Antonio García Megía y Mª Dolores Mira y Gómez de Mercado, responsables de esta sección,  son Maestros, Diplomados en Geografía e Historia, Licenciados en Filosofía y Letras y Doctores en Filología Hispánica

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La leyenda del último dragón

Nazaret Ferrer  Sánchez

16 años - IES Sol de Portocarrero Almería

 

 

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Grandes nubes grises cubrían el cielo; se avecinaba tormenta.

Tenía que darse prisa si quería llegar a tiempo, todavía quedaba mucho por recorrer. Tenía que salvarla.

Un pequeño rayo de sol asomó por entre las nubes reflejándose, así, en sus oscuras y brillantes escamas de color zafiro. El frío viento se agitaba con fuerza, pero eso no impediría que llegase a su destino…

De repente observó algo en lo que hasta ahora no se había llegado a fijar. Le seguían. Lejanas manchas negras volaban rápidamente hacia él.

El joven dragón azul agitó con más fuerza sus enormes alas incrementando, así, el doble de la velocidad que había llevado hasta ahora.

 

1

 

Oscuridad. Eso era lo único que había en aquella asquerosa celda. Ni una sola rendija, ni un poco de luz, ni de aire… Nada. Acabaría asfixiándose de permanecer un minuto más allí…

Abrieron la puerta. Eran dos hombres de mediana altura y desaliñada ropa; cuidadosamente sacaron a la muchacha de aquel apestoso lugar y la llevaron al exterior.

Al principio la cegadora luz del día la encandiló, pero cuando sus ojos hubieron logrado acostumbrarse a aquella claridad, pudo observar todo detalladamente.

Los dos hombres preparaban un gran carro de viaje; subían y bajaban cosas de este; parecían tener prisa. El carro estaba dirigido por una criatura blanca, parecía ser un caballo si no fuera por el largo cuerno que salía de su cabeza. Ella no creía haber visto nunca una criatura tan hermosa como aquella, pero claro estaba el hecho de que no recordaba nada. ¿Quién era ella? Sintió miedo.

 

2

 

El anciano se sentó en el centro de aquella gran estrella de cinco puntas. Cerrando sus ojos comenzó a murmurar ese complejo hechizo de invocación que había utilizado tantas otras veces.

Aunque era un poderoso mago, debía de tener cuidado, ya que un solo y pequeño error podía terminar con su vida en cuestión de unos pocos segundos. Debía de darse prisa. Pronto una gran guerra estallaría y sólo aquellos que conociesen los grandes secretos de la magia sobrevivirían.

 

 

 

 

 

3

 

La noche era oscura y fría.

Las tres siluetas se encontraban alrededor de aquella acogedora hoguera e intentaban entrar en calor.

La joven muchacha miró una vez más a aquel cielo estrellado, no sabía por qué, pero le recordaba a algo…o a alguien… pero aunque lo intentaba no conseguía recordar nada.

Los dos harapientos hombres hablaban en un extraño idioma que ella no parecía conocer. Por un momento, creyó ver como discutían ya que empezaron a alzar la voz y poner cara de pocos amigos, pero al poco tiempo, y como si no hubiese pasado nada, comenzaron a hablar y a reír.

Durante el viaje en aquel carro dirigido por la hermosa criatura blanca, ella había intentado comunicarse con ellos pero ni se habían inmutado. Aunque la ignoraban, no la habían tratado como una prisionera, al contrario, la habían tratado bastante bien; le habían dado alimento, agua e incluso limpios ropajes.

Ahora, después de ese largo viaje, se encontraban en mitad de un oscuro bosque en el gran silencio de la noche. A veces, se escuchaban ruidos extraños entre los arbustos o que parecían provenir de la lejanía, quizás, proveniente de algún animal salvaje. También se podía oír el ulular de algún búho que parecía vigilarlos desde alguno de los muchos árboles…

La soñolienta chica se tumbó en una de las cálidas mantas, estaba agotada. Seguía sin recordar nada, ni un nombre, ni un acontecimiento, ni una cara… nada de lo que había ocurrido, ni de cómo había ido a parar a aquella apestosa celda… nada, aunque había algo que si conseguía recordar con gran claridad pero no sabía por qué… Eran unos grandes ojos de un intenso azul, parecían dos enormes zafiros en los cuales se podía ver reflejada una gran sabiduría y una bondad que consiguió que se sintiese tan insignificante… Recordar aquellos hermosos ojos le tranquilizaba. Sentía como si nada le pudiese ocurrir, como si hubiese alguien que velase por ella en algún lejano lugar.

