FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

 

 

ALFONSO  BUENHOMBRE  Y  SU  MANUSCRITO  DE  AGOP

(ARCHIVUM GENERALE ORDINIS PRAEDICATORUM)

Por  Ramón  Hernández  Martín,  O.P.


 

INTRODUCCIÓN

LA  TRADUCCIÓN DE LA CARTA-TRATADO SOBRE LA VENIDA  DEL  MESÍAS

EL  MANUSCRITO  DE  AGOP  CON  LA CARTA  DEL  RABÍ  SAMUEL

LOS  CAPÍTULOS  25-27  DEL  MANUSCRITO  DE  AGOP

TRASCRIPCIÓN  DE  LOS  CAPÍTULOS   25 – 27   DEL  CÓDICE  DE  AGOP

RESUMEN  DEL  CONTENIDO  DOCTRINAL  DE  LOS  CAPÍTULOS  25 – 27  DEL CÓDICE  de AGOP

CONCLUSIÓN  DEL  ANÁLISIS  DE  LOS TEXTOS  DE  ALGUNOS CÓDICES

BIBLIOGRAFÍA  FUNDAMENTAL  SOBRE  A. BUENHOMBRE Y  SU  OBRA

     Alfonso Buenhombre forma parte del numeroso grupo de orientalistas que se formaron en España para el apostolado misionero entre los árabes y los judíos. Buen conocedor del árabe y del hebreo, desarrolla su actividad misional y apostólica en todo el norte de África.

        En 1336 lo hallamos prisionero en El Cairo. Durante su estancia en la cárcel traduce del árabe al latín la Historia Ioseph ultra ea quae in libris continentur. La dedicatoria va dirigida a un alto personaje, que pudiera  rescatarlo. Le da el título de “Pater ac Domine Beatissime”, que pudiera referirse al patriarca de Jerusalén, Pedro de la Palu; o al maestro general de la Orden de Predicadores, Hugo de Vaucemain; o al arzobispo de Rouen, Pedro Roger. En efecto, al final de la obra ruega se entregue este manuscrito a cualquiera de estas tres personalidades.

     Libre de la prisión egipcia, Alfonso Buenhombre, estuvo trabajando en la misión dominicana de Marruecos, viniendo a parar de nuevo en la prisión musulmana. Tampoco pasó desapercibida para las letras su dura estancia en Marruecos. Cuando a finales de 1338 podía encaminarse a París, llevó consigo una obra, cuya traducción le cubriría de su mayor gloria. Era la Epistola Rabbi Samuelis de Adventu Messiae ex arabico translata.

     Posterior a la traducción de esa Epistola es la traducción de la  Disputatio Abutalib Saraceni et Samuelis Iudei, que fides precellit, an Christianorum, an Iudeorum, an Saracenorum. Es igualmente una traducción del árabe al latín. Dice, al indicar las divergencias entre la Vulgata y las citas bíblicas del opúsculo, que ha procurado traducir éstas “sicut in alio volumine istius hebrei feci”.

     En 1341 encontramos a Alfonso en Chipre, desempeñando alguna embajada de parte del Cardenal Pedro Gómez. Del 15 de febrero de ese año data una carta que dirige a este Cardenal Alfonso Buenhombre desde Famagusta, en la que le hace obsequio de    otra versión del árabe. Se trata de la Vita sancti Antonii. Lamenta aquí la escasez de buenos conocedores del árabe, pese a la exuberancia de escritos dignos de traducción.

     A finales de 1341 regresa Buenhombre a Avignon, junto a su patrono, y lleva consigo otra obra árabe, cuya traducción publica en 1342. Su título es Contra malos medicos.

     Su apostolado valiente, que sabía de cárceles, fue coronado con el obispado de Marruecos el 10 de enero de 1344. Las bulas de su elección, después del protocolo, en que se indican las condiciones de virtud y ciencia para esa dignidad, expone las cualidades particulares para esta clase de sedes entre no cristianos: erudición en la sagrada página, para las controversias apologéticas y para los diálogos interconfesionales; habilidad para la predicación de la palabra de Dios, y conocimiento de la lengua del territorio con pericia suficiente para hablarla. Manifiesta luego que estas condiciones  se dan en Alfonso Buenhombre, juntamente con otras, destacadas por los testimonios que han llegado a la curia pontificia: que está suficientemente instrudo en la sagrada teología; que posee en alto grado las virtudes y cualidades  apostólicas requeridas; que ha desarrollado ya ampliamente su apostolado misionero en aquellas regiones, y que posee una laudable afición y un gran conocimiento de la lengua árabe, hablándola y escribiéndola con facilidad. Teniendo en cuenta todo este curriculum, le concede la potestad del episcopado en la diócesis de Marruecos.

