Antonio García Megía y Mª Dolores Mira y Gómez de Mercado, responsables de esta sección,  son Maestros, Diplomados en Geografía e Historia, Licenciados en Filosofía y Letras y Doctores en Filología Hispánica

 

 

Marina, mi mejor amiga

 

Beatriz Gómez García

12 años - IES Azcona - Almería

 

 

 

Bajaba las escaleras de mi piso para ir a comprar en la tienda que habían puesto enfrente del bloque. Lo hacía rápido porque así mi madre me daría algo de dinero por hacer la compra. No obstante me paré un poco cuando me pareció escuchar las risas y pasos de mis dos hermanos, Juan y Francisco.

 

No me equivoqué. Ahí estaban escondidos detrás de una columna, siguiéndome. Yo los quiero mucho, pero ¡se hacen insufribles! Siempre intentan gastarme bromas pesadas. Seguramente querrían darme algún susto.

 

Me acerqué a ellos y les dije que los había visto. Intentaron disimular y se fueron rápidamente. Yo seguí bajando escaleras preguntándome por qué no arreglaban de una vez el ascensor y porque tenía que vivir en un quinto piso.

 

Al llegar a la segunda planta vi varias maletas en la puerta de la casa de mi vecina y mejor amiga. Se llama Marina. La conozco desde muy pequeña. Con ella he pasado grandes momentos y me he divertido mucho.

En ese instante salió su padre. Hablaba con Marina y escuché como le decía que no se pusiera triste porque en el internado conocería a más gente. No le di mucha importancia al comentario y fui directa a la tienda. Compré lo que mi madre me había pedido y aproveché para incluir algunas chuches. Al llegar a casa, le di la compra a mi madre, y ella me premió con algo de dinero, menos del que yo me esperaba, pero, bueno, ¡algo es algo!.

 

Me marché a hacer los deberes. Quería terminarlos pronto y salir a jugar con mi amiga Marina. Pero eso me hizo recordar el comentario de su padre y no me dejó estudiar tranquila. Cuando los terminé, me tumbe en la cama y estuve pensando durante horas si sería cierto lo de su marcha a un internado y que no la volvería a ver más. Esto me preocupaba mucho ya que era con la persona que mejor me lo pasaba y con la que más me divertía. Al final se hizo tarde y no pude salir para preguntar a mi amiga si eso era cierto.

 

Al día siguiente, cuando regresé del colegio, la vi sentada en un banco del parque. Tenía la cabeza baja y los ojos llorosos. Me acerqué a ella y me senté a su lado. Le pregunté qué pasaba. Contestó lo que yo me temía. Le dije que cuando se marchaba y me contestó que esa misma tarde. Yo me puse triste, pero no quería demostrárselo porque debía hacer que esa tarde se sintiera feliz para que se fuera sabiendo que no la olvidaría jamás.

 

 

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Antonio García Megía y María Dolores Mira y Gómez de Mercado

 

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