Poco a poco, sus pequeños ojos fueron cerrándose y, lentamente, fue cayendo en un extraño sueño. En el sueño, una piedra mediana y celeste brillaba con gran intensidad. La muchacha intentó cogerla, pero el extraño objeto se desvaneció, y entonces todo quedó inmensamente oscuro…

La joven chica se despertó. Era todavía de noche, pero había escuchado algo. Los dos hombres parecían dormir plácidamente y nada parecía estar fuera de lo normal… Escuchó, atentamente, en el tranquilo silencio de la noche. Nada. Sólo se podían oír los fuertes ronquidos de sus opresores y la débil brisa del viento que soplaba. Pensó que, quizás, se lo hubiese imaginado así que decidió dormirse de nuevo.

De repente escuchó algo. Provenía de unos alejados y grandes arbustos.

Lentamente y sin hacer el menor ruido; fue acercándose, poco a poco, hasta llegar a situarse en frente de aquellos enmarañados matorrales. Sin previo aviso, una enorme criatura negra saltó sobre ella haciéndole caer al suelo. Parecía ser un gran lobo de no ser por su enorme tamaño, sus oscuros y furiosos ojos, y de algo que brillaba con gran intensidad en su cabeza. Era una palabra escrita, aunque no sabía lo que significaba. La criatura la miró fijamente, quizás, con odio y emitió un fuerte gruñido. La muchacha quiso correr, quiso gritar, quiso hacer algo… pero al miedo la paralizaba. Pudo observar como una flecha envuelta en fuego se clavaba en el lomo de la horrible criatura haciéndole retroceder.

Sus opresores corrían hacia ella lanzando numerosas flechas de fuego a la bestia, aunque no parecían hacerle el mínimo daño.

Una segunda criatura negra salió de la oscuridad. Esta vez la joven reaccionó. Levantándose, rápidamente, corrió asustada. No sabía hacia dónde iba, pero no importaba, no quería morir. Sintió como uno de aquellos enormes monstruos le seguía velozmente, pronto la alcanzaría.

De pronto algo ocurrió. Todo se volvió completamente oscuro para ella, sintió que se elevaba y que todo daba vueltas. Tuvo que cerrar los ojos para no marearse, pero cuando los volvió a abrir pudo ver que no se encontraba en aquel oscuro bosque sino en una acogedora casa.

Todo estaba desordenado. Viejos libros y mantas llegaban a invadir casi todo el suelo, aunque el lugar en el que ella se ubicaba lo único que podía llegar a invadir era el polvo. En frente suya un anciano la observaba fijamente, parecía cansado pero, a la vez, satisfecho. El hombre se encontraba en el centro de una estrella de cinco puntas que había sido dibujada en el polvoriento suelo.

Después de un largo e incómodo silencio en el que intercambiaron numerosas miradas; el anciano sonrió y, por fin, logró decir:

-Bienvenida de nuevo, Kya.

 

4

 

Ya estaba cerca. Hacía rato que había conseguido despistarlos, pero sabía que pronto lo alcanzarían. Los bludors eran más ligeros e incluso podían llegar a ser mucho más rápidos voladores que un propio dragón.

Debía de tener mucho cuidado, seguramente estas oscuras criaturas voladoras estaban buscando lo mismo que él. La iban buscando a ella.

El joven dragón pudo observar como el rastro de la chica se perdía en el interior de un enorme bosque. ¿Qué significaba aquello? ¿Estaba ella allí? No podía ser…no conseguía sentirla… Eso podía ser una mala señal, si estaba muerta él nunca se lo perdonaría, nunca debió haberle confiado la sagrada reliquia, nunca debió llevársela consigo aquella noche, nunca debió enamorarse… Ahora, por culpa de todo aquello, ella se encontraba en peligro…

Rápidamente fue descendiendo hacia el bosque, pero de repente sus enormes alas le fallaron y comenzó a caer en picado. Cayó encima de un alto árbol al que consiguió destrozar casi por completo y derrumbarlo.

Sus fuerzas empezaban a fallar y su energía comenzaba a agotarse. Necesitaba encontrarla no sólo por ella, sino por él. Sin la reliquia tenía los días contados.

 

5

 

 La chica parecía confusa y asustada. El viejo mago consiguió que se sentara en uno de los estropeados sillones y comenzó a prepararle un delicioso té. Mientras lo preparaba pudo observar detalladamente a la joven. Seguía como siempre. Su largo y castaño cabello caía sobre sus hombros, su tez estaba tan morena como siempre y sus oscuros y marrones ojos miraban todo con curiosidad.

