FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

 

 

TEOLOGÍA, cIENCIA DE DIOS Y SOBRE DIOS

Por fr. Ramón Hernández Martín, O. P.


 

Contactar con

Webmaster

  

Contactar con

Ramón Hernández

 

 

 


 

 Así definen de ordinario la Teología: Tratado o Ciencia sobre Dios. Digamos, sobre Dios o de Dios, el mejor teólogo es Dios, que es el que mejor conoce a Dios y el que tiene la verdadera teología, porque es el que más sabe sobre Dios. Yo aprendí de niño lo que hacía Dios antes de crear el mundo, en la eternidad. Él solo, en plena soledad. ¿En qué mataba o empleaba la aparente aburrida eternidad? Me lo dijeron cuando era niño: en la eternidad Dios se contemplaba a sí mismo. No me olvidaré nunca, muy agradecido, del que me enseñó esa verdad tan preprincipal, tan primordial. ¡Cómo me impresionaba admirativamente esa frase! No calaba su contenido, pero gustosamente la admiraba.

   Cuando estudié el Tratado de Dios en la Suma de Teología de Santo Tomás, empecé a gustarla mejor, a entrar algo en el significado de ese apotegma: la felicidad de Dios desde la eternidad es contemplarse a sí mismo. Más adelante el Tratado de la Trinidad del mismo santo en la misma obra, me hablaba de las Tres Divinas Personas y las Divinas Relaciones y pensé en la infinitud del Padre, infinitud del Hijo e infinitud del Espíritu Santo, y me pareció entender la razón de aquel supremo principio: Dios se contempla a sí mismo eternamente. Y concluí que, en efecto, Dios tenía bastante con esto.

   Acabo de leer en la obra del teólogo dominico Melchor Cano, titulada Los Lugares Teológicos los siguientes párrafos:

   “¿Y qué decir del hecho de que nuestra Teología es una cierta impresión de la Sabiduría divina, la cual Teología comporta a la vez la capacidad tanto de especular como también de obrar? Nada obsta, por consiguiente, a que la misma luz del rostro de Dios, la cual ha sido grabada en nosotros, manifieste a la vez una y otra cosa, lo que conviene contemplar y lo que hay que obrar.

   “Como el alma racional, al ser la más eminente de todas las formas, tiene ciertamente en grado excelente también las facultades sensitivas y vegetativas, pero no obstante la primera y a la vez la principal facultad en ella es la intelectiva, y no ejerce las demás facultades a no ser, en definitiva, para cumplir la función propia de la inteligencia; así pues del mismo modo dijo Santo Tomás[1] acertada y sabiamente que la teología desempeña una y otra función, la de especular y la de obrar, aunque especule más que obre. No obra, en efecto, sino porque, obrando, tiende al perfecto conocimiento de Dios.

   “Explicadas brevemente estas cosas, se comprenden de forma suficientemente clara y cabal aquellos tres puntos, cuya exposición asumí al comienzo de este capítulo, a saber, cuál es la noción y definición propia de la teología; cuál a su vez es la materia a ella sujeta, sobre la que versa, y, por último, cuál es su fin, tanto primario como secundario.

   “La Teología es la ciencia que enseña qué sea la naturaleza divina y cuáles son las facultades y propiedades de esa naturaleza. Dios mismo es el objeto y sujeto propuesto de esta disciplina, y, por así decirlo, la materia sobre la que debe versar, pues de esas tres maneras es designada por los filósofos la realidad que una facultad cualquiera se propone tratar y conocer con la mente. El fin primario es ciertamente el conocimiento y la contemplación de la  naturaleza divina desplegada a través de las potencias, virtudes y propiedades de Dios; mientras que el secundario es el obrar humano que se refiere a las costumbres necesarias para vivir bien y santamente”[2]

   Se lo oí contar de viva voz al dominico P. Aniceto Fernández, que fue Provincial entre 1950 y 1962, y Maestro de la Orden de Predicadores  desde 1962 hasta 1974. Era el P. Aniceto un gran admirador del sabio dominico Santiago Mª Ramírez. Esta importante anécdota la escribió luego el P. Aniceto al poco tiempo de la muerte del P. Ramírez, primero en el diario del Vaticano titulado L’Osservatore Romano, y después en Analecta Sacri Ordinis Fratrum Praedicatorum. Es una anécdota que confidencialmente, en conversación amistosa, le reveló el mismo P. Ramírez al P. Aniceto.