        La diócesis de Marruecos era lugar familiar para el apostolado de los dominicos, que estuvieron allí presentes desde los primeros años de la fundación de la Orden y ocuparon frecuentemente aquella sede. En el siglo XIV desde  1307  hasta  1387 sus obispos fueron todos dominicos. No dudo que Alfonso Buenhombre, desde el comienzo de su episcopado hasta su muerte en 1353, continuó traduciendo, pues él mismo lamenta la escasez de traductores para tantos libros que merecerían serlo.

 

LA  TRADUCCIÓN DE LA CARTA-TRATADO SOBRE LA VENIDA  DEL  MESÍAS

 

     Gérard Meersseman, después de examinar un amplio conjunto de manuscritos, advierte que la traducción de la carta del rabí Samuel por Alfonso Buenhombre está en unos códices dividida en 24, y en otros en 25 capítulos. Todos terminan con las palabras “de fructu ventris tui ponam super thronum tuum”. Viene luego el colofón, que es diverso según las distintas tradiciones de los manuscritos.

     Examina Meersseman 31 manuscritos que tiene de esta traducción la biblioteca estatal de Munich, que son de los siglos XIV y XV, y nos presenta estas conclusiones. Hay dos  redacciones, que podemos llamar A y B. La redacción A termina con la frase citada: “de  fructu ventris tui ponam super thronum  tuum”. La forman sólo tres de los 31 manuscritos monacenses. Los tres añaden un breve colofón. El colofón del ms. 21573, que es de la primera mitad del siglo XIV dice: “hoc  est ille sanctus sanctorum cuius nomen est benedictum in secula seculorum”. Los otros dos manuscritos de la redacción  A, que pertenecen al siglo XV, esto es, el 14227 y el 23923, añaden la frase: “Explicit , dicit, translatio. De isto opere aliqua capitula non perfeci, sed, Deo volente, perficiam. Amen”. Esta redacción A, asegura Meersseman, nos ofrece el texto primitivo de la traducción de Buenhombre.

     La redacción B, que comprende manuscritos del siglo XIV y XV, añade dos capítulos, que algunas veces se encuentran  fundidos en uno. Ambos capítulos son presentados como continuación de la carta del rabí Samuel a su venerado maestro el rabí Isaac, con ciertos pasajes del Corán sobre Jesucristo y la Virgen, que probarían la estima de los musulmanes por la religión cristiana.

     Sobre estos dos capítulos piensa Meersseman que no pertenecían al texto original de la carta del rabí Samuel, sino que fueron añadidos por el proprio Alfonso Buenhombre, a solicitud de Pedro de la Palu. Parece dar base a esta interpretación la frase con que presenta Buenhombre estos capítulos, según algunos códices: “et ego frater Alphonsus Bonihominis, hispanus, amore et instantia vestri  hec addidi ad translationem illam quam feci nuper  magistro ordinis de epistola Samuelis”.

     Como advierte el proprio Meersseman, en dos de los manuscritos de la redacción  A, que parecen conservar el  texto primitivo auténtico, confiesa el proprio Buenhombre que no ha terminado la traducción; que le faltan algunos capítulos, y piensa traducirlos “Deo volente”. ¿No podría esto explicar de modo suficiente que esos dos capítulos, considerados una adición de Buenhombre  al texto primitivo, pertenezca de verdad  al cuerpo total de la carta del rabí Samuel? Volveremos sobre ello al final de nuestro estudio.   

     Esta carta de Samuel ha tenido distintos títulos en las diversas redacciones de la traducción de Buenhombre. Su título más adecuado podría ser  Tratado-carta sobre la venida del Mesías. Oudenrijn lanza la conjetura de que esta carta no ha sido escrita originalmente por un judío más o menos informado de la religión cristiana y a punto para convertirse a ella, sino que tiene todas las probabilidades de haber sido escrita por un teólogo, que sabe utilizar los textos escriturísticos de la forma más apropiada a la apologética cristiana;.conoce bien los dogmas y la moral de la Iglesia católica, sus costumbres religiosas y sus normas litúrgicas.  

     Parece indicar Oudenrijn que podría tratarse del propio Alfonso Buenhombre, que, como dominico de talento, además de una buena formaciòn en alguna de las escuelas de lenguas orientales de España, habría recibido una alta preparación teológica, quizás en alguno de los estudios generales de la orden de predicadores, y  se encontraría, por consiguiente, en las mejores condiciones para componer una buena obra apologética de la doctrina cristiana frente al mundo musulmán o hebreo. El ropaje externo sería una  ficción literaria de este teólogo para dar más garra convictiva a sus argumentos.

