FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

CREER A DIOS, CREER SOBRE DIOS Y CREER EN DIOS

(especulación teológico-lingüística)

Por fray Ramón Hernández, O. P.


 

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Ramón Hernández   

Santo Tomás de Aquino en la Suma de Teología, inspirado en San Agustín, distingue muy netamente estos tres modos de creer: “credere Deo”, “credere Deum” y “credere in Deum”.

         Creemos que esta es la verdadera traducción, exacta y breve: “creer a Dios”, “creer sobre (o acerca de) Dios” y “creer en Dios”.

         He visto otras traducciones, que no me satisfacen en alguna de las tres fases. Unas veces por usar circunloquios explicativos, que son más bien interpretaciones, y no completas, que mera traducción. Incluso pierden la elegancia y precisión del original latino. Doy dos ejemplos:

         uno es de uso frecuente; reza así o de modo parecido: “creer a Dios”, “creer que hay (o existe) Dios” y “creer en Dios amándolo”;

         otro es el que vemos en la edición en español de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC maior) que lo traduce: “creer por Dios”, “creer a Dios” y “creer en Dios”.

         En el primer ejemplo “creer que hay Dios” (por “credere Deum”) es una traducción que nos da de forma incompleta el contenido de la expresión latina. “Credere Deum” no es sólo creer en la existencia de Dios, sino también en sus perfecciones y actuaciones.

         En el segundo ejemplo la expresión “creer por Dios” (que traduce el “credere Deo”), añade al acto de creer el motivo de poner ese acto, que es la autoridad de Dios. Es por consiguiente una interpretación o una explicación, más bien que una pura y mera traducción. La traducción exacta y precisa es “creer a Dios”: lo que Dios dice, sin explicaciones ni interpretaciones. La segunda expresión del segundo ejemplo (“creer a Dios” por “credere Deum”) es imprecisa; puede sugerir que se trata de “creer lo que dice Dios”, pero no es eso, pues estamos en latín ante un complemento directo, que es el objeto de la fe, que es todo el ser de Dios o lo que las fuentes sagradas dicen de Él. Por eso la traducción plena y verdadera es “creer sobre (o acerca de) Dios.

         Otros prefieren usar giros explicativos, perdiendo en gran manera la expresividad de la brevísima y elegante composición del latín: “creer lo que Dios ha dicho”, “creer que Dios existe” y “creer en Dios tendiendo con la voluntad hacia Él”. La traducción de la segunda frase como “creer que Dios existe” la vemos con frecuencia en los comentaristas clásicos de Santo Tomás. Pero es incompleta, porque, teniendo a Dios como complemento directo, abarca no sólo su existencia, sino también sus perfecciones y sus obras.

         No siempre es fácil traducir bien, es decir, expresando el contenido sin exceder en palabras al original o conservando el valor original de cada término. Muchas veces todo esto es imposible: el mismo número de palabras y conservar todo el significado de la frase. Entonces habrá que aspirar a un número mínimamente superior de términos, manteniéndose fiel en plenitud al texto original.

         ¿Valdrá en nuestro caso esta mi traducción, la que he ofrecido al principio: “creer a Dios”, “creer sobre Dios” y “creer en Dios”? No es posible ser más breve y al mismo tiempo más fiel al contenido de la expresión latina.

         Quizás, para hacer más claras las formulaciones o más al alcance del gran público, fuera mejor una traducción- explicación, siempre breve y bien precisa: “creer lo que Dios dice”, “creer lo que de Dios se dice (o se sabe)” y “creer en Dios con amor”.

         “Credere Deo”: creer a Dios, o creer lo que Dios dice. Toda la Sagrada Escritura es palabra de Dios. Creer en la Sagrada Escritura es creer a Dios, que nos ha hablado y nos sigue hablando en la Biblia.

         “Credere Deum”: creer sobre (o acerca de) Dios es creer no sólo lo que la Escritura nos dice acerca de Dios, sino también lo que el auténtico o verdadero magisterio, como el del papa, los obispos y los concilios, nos dicen acerca de Dios. Por lo tanto no sólo es “creer que Dios es o existe”, sino también lo que Él es y hace (sus perfecciones, su amor a los hombres, los misterios trinitarios, la Encarnación etc.).

         “Credere in Deum”: creer en Dios con amor o creer en Diós amándolo. Es la fe vivificada por la caridad, y no sólo la fe como mero asentimiento intelectual, como se da en los dos casos anteriores, cuando se limitan a admitir con el mero entendimiento lo que dice Dios por medio de la Escritura y lo que se dice acerca de Él en los medios indicados como mera ciencia o conocimiento, sin el compromiso amoroso de la voluntad hacia esos contenidos intelectuales.