 -Perdona el desorden,-dijo el anciano en frente de esta y ofreciéndole el ardiente té- he estado practicando algunos complejos hechizos que hacía tiempo que no utilizaba.

El hechicero sonrió y, por primera vez, la joven habló:

-¿Quién es usted? ¿Dónde estoy?

-Soy Sglivor un mago blanco y estás en mi casa. Tranquila, estás a salvo; imaginé que pasaría algo de esto cuando te fuiste de mi casa y, así, decidí que te invocaría para evitar que completases el hechizo, pero ya veo que es demasiado tarde. ¿No recuerdas nada? ¿Hasta dónde recuerdas, Kya?    

Kya comenzó a relatar todo lo ocurrido desde que aquellos sucios hombres le sacaron del extraño y oscuro calabozo. No recordaba nada más.

Cuando esta terminó Sglivor quedó pensativo. Si la chica no recordaba nada de lo sucedido iban a tener serios problemas. ¿Qué podía hacer él ahora?

-¿Por qué no recuerdo nada? ¿Quién soy yo? ¿Qué está sucediendo?- Kya hablaba con desesperación.

-Tranquila, te lo explicaré todo en breves palabras pero cálmate. Te llamas Kya y vives en un poblado al este de aquí llamado Maltirya, bueno “vivías”… Te contaré todo desde el principio. Existe un poderoso y oscuro mago que gobierna gran parte de estas tierras que responde al nombre de Hidar o más conocido como el mago sin rostro. Muy pocos han sido aquellos que han llegado a observar su horrible rostro descompuesto y, que yo sepa, sólo uno de ellos vive. Este oscuro mago pretende reunir cinco piedras; son reliquias sagradas pertenecientes cada una a los cinco antiguos y legendarios dragones. Con las cinco juntas podría invocar a un poderoso dragón y podría controlarlo como quisiese, con ello todos estaríamos perdidos… Hidar posee cuatro reliquias y está buscando desesperadamente la quinta del quinto dragón, el único que sigue vivo en este momento… Esta hermosa criatura se ha convertido en su obsesión, ha reunido a todos sus hombres y sino actuamos pronto entraremos en una guerra donde mucha sangre será derramada…

-¿Y qué tengo que ver yo en todo esto?

-Hace poco el dragón fue capturado por el mago sin rostro y obligó a este a revelar en qué lugar se hallaba escondida su sagrada reliquia. Sin embargo él se negó a decírselo y fue sometido a grandes torturas. Tú, Kya, te encontrabas cautiva en ese momento en la gran torre de Hidar con muchos de los habitantes de tu poblado. Los aprendices del oscuro mago arrasaron con Maltirya y con algunos de sus poblados vecinos e incendiaron todo… Niños, mujeres, hombres, ancianos… todos muertos, no han tenido piedad con nadie, vosotros erais los siguientes. Sin embargo conseguisteis escapar y tú, como siempre tan curiosa, entraste en la cámara donde se encontraba cautivo Karhu…

-¿Karhu? ¿Quién es Karhu?

Sglivor quedó en silencio durante unos breves minutos. No lo recordaba… El hechizo había funcionado. Había conseguido olvidarlo, pero no había funcionado como esperaba, la chica no recordaba nada.

-Karhu es el nombre que recibe este magnífico dragón. Kya, lo salvaste y lo liberaste de Hidar, revolucionaste toda la torre con todos sus magos y, aún así, conseguisteis escapar. Volaste junto a él y conociste a uno de los seres más maravillosos y grandes que ha podido existir, te confió su reliquia y fuiste la primera persona que pudo verlo en su forma humana…

-¿Su forma humana? Creía que era un dragón.- la joven estaba cada vez más confusa.

-Pero él no es sólo un dragón, forma parte de los cinco antiguos dragones legendarios por lo que antes de convertirse en dragón por la reliquia fue humano como los otros cuatro. Cualquiera que posea la reliquia de uno de los dragones podrá verlo tal y como es. Eres afortunada. Pasaste con él cuatro días escondidos en las montañas del norte para que el mago sin rostro no os pudiera encontrar; hace dos días él te trajo aquí y me contasteis todo…

El viejo mago no sabía si seguir, no podía contarle… No, no podía contarle aquello, ella había arriesgado su vida para realizar aquel hechizo que  consiguiese hacerle olvidar lo ocurrido, que pudiese hacer borrar sus sentimientos…había arriesgado su vida para realizar aquel hechizo que  consiguiese hacerle olvidar lo ocurrido, que pudiese hacer borrar sus sentimientos…

-…él se marchó…y…-Sglivor pensó bien en lo que tenía que decir-y tú decidiste partir hacia Dáli, un poblado no muy lejano de aquí, en busca de un mago rojo que te hiciese olvidar ciertos recuerdos que no deseabas tener. Los magos rojos son aquellos que manejan la magia de la mente pero muy pocos la controlan totalmente. Ahora debemos encontrar a Amarant, el mago rojo que te trató, y hacer que invierta el hechizo o de lo contrario estaremos perdidos…

-¿Cómo lo conoces?¿Tú también viniste conmigo a Dáli?

