teós. El te aconsejará.

- Pero...

- Aquel enigma de Asfas no es verdad. Es una broma suya, Laep. No pienses en ello.

- De acuerdo, pero me siento engañado.

- Perdónale... Ve rápido.

- ¿Como sabré encontrar a Teós?

- Cuando llegues él te estará esperando.

Desapareció pensando en la plaza mayor de Ensín Tacup y, en un instante, estaba allí, frente a un extraño de rostro tapado con una capucha.

- Menos mal... – suspiró- Laep... ya estás aquí, creía que habías muerto. Tu misión consiste  en llevar la magia a la victoria. Esta guerra civil terminará pronto..., o eso espero.

- Pero... ¿Quién sois vos?

- ¿No me has reconocido? Soy Teós y estoy aquí para ayudarte a ti y al ejército de magia.

- ¿Qué pasará con Dayli y Ekk?

- Pues... no lo tomes a mal, pero ellos han decidido que entrarán en comunión contigo cuando caigan.

- ¿Qué estas diciendo? ¡Oh! ¡No puedo soportarlo! ¡No los volveré a ver!

- Los verás como espíritus, Laep. Eso, para un mago, es un gran paso.

Con Teós, Laep aprendió mucho de las artes de la guerra y la estrategia, cómo vencer y cómo emboscar. Así pasaban los días. Jornada a jornada Laep y Teós ganaban batallas y terreno que el bando enemigo perdía. Hata que...

- Laep ven.

- ¿Qué quieres?

- Mira esto.

- ¿Qué?

- Dayli y Ekk...

- ¡Dayli, Ekk!

Acababan de llegar sus espíritus. Ekk estaba diferente. Las ropas eclesiásticas que siempre portaba eran oscuras, pero ahora eran blancas y de finísima seda. Igual Dayli. Éste dijo:

- Laep, hemos terminado y podremos estar contigo siempre que quieras, pero falta una decisiva batalla, la batalla en la cual conquistaremos Yov. La victoria será nuestra, pero deberemos tener en cuenta que el enemigo se ha aliado con un grupo de hechiceros de alto poder. Debemostener cuidado.

- Lo que digas Dayli.

- ¡En marcha!

El ejército estaba dispuesto. Se vistieron para la batalla y se encaminaron hacia Yov. Tardaron seis días en llegar. Establecieron un campamento base donde esperaron actuar. Aquella batalla sería la más potente de todas las libradas en Meov. Conquistarían Yov y todo terminaría.

Pero todavía quedaba una incógnita: ¿Qué pasaría después? Laep no sabía si convendría trasladar la capital a Ensín Tacup y construir un monasterio nuevo. Yov había sido la capital de Meov desde hacía siglos... Mejor seria dejar Ensín Tacup como capital cultural.

Otra de las ideas de Laep era reformar el monasterio y fortalecer la región que, últimamente, estaba siendo atacada por los vándalos, cada día más malévolos y crueles.

Le sacó Teós de sus pensamientos. Sacó un mapa que colocó sobre el escritorio de Laep.  Representaba la región de Yov.

- Estos lugares –señaló- son los puntos mas débiles de la ciudad. Empezando por el este, la puerta trasera, justo a la derecha encontramos un muro muy débil y mas fácil de penetrar que los otros muros.

- Si, pero está cerca de la azotea del monasterio, y quemar los arietes sería muy fácil.

- Bueno, sigamos, mas al oeste entonces, encontramos la zona de la azotea mas grande del monasterio y, con los escaladores, la batalla estará ganada. - De acuerdo, pero con sigilo.

 

 

3

LA REINSTAURACIÓN DE LA MONARQUÍA Y LA APARICIÓN

 

 

Atacaron la ciudad y llegaron a todos los lugares principales. El monasterio y el castillo del monarca de Meov deberían ser inspeccionados por Laep y Teós. Laep intentó abrir la puerta del monasterio, pero era imposible.

- ¿Qué es esto?

- No tengo ninguna idea de lo que puede ser Laep – contesto Teós- pero sin duda alguna es hechicería.

- ¿Un hechicero puede penetrar en los lugares donde la sabiduría de los magos reina?

- Sí. Asfas IV siempre mencionaba que, cuando un hechicero entra en el monasterio y la puerta se sella, hay una formula para entrar... ¡ya la recuerdo! ¡Porto Dinastía! – la puerta se abre- Lo ves Teós, es muy fácil.

- Esperemos que portes la razón en tus palabras Laep, ¡ojalá el monasterio no haya sido profanado! Podría convertirse en un monasterio de hechicería. - Eso espero Teós.

Y juntos entraron.

Aquello podía decirse que era la forja de un infierno. La cueva de la entrada del averno. Al fondo, sobre la imagen de un pentagrama, aparecía Wertiuy, un sumo sacerdote de la malvada hechicería, que ceñía sobre su cabeza la corona de Meov. Laep grito:

- ¡No!

No podía suceder. De repente, una oleada de luz. Un dragón blanco brillante aparece en la sala y lanza su fuego sobre Wertiuy y vuelve todo como era antes. El monasterio y la sala de la corona.. Sólo que la corona está en el trono y nadie la ciñe. El dragón habla con una voz suave y tranquilizadora:

- Soy Jukalanxo, dios de la sabiduría y la magia. Tú, niño Laep, has traído aquello que Meov necesitaba. La armonía y el equilibrio de la magia. Has acabado con la infiel civilización no-mágica y la cavilación de la corrupta magia. Yo te doy pleno poder sobre todo. Y magia. Te  nombro dios de la magia, la armonía y el equilibrio. Me postro ante tí Laep.

Y, lleno de gozo, se convirtió Laep en dios y salvador de Meov.

 

Antonio Ginés Collado González

 

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