   Cuenta, pues, el P. Aniceto Fernández que el P. Santiago Mª Ramírez, siendo estudiante en el antiguo “Colegio Internacional Angelicum”, hoy Universidad de Santo Tomás, salió una tarde de paseo largo con todos los estudiantes, y llevó consigo la Primera Parte de la Suma de Teología de Santo Tomás de Aquino. Llegados a un lugar espacioso, en que se permitió a los estudiantes una parada amplia, el estudiante Ramírez se apartó del grupo y se puso a leer los primeros artículos del citado libro.

   Y en su lectura llegó a la definición de la Sagrada Teología que da Santo Tomás: “cierta impresión de la ciencia divina, que es plenamente una y simple” (“quaedam impressio divinae scientiae, quae est una  et simplex omnium”). Esa frase tan breve y simple iluminó su mente de tal modo, que le dejó inmóvil como extasiado, gozando y contemplando el profundísimo sentido que en ella se encierra. Cuando volvió en sí estaba oscureciendo y le costó bastante unirse a los últimos, que iban camino de casa. Esa definición le pareció que le abría el camino para entrar de lleno en la sabiduría teológica, que entonces comenzaba a estudiar. Incluso cuando lo contaba, testifica el P. Aniceto, notaba uno la impresión indeleble, que le había dejado aquella frase, objeto de tantas y tan profundas meditaciones en la vida de aquel sabio dominico (el mayor del siglo XX, digo yo).

   Como broche de oro, el texto de Santo Tomás: Primera Parte de la Suma de Teología, cuestión primera, artículo 3: “si la Sagrada Doctrina (o Teología) es una ciencia plenamente una.

   “Parece que no:

   1º. La ciencia es una, si trata de un solo objeto (o de un solo género de objetos). Ahora bien la Sagrada Teología trata de Dios y de las criaturas, que son objetos de distinto género.

   2º. En la Sagrada Doctrina (o Teología) se trata de Dios, del alma, de las costumbres o virtudes y hábitos de los hombres, que son cosas que pertenecen a distintas ciencias; luego la Sagrada Teología no es una ciencia plenamente una.

   “Pero la Sagrada Escritura habla de ella como de una sola ciencia: “le dio la Ciencia de los Santos” (Sab 10, 19).

   “Respuesta: la unidad de la potencia y del hábito la determinan, no los objetos materiales, sino el objeto formal o la razón por la cual trata de esos objetos materiales. Ahora bien el objeto formal en la Sagrada Teología es plenamente uno: la divina revelación, o los objetos en cuanto revelados.

   “Solución a las objeciones, principalmente a la 2ª: La Sagrada Doctrina  (o Sagrada Teología) puede tratar las cosas, que son tratadas en las diversas ciencias, bajo una razón de ser, es decir, en cuanto son divinamente reveladas. Y de esta manera es cierto que la Sagrada Teología es como cierta impresión de la ciencia divina, que es plenamente una y simple (Sacra Doctrina  est velut quaedam impressio divinae scientiae, quae est una et simplex)”.

  MI BREVE CONCLUSIÓN:

   La infinita felicidad del único infinito Dios es contemplarse a sí mismo infinitamente. Esa es también la Ciencia Suprema de las ciencias o Sabiduría Divina, perfectísima e infinita, que abarca en su infinita simplicidad y unidad todos los conocimientos actuales y posibles. La suprema Ciencia y Sabiduría humana, que es la Sagrada Teología es una participación de esa Sabiduría divina y tiende a una visión unitaria del saber.

 

[1]  Summa Theologiae I, cuest. 1, art. 4; In IV Sententiarum, lib. I, prólogo y cuest. 1, art. 3.

[2]  Melchor Cano, De Locis Theologicis. Edición preparada por Juan Belda Plans, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC Mayor), Madrid, 2006, págs. 673-674.


Conozca también...

     


ESTADÍSTICAS EN ESTE SERVIDOR 

Desde el 27 de abril de 2004 se han visitado páginas  sólo en este servidor Web

contadores

Diseño de Antonio García Megía

Recomiende esta página: Escriba la dirección de correo de un amigo

Comparta con sus amigos o grupos de Facebook