-No, pero fui yo quien te aconsejó que fueses a verlo, es un viejo amigo mío, aunque ya  veo que te aconsejé mal, no debí de confiar tanto en él.

Todavía había demasiadas cosas que Kya no terminaba de entender.

-Pero, ¿para qué querría yo borrar mis recuerdos?¿Tan malos eran?¿Sabes tú que era aquello que quería olvidar?- la muchacha preguntó.

-No, no me lo dijiste – el anciano apartó la vista de la joven, se sentía mal, pero debía hacerlo…

-¿Y la reliquia?¿Dónde está?

 -Ese es el problema. Tú la escondiste, tú eres la única que sabe dónde está, por eso debemos encontrar a Amarant y que devuelva tus recuerdos, necesitamos encontrarla rápidamente.

-¿Por qué? Me refiero que de esta forma Hidar no podrá poseerla. ¿No es mejor así?

-Kya, esa reliquia es la que da la suficiente energía a un dragón para que pueda vivir. Karhu se está muriendo en estos momentos, él te la confió temporalmente y te dijo que la escondieras porque tenía que marchar lejos y temía ser capturado; claro él nunca imaginó que ocurriría esto.

-¿Y esos hombres de los que te he hablado? ¿Quienes eran? No hablaban nuestro idioma.

-Por tu descripción imagino que son hombres de Liam, un mago verde. Hablan el idioma de la magia. Estarían de paso por Dáli y te verían, te capturarían después de haber realizado el hechizo…supongo. No suelo tratar con magos verdes así que ignoro cuáles serían sus intenciones.

Por primera vez en mucho rato los dos callaron.

Fuera, pequeñas gotas de agua comenzaban a golpear con fuerza los sucios cristales de las ventanas. El viento se agitaba con violencia zarandeando desde el más pequeño arbusto hasta el más alto de los árboles.

 -Kya, -Sglivor fue el primero en hablar- has conseguido evitar a Hidar y escapar de él llevándote a su más sagrado tesoro, Karhu. Está furioso y quiere matarte. Todo el reino está buscándote. Te encuentras en peligro y, a la vez, indefensa pues no recuerdas nada. Debemos de actuar rápido o pronto estallará una gran guerra, y cuando esto ocurra, ya no quedará ninguna esperanza…todos estaremos perdidos.

 Fuera ya había empezado la enorme tormenta.

 

6

 

Ya era tarde. Sus hombres debían de haber llegado hacía rato, sin embargo seguía sin noticias de ellos… Quizás no habían encontrado a la chica o, quizás, hubiese escapado y estaban buscándola… De todas formas esta falta de noticias le desesperaba.

Liam repasó una vez más el hechizo. Era un hechizo largo y complejo, sabía que sería difícil realizarlo pero lo conseguiría. Sí, lo conseguiría por el bien de todos. Con este destruiría la reliquia para siempre y, con ella, a su dragón; pero primero tendría que obligar a la chica a dársela. Hacía dos días sus espías le habían informado que esta sagrada piedra había dejado de estar en el poderoso dragón y que ahora era poseída por una joven humana. Al principio no había podido creerlo, estaba extrañado, ¿por qué un dragón iba de confiar el elixir de su propia vida a una chica, a una mortal?¿Qué extraños motivos había causado aquello? No lo sabía, pero todo se había confirmado tras llegar a sus oídos que Hidar había puesto bludors por todo el reino. Había mandado a estos impresionantes rastreadores en busca de la muchacha por lo que la cosa debía ser seria.

Empezaba a impacientarse. ¿Qué ocurría? Tenían que estar ya allí. El hechicero decidió esperar una hora más, sino aparecían, él mismo saldría en busca de la humana.

 

7

 

Kya y Sglivor salieron al anochecer, habían estado todo el día durmiendo ya que se encontraban agotados tras la larga conversación de la noche anterior. Por la noche el viaje sería más seguro ya que podrían evitar ser vistos por cualquiera de los espías que Hidar tenía repartidos por todo el reino.