         ¿Son actos distintos de fe o son el mismo acto considerado bajo distintos aspectos? Los dos primeros pueden ser actos de la fe llamada informe (o fe muerta), es decir, no informada o vivificada por la caridad. Son el mismo acto, pero considerado bajo dos aspecto: en cuanto se considera por relación a la materia-objeto de la fe (creer sobre Dios), o en cuanto se considera la autoridad, de donde proviene o que nos propone la materia u objeto de la fe (creer a Dios, que habla).

         Ese mismo y único acto de fe puede llegar a ser formado o vivificado por la caridad (creer en Dios, amándole o tendiendo a Él con la voluntad movida por una gracia o auxilio especial de Dios). Es un grado superior o más intenso del mismo acto de fe anterior

 EXPLICACIÓN  DE  SANTO  TOMÁS

         Santo Tomás de Aquino en la Suma de Teología, Segunda de la Segunda Parte, cuestión 2, artículo 2, se pregunta si el acto de fe se distingue convenientemente según las expresiones “credere Deo”, “credere Deum” y “credere in Deum”. Expongo ahora este artículo de modo muy personal, es decir, añadiendo mis postillas de interpretación o de breve comentario[1].

         Resumimos lo que dice el santo en el lugar citado. El acto de una potencia o de un hábito se toma según la ordenación que dice esa potencia o hábito hacia su objeto. Ahora bien el objeto de la fe se puede considerar de tres maneras:

         como creer pertenece al entendimiento en cuanto es movido por la voluntad para que asienta al objeto que se le propone, ese objeto de la fe puede tomarse

         o por parte del entendimiento

         o por parte de la voluntad que mueve al entendimiento.

         Por parte del entendimiento en el objeto de la fe se pueden considerar dos aspectos:

         uno en cuanto es el objeto material de la fe, y esto se expresa con la fórmula “creer sobre Dios” (“credere Deum”); porque nada se nos propone para creer, a no ser en cuanto dice relación a Dios;

         otro aspecto es, no el objeto material, sino la razón formal de ese objeto, o el llamado objeto formal, que es el medio o la luz por la que el entendimiento asiente a dicho objeto material; esto se expresa con la fórmula “creer a Dios” (“credere Deo”). En efecto, el objeto formal de la fe es la verdad primera, a la cual se adhiere el hombre, para asentir a las cosas que son objeto de fe.

         Estos dos aspectos aparecen en el objeto de la fe por parte del entendimiento.

         Falta el tercer aspecto, que es el que aparece cuando se pone el objeto de fe en relación con la voluntad que mueve al entendimiento al acto de fe; este tercer aspecto se expresa con las palabras “creer en Dios [con amor]” (“credere in Deum”).

         Estos tres aspectos, que hemos analizado, no designan actos de fe necesariamente distintos, sino que uno y el mismo acto puede gozar de las tres facetas; la última puede faltar a algunos actos de fe, como es la fe no formada de los pecadores, que estén en pecado mortal. La voluntad mueve al entendimiento, como a todas las fuerzas del alma hacia su fin, y este movimiento lleva la fe a la perfección, y en este movimiento o amor a los objetos de la fe cabe una indefinida gama de grados.

 COMENTARIO  DE  FRANCISCO  DE VITORIA

         [Damos la traducción del comentario de Francisco de Vitoria al citado artículo segundo de la cuestión segunda de la Suma de la Teología Santo Tomás de Aquino, Segunda de la Segunda Parte[2].]

 ARTÍCULO SEGUNDO

Si se distingue convenientemente el acto de fe según sea “creer a Dios”, “creer sobre Dios” y “creer en Dios” (credere Deo, credere Deum y credere in Deum).

                  1. Expone la diferencia entre estas tres cosas: creer a Dios, creer sobre Dios y creer en Dios. Ve San Agustín Sobre San Juan, tratado 29, cap. 6[3]. Ve también el famoso libro Sobre el conocimiento de la vida beata[4][o verdadera], donde dice: “mucha es la diferencia entre creer a Dios, creer sobre Dios y creer en Dios; los demonios y los paganos creen (a Dios y sobre Dios), pero no creen en Dios… En Dios creen los que, amándole, tienden a Él… El justo vive por esta fe, según Habacuc 2 (4)”… Y más abajo: “esta fe es nutrida por la esperanza… y es animada por el amor”.

         2. Durando, en su comentario al tercer libro de las Sentencias, distinción 23, cuestión 4, artículo 3, encontró en este artículo algún motivo de calumnia. Dice que “creer en Dios” (“credere in Deum”) no es un acto de la fe, como enseña Santo Tomás, sino un acto del entendimiento, de la voluntad y de la caridad, porque creer en Dios es creer en Él amándolo y tendiendo hacia Él. Ahora bien esto pertenece a la voluntad y al entendimiento. Luego el acto de “creer en Dios” pertenece a la voluntad y al entendimiento, y no a la fe.

