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La amistad es lo + valioso

 

Almudena Ramírez Pérez 12 años I.E.S Azona - Almería

 

 

Capítulo 1: Silvia y Almudena

 

 

 

 

-Almu, ¿vienes esta tarde a mi casa para hacer los deberes?

-No puedo, tengo que ayudar a mi padre y a mi hermano porque mañana se van de viaje, ¿no te lo dije?

Silvia y Almudena son nuestras protagonistas y, también, muy amigas.

Silvia era una niña amable, graciosa e inteligente. Y tenía su puntillo, ese en el que si le tocas estalla, como todas las personas.

Tenía la cara muy dulce, desde sus ojos marrones y grandes, hasta su boca pequeña, con labios finos de color rojo. Su frente era amplia. Las mejillas de color rosado y tan suaves como el algodón. Las pestañas largas y naturales. Las cejas eran estrechas y separadas. En su cuello, elegante y delgado, siempre llevaba colgado un collar con las iniciales “S.Y.A.” del que no se desprendía nunca. Su cabello, corto y rizado, de color castaño, siempre estaba suelto, ¡hasta cuando hacía deporte!. “Yo soy así”, solía decir cuando su profesor le preguntaba por qué no se recogía el pelo. Sus manos eran ágiles, igual que sus finas piernas. Su piel era muy blanquita en las estaciones frías, tanto como la nieve, en cambio, en las estaciones cálidas, era tan morena que parecía de otro país. Lo mismo le ocurría a Almudena de la que os hablaré ahora.

Almudena tenía una cara expresiva. Por eso cada vez que sentía alegría, tristeza u otro sentimiento se le notaba, ¡y mucho!, no como Silvia, que siempre parecía estar alegre. Su frente sí era expresiva, estrecha y lisa. Sus ojos, tiernos, de color marrón tirando a verde, parecían aún más verdes cuando lloraban, una cualidad no muy vista, por cierto.

Almudena tenía la boca ni grande ni pequeña, con unos labios finos que, a veces, se le ponían muy rojos, y las mejillas blanditas, sin color fijo. Sus manos eran ágiles y cálidas, sus piernas fuertes y también ligeras. Sus cabellos ondulados y negros y el cuello, como Silvia, muy largo y delgado. Ella también llevaba un collar, sólo que en el suyo  las iniciales eran “A.Y.S.”.

 Coincidían las dos amigas en algunas aficiones, como escuchar música o inventar “nuevas comidas”. No así en otras. Las grandes aficiones de Almudena eran ahorrar dinero, no le gustaba mucho gastarlo si no era en revistas o ropa, leer, inventar y pringarse... A Silvia no le gustaba nada ahorrar. Ella prefería gastarlo todo directamente. Le gustaba ir de vez en cuando a la peluquería, era muy coqueta, y siempre convencía a Almudena para que la acompañase. Bueno, casi siempre. También adoraba, con letras grandes, la música. Las dos se pasaban todo el día escuchando música.

Ya hemos “conocido” a nuestras protagonistas,  ahora vamos a conocer la historia. Todo comienza el primer día en el instituto donde conocerán a Sara, a María José, a María Victoria...

 

Capítulo 2: El instituto

 

-Almu, ¿vienes esta tarde a mi casa para hacer los deberes?

-No puedo, tengo que ayudar a mi padre y a mi hermano porque mañana se van de viaje, ¿no te lo dije?

-Ah... Bueno, entonces nos vemos mañana, ¡Adiós!

-¡Adiós!

Ese había sido su primer día de instituto y no lo habían pasado muy bien. Habían tenido muchos nervios, sobre todo a la hora de entrar en él.

Por la mañana, nada más despertarse, Silvia había llamado a Almudena para decirle que estaba muy nerviosa:

-Almudena, ¿no estás nerviosa? Porque yo lo estoy bastante y sólo habré dormido unas tres horas y media.

-Sííí, yo también estoy muy nerviosa, pero por eso no tienes por qué llamarme a las seis y media de la mañana. Será mejor que te acuestes. Luego te pasas por mi casa y nos lleva mi madre en su coche.

-Pero... ¿No íbamos a ir en el autobús?

-No, hoy nos lleva mi madre porque empieza a trabajar a las doce y media.

-Entonces, ¿a qué hora entramos al instituto?

-A las doce. ¡Y acuéstate anda, que te hace falta!

-Entonces hasta luego.

-Hasta luego, ¡Y no me llames más hasta que hayas dormido dos o tres horas más!