Partían hacia Dáli en busca de Amarant, el mago rojo.

Durante el camino a penas conversaron, iban sumidos cada uno en sus propios pensamientos.

Kya se encontraba confusa, confiaba en el mago pero había algo que no terminaba de encajar, no sabía por qué pero sentía que este le ocultaba algo… Estaba muy asustada porque, de repente, se había visto envuelta en todo un lío.

Al amanecer llegaron a Dáli. Era un poblado enorme, Kya no recordaba nada pero, aún así, tuvo la impresión de haber estado allí. Sí, ella había estado allí antes, no cabía la menor duda. Comenzaron a andar por las estrechas calles, no había nadie por estas, todos parecían dormir.

El anciano paró delante de una vieja y destartalada casa, pero no llamó a la puerta sólo se limitó a observarla. Pasaron los minutos y Sglivor seguía inmóvil frente a esta, parecía extrañado…

-¿Qué pasa?¿No entramos?- Kya empezaba a impacientarse.

De pronto una gran ráfaga de aire se levantó haciendo, de este modo, zarandear la blanca túnica del mago y su vieja túnica de color marrón. Sglivor miró el cielo. Aunque sólo se podían llegar a observar grises nubes, había algo más allí. La chica también lo sentía.

El mago susurró algo que Kya no llegó a entender, y a los pocos segundos la puerta de la vieja casa se abrió como si una extraña e invisible fuerza hubiese empujado de ella. Magia.

Rápidamente entraron. Todo estaba inmensamente oscuro, no se podía ver nada. Por segunda vez la joven escuchó susurrar al viejo hechicero. Una luz iluminó todo, provenía de una de las manos del mago y fue ascendiendo, poco a poco, hacia el techo haciendo iluminar todo. De esta manera, Kya pudo observar detalladamente toda la habitación. Las grandes ventanas se encontraban tapadas por enormes palos de madera, las paredes contenían raros dibujos y palabras escritas en otro idioma, los pocos muebles estaban destrozados y tumbados en el suelo…¿qué pasaba allí?... En el suelo había dibujada una estrella de cinco puntas como las que había visto en casa de Sglivor. La joven pensó que aquella debía ser la casa de Amarant pero…¿dónde estaba el mago?

Kya miró a Sglivor, este contemplaba los extraños dibujos de la pared. Ella había estado allí antes, se propuso buscar algún indicio que le indicara su presencia en aquel lugar anteriormente. Quizás consiguiese recordar algo. Lentamente fue avanzando por la habitación y entrando en otras habitaciones de la casa. Todas estaban vacías.

Llegó a la última. Allí a penas llegaba a alcanzar la mágica luz de Sglivor, sin embargo, pudo ver un cuerpo que yacía en el suelo. Se acercó, cuidadosamente, y se agachó para poder observarlo mejor. Era un hombre de avanzada edad, su barba era larga como la de Sglivor, aunque su rostro no podía observarse bien ya que se encontraba cubierto de lo que parecía ser sangre.

De pronto sintió como alguien la cogía del brazo bruscamente y le susurraba al oído:

-Vámonos Kya.

Cuando se giró pudo ver el rostro preocupado de Sglivor. Algo grave estaba ocurriendo, lo notaba en la expresión del viejo hechicero.

Volvieron silenciosamente a la habitación principal. Sglivor parecía susurrar algo aunque apenas audible para la joven muchacha.

-Ponte en el centro de la estrella elemental, Kya.- Sglivor hablaba en voz baja.

Kya miró hacia donde señalaba el mago. Era la extraña estrella de cinco puntas que también había visto en casa de Sglivor; la chica le obedeció. Este siguió hablando en voz baja:

-Te voy a enviar lejos de aquí, a salvo…

-¿¿Qué?? ¿Cómo que me vas a enviar lejos de aquí? ¿Y tú qué?

-Shhh….no grites, pueden oírnos… Tú eres más importante que yo. Yo me quedaré aquí descubriendo que ha pasado, cuando termine me reuniré contigo. Te voy a enviar a un lugar donde no te podrán encontrar, sólo tienes que seguir el camino para estar totalmente a salvo…ten cuidado pues los seres con los que te vas a encontrar desconfiarán de ti, tendrás que ganarte su confianza y….

De pronto un espantoso estruendo sonó en el techo de la estancia. Rápidamente, y con un breve gesto de la mano del mago, Kya se sumió en una inmensa oscuridad quedando, de esta forma, inconciente.

 

(Continurá)

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