     Es difícil creer que toda esta carta-tratado sobre la venida del Mesías sea una mera ficción literaria. Habría que pensar lo mismo de las otras traduciones hechas del árabe por A. Buenhombre, anulando así de un sólo golpe la obra islámica de este interesante personaje. Él da explicaciones que ambientan la veracidad del tratado. Muchos maestros judíos se planteaban en serio la cuestión del cristianismo, que logró en poco tiempo una expansión pacífica por el mundo, a pesar de las persecuciones exterminadoras sufridas. Ellos se presentaban como realización de la época mesiánica anunciada por los profetas.

     El contraste con el pueblo judío era manifiesto. El pueblo escogido primeramente por Dios había sido condenado al mayor destierro y a la mayor dispersión por el mundo.Todo esto había obligado a muchos judíos a reflexionar sobre las causas de un castigo tan duradero, sin nunguna previsión de límite y sin ningún profeta que, como Daniel en el destierro de Babilonia, levantara sus ánimos con esperanzas de una liberación, al menos remota. Rehuyendo los tradicionales prejuicios, algunos rabinos se preguntaban si no sería el  Jesús de los cristianos el verdadero Mesías prometido y que, por no haberlo aceptado, el pueblo recibía tan extraordinario castigo, que sólo acabaría con la conversión a la fe cristiana..  

     Estas dudas no era fácil manifestarlas en público, pues provocarían el aislamiento social o incluso la persecución del que osara expresarlas. Para ocultar más fácilmente estas exposiciones a los correligionarios judíos, usaban la lengua árabe. Los rabinos tenían a gala conocerla, pues ampliaban con ello su cultura y adquirían un mayor prestigio de hombres intelectuales y de estudio. Los maestros judíos, que deseaban comunicar sus sentimientos personales a sus amigos y familiares se servían del árabe, para un mayor ocultismo.

     Advierte Buenhombre que desea que nadie le califique de tergiversador o falsario, al comparar su traducción con la carta original. Por eso, para ser más fiel a su oficio de mero traductor, decide que incluso las citas bíblicas, que le gustaría dar según la Vulgata de san Jerónimo, no lo hará así, sino que mantendrá las citas según se encuentran en la carta misma del rabí Samuel.

     La carta-tratado, a pesar de ser un verdadero opúsculo, que desarrolla lógicamente un tema doctrinal, conserva el tono intimista, proprio de una carta de verdadera amistad. Samuel escribe a otro rabino, que él llama su maestro, y al que trata como más sabio y venerable que él. Le escribe sobre un problema que le viene hace tiempo preocupando hondamente y le ha obligado a repasar toda la Sagrada Escritura para buscar una respuesta tranquilizante. Le ofrece su paracer o su más fundada sospecha, y requiere una respuesta sincera, propia de un sabio conocedor de la Biblia, de una persona honrada que sabe rendirse ante la verdad y un auténtico amigo que le va a expresar todo su sentir a este respecto.

     Repite mucho la expresión “domine mi” (señor mío), que manifiesta su veneración por el maestro, al que dirige la carta, y sus hondos sentimientos de preocupación por el problema que le expone. Usa igualmente con mucha frecuencia las palabras “timeo”, “pavesco” y similares, que reflejan la sinceridad y profundidad de sus vacilaciones, sospechas y casi convicciones.

     Su fe resignada a aceptar la voluntad de Dios, que ha juzgado conveniente y ha querido enviar al pueblo de Israel una pena tan pesada y tan duradera, la expresa también de una forma muy reiterada con éstas y parecidas palabras: “no obstante, sea como fuere, estamos siempre en las manos de Dios”. De ordinario lo dice al final de cada capítulo o después de  haber expuesto un argumento importante en torno al castigo de tan largo exilio determinado por la voluntad divina.

     El recurso al Corán por parte de los judíos y de los cristianos no es extraño a las obras de carácter apologético entre las tres religiones. El libro sagrado de los musulmanes reconoce el valor de los grandes justos del Antiguo y del Nuevo testamento, como profetas o como grandes amigos de Dios. Abraham, Jesús y su madre María  son evocados con muy particular admiración y respeto.

     A. Buenhombre pudo introducir elementos secundarios personales, que hicieran la obra más asequible y convincente, pero me parece atrevido y peligroso negar la autencidad a la obra entera o a la totalidad de algunos capítulos.

    Otra cosa debe pensarse de la parte suplementaria de la obra que aparece en algunos manuscritos. Me refiero a la carta-respuesta que el rabino destinario de la anterior  envía al autor de la carta-tratado de que hablamos. El destinario rabí Isaac dirige al rabí Samuel una carta como respuesta a la suya. En ella le confiesa que, en efecto, está convencido que Jesucristo es el verdadero Mesías prometido en las Sagradas Escrituras. Le cita para un encuentro en un día determinado y así dar los dos juntos el paso decisivo de la conversión a la fe cristiana. Esta carta-respuesta la exponen entre otros los siguientes códices, al final del texto de la traducción castellana de la carta-tratado del rabí Samuel:  el manuscrito 403 de la biblioteca universitaria de Valladolid, que es del siglo XV;  el manuscrito 864 de la Biblioteca Nacional de Madrid, del siglo XV,  y el  manuscrito  9260, también de la B. N. de Madrid y del siglo XV.