         Respondo que esta argumentación se hace desde la ignorancia de la filosofía. Es cierto que el acto imperado no es un acto múltiple; es un solo acto, y no dos. Un ejemplo: doy la limosna; el querer dar la limosna es imperado por la caridad, y no hay dos, sino un solo acto. De igual manera, si leo por amor a Dios ¿quién puede decir que ese acto es de la lengua y de la voluntad? Éste es un solo acto, y es de la lengua. Así también “creer en Dios” es un solo acto, y es del entendimiento, aunque sea imperado por la caridad.

         3. Hay una duda: si “creer en Dios” implica que el hombre es movido por la voluntad, como dice Santo Tomás, pues la verdad primera, objeto de la fe, hace referencia a la voluntad en cuanto tiene razón de fin, entonces se sigue que los pecadores “creen en Dios”. Ahora bien esto va contra San Agustín en los lugares aducidos, donde dice que sólo “creen en Dios” los que le aman.

         Prueban la secuela (que los pecadores “creen en Dios”), diciendo que los pecadores “creen sobre Dios” y tienen actos de fe; ahora bien no pueden realizar estos actos, si no son movidos por la voluntad mediante un auxilio divino. Luego la conclusión (que sólo “creen en Dios” los que le aman) es falsa.

        Se responde. Es cierto que nadie puede creer sin ser movido por la voluntad; pero tal movimiento es suficiente para que “creamos sobre Dios”[5]. Sin embargo es necesario que uno crea en Dios con un piadoso afecto de la volutad. Ahora bien es cierto que los pecadores no tienen este afecto piadoso de la voluntad, pues odian a Dios. Santo Tomás no habla aquí de cualquier afecto de la voluntad, sino del afecto piadoso y del movimiento bueno de la voluntad.


[1]  Cita Santo Tomás dos textos de San Agustín. El primero es del sermón 144, capítulo 2, número 2, que, tomando sólo las expresiones de que estamos tratando, dice: “credere Christum et credere in Christum differunt … Nam ipsum credere Christum et daemones crediderunt, nec tamen in Christum daemones crediderunt. Ille enim credit in Christum, qui et sperat in Christum et diligit Christum. Nam, si fidem habet sine spe et sine dilectione, Christum esse credit, non in Christum credit" (Patrologiae  cursus completus… Series Latina… Accurante J. – P.Migne… Tomus XXXVIII… Lutetiae Parisiorum 1865, col. 788).

   El segundo texto es del comentario al Evangelio de San Juan, tratado 29, número 6, que como el texto anterior habla de Cristo, y aplica luego a Pedro y a Pablo; aquí usa las expresiones “credere in eum (Christum)” y “credere ei (Christo)”, como “credere in Petrum (vel Paulum)” y “credere Petro (vel Paulo)”; “credere in Eum” (est) credendo amare, credendo diligere, credendo in Eum ire…” (Patrologiae cursus completus… Tomus XXXV… Lutetiae Parisiorum 1864, cols. 1630 – 1631).

 [2]  Vicente Beltrán de Heredia, O. P., Francisco de Vitoria, O. P., Comentarios a la Secunda Secunda de Santo Tomás, edición preparada por el R. P… Tomo I: De fide et spe (qq. 1 – 22)…, Salamanca 1932, págs. 63 – 64. 

[3]  Patrologiae cursus completus …  Tomus XXXV… Lutetiae Parisiorum 1864, cols. 1630 – 1631). Como la nota 1.

[4]  San Agustín, Cognitio vitae seu De cognitione verae vitae liber unus, cap. 37 Quid differant credere Deum et credere in Deum. Se trata de una obra atribuída a San Agustín. El texto es el siguiente: “Multum. Daemones etenim et pagani credunt Deum, sed non credunt in Deum. Credunt namque quod Deus sit qui omnia creavit, ac super omnia potens sit. In Deum autem tantum credunt, qui, eum diligendo, in illum tendumt… " (Patrologiae cursus completus… Tomus XL... Parisiis 1887, col. 1025. También aquí encontramos sólo dos de las tres fórmulas, que, admirablemente conjugadas, vemos en Santo Tomás.

[5]  Pienso que el texto impreso de Francisco de Vitoria no precisa bien esta frase (“creamos sobre Dios”). Dice “credamos in Deum”, que exige –según todo el contexto vitoriano y la doctrina de Santo Tomás expuesta anteriormente- el afecto piadoso de la voluntad inspirado por Dios, y es de ese afecto piadoso o amor sobrenatural a Dios, de lo que carecen los pecadores, al perder la gracia, y con ella la caridad.

 


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