Después, cuando Silvia hubo dormido alrededor de tres horas y media, volvió a llamar:

-¿Diga?

-Hola Pilar, soy Silvia, ¿Cuándo quieres que vaya?

-Si quieres ahora mismo. Almudena está terminando de desayunar y ahora va a vestirse.

-Muy bien, entonces voy para allá. Sólo tengo que coger la carpeta y decirle a mis padres que me voy. Gracias Pilar.

-No es nada guapa. Oye una cosita, ¿Le quieres decir a tu madre que si esta tarde puede venir a mi casa a tomar un  café?

Cuando ambas llegaron al instituto se quedaron delante de la puerta sin decir ni pío.

Ese instituto se llamaba “Azcona” y ¡era bastante grande, la verdad!

Eran dos edificios enormes, de color beige y con las ventanas en verde oscuro. Tenía un gimnasio muy grande y dos pistas para  recreo y para practicar deportes, como el balón bolea (voleibol), fútbol y baloncesto en las clases de Educación Física.

-¡Madre mía, que pedazo de instituto!- dijo Silvia con cierto asombro en la voz.

-Y que lo digas- añadió Almudena en voz baja- Mejor pasamos con Patricia y las otras. Ya veremos lo que tenemos que hacer.

-Estoy contigo- dijo Silvia con voz decidida.

Cuando entraron vieron la imagen más tranquilizante que recibieron en todo el día. Allí estaban sus compañeras de clase de toda la vida: Patricia, Mª del Mar, Macarena, Rocío, Carolina... No habían cambiado nada desde el verano.

Patricia seguía igual de bajita, con su pelo moreno y rizado. Mª del Mar, alta y con el pelo largo, como siempre,  recogido en una coleta. Macarena era de mediana estatura, con el pelo corto, ni rizado ni liso...

-¡Hola Almu!¡Hola Silvia!, me alegro de veros a las dos, ¿Qué tal el verano?- Exclamó Carolina al verlas entrar.

-Nosotras muy bien. Hemos pasado casi todo el verano juntas. Y vosotras, ¿cómo estáis? -Respondió Almudena, con un tono jovial en la voz.

-Nosotras este verano hemos coincidido en el mismo campamento, pero no fue lo mismo sin vosotras- Explicó Macarena.

-Seguro que si que os lo pasasteis muy bien, ¿pero dónde tenemos que ir ahora?- Se interesó Silvia frunciendo el entrecejo.

-Aquí dice que hay que subir a la biblioteca. Vamos, seguro que allí están las demás.

Todas subieron a la biblioteca y se sentaron en unas sillas que había por la parte de atrás. No conocían a nadie allí y no eran las únicas.

Cuando pasaron unos quince minutos y ya estaba todo lleno, entró un profesor de estructura gruesa, con el pelo corto de color blanco y cara de pocos amigos. Al llegar a una mesa que había al fondo, se aclamó la garganta y dijo:

-Bienvenidos al instituto Azcona. Para la mayoría de vosotros por primera vez, a algunos se lo repito un año más. El profesor D. Bienvenido os dirá a qué clase deberéis ir y con qué compañeros. Pero primero me presentaré. Yo soy el jefe de estudios D. Miguel Moreno. Este año os enseñaré Educación Física y espero aprobaros a todos, o, al menos a la mayoría.

Acto seguido entró otro profesor también de estructura gruesa y pelo corto y negro.

-Buenos días. Soy el profesor de matemáticas Don Bienvenido. Vamos a empezar la distribución de alumnos con la clase de 1º A...

Ni Almudena ni Silvia le prestaban atención. Estaban en las nubes, cerca de Valencia...

-Y por último la clase de 1º C… Reina Cabrera, Rocío, Soler Bellón, Silvia, Romero Olea, Miguel, Lozano Rodríguez,  Omar Jesús, Ramírez Pérez, Almudena...

Almudena se levantó y fue con Silvia a la que sería su clase a partir de ese día. Sólo conocían a Rocío, pero se alegraban de estar juntas.

Se sentaron en la primera fila las dos, en los dos primeros asientos. A lo que pasó después no le prestaron atención, ambas estaban muy contentas. Ahora sólo querían salir para disfrutar de la tarde en la piscina de Almudena. ¡Estaban en la misma clase!

-...Y por eso este curso va a ser uno de los más importantes de vuestra vida - Concluyó el profesor- Mañana quiero que me traigáis un mini redacción de vuestra vida escolar.

 

 

Continuará...

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Antonio García Megía y María Dolores Mira y Gómez de Mercado

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