     Con respecto a la distribución del texto de la carta-tratado del rabí Samuel a su maestro el rabí Isaac, en los manuscritos que yo he examinado personalmente, es la que ofrezco a continuación:

     1.  No conocen división de capítulos, sino que ofrecen un texto seguido con la sola división de las puntuaciones entre los diversos párrafos o frases. Parecen pertener al grupo de los  manuscritos más antiguos, como el  códice de la Bibl. de El  Escorial  e.IV.23, que es del siglo XIV, y el de la Bibl. Angélica  1444, que es de 1415.

     2.    Ofrecen una división en 25 capítulos cada uno con el epígrafe de su contenido. Son manuscritos del siglo XV, entre los cuales se encuentran los de la Bibl. Medicea de Florencia, estudiados por  M. A. van den Oudenrijn, y el de la Bibl. Vat. códice Reg. Lat. 261.

     3.   Una división en 26 capítulos con sus correspondientes titulares presenta el manuscrito de la Bib. Vat., también del siglo XV, códice  Reg. Lat. 430.

     4.   Divide el opúsculo en 27 capítulos con sus títulos nuestro manuscrito del  Archivo General de la Orden de Predicadores del convento de Santa Sabina de Roma, códice  XIX.28b, que es del siglo XV.

     5   Otros manuscritos  dividen esta carta-tratado  en 28, y más capítulos, como el de la Bibl.de El Escorial, del siglo XV, códice Q.II.16, que  llega al capítulo 28, y está incompleto, y que podría haber llegado hasta 29 capítulos, a tenor del texto  que aún le queda por delante y del estilo de disivión que sigue.

     También las versiones  del latín a las lenguas nacionales  efectuadas en el siglo XV conocen  distinta división de capítulos. La  de la biblioteca  universitaria de Valladolid, que tiene 28  capítulos, y la que describe M.A. van  den  Oudenrijn, tomándolo de José Rodríguez de Castro,  tiene  29 (“Analecta  S.O.F.P.” 18, 1920,  p. 41). 

     Además de los manuscritos que reproducen esta carta-tratado, abundan sus publicaciones impresas. La traducción latina de Alfonso Buenhombre ha sido objeto de versiones a varias lenguas nacionales y regionales europeas. Se conservan ejemplares manuscritos e impresos en lemosín, italiano, inglés, alemán, español… De la versión castellana dice Oudenrijn que no conoció la imprenta, pero los historiadores y bibliógrafos españoles hablan de dos, una  impresa en Valladolid en 1511 y otra en Orán en 1602, como puede verse en J.Villanueva y en Nicolás Antonio. También José Nicolás Entile la tradujo y la imprimió en Cádiz en 1835.

 

EL  MANUSCRITO  DE  AGOP  CON  LA CARTA  DEL  RABÍ  SAMUEL 

 

     En el Archivo General de la Orden de Predicadores, sito en el convento de Santa Sabina de Roma hay dos manuscritos con la traducción de Alfonso Buenhombre de la carta del rabí Samuel. Uno tiene la signatura XIV.181 y el otro es el XIV.28b. El primero de ellos es del siglo XVIII; se trata de una copia no bien lograda del segundo; tiene muchas lagunas, al no saber interpretar los correspondientes vocables, y no interpreta bien otros muchos. No haremos por lo tanto de él  ninguna  otra referencia.

 El segundo de los manuscritos, el que tiene la signatura XIII.28b, es un bello códice misceláneo, escrito todo él en pergamino. Está encuadernado en pergamino sobre cartón; tiene 262 folios, con foliación contemporánea en números romanos de color rojo. Todas las letras iniciales de párrafos aparte o de capítulos  son mayúsculas unciales grandes de cuatro espacios o líneas, y todas ellas miniadas y con adornos de dibujos lineales y de vegetales. Los puntos de separación dentro de los capítulos o párrafos grandes vienen adornados con calderones azules y rojos alternadamente. Mide el códice 18,8 x 28,7  cm.

    Este códice misceláneo en pergamino incluye los siguientes autores y tratados:  Iohannes  conversus,  [Exhortatio  ad  iudeos], fol. 1r-16r; Alphonsus  Bonihominis, O. P.,  Epistola  Samuelis,  fol. 16v-54v;  Nicolaus  De  Lira, O.F.M.,  Quaestio de adventu Christi,  fol. 54v-96v;  Ricoldus de Monte Crucis, O.P., Tractatus contra legem sarracenorum, fol. 96v-154v;  Petrus de Pennis, O.P., Tractatus contra Alchoranum, fol. 155r-200r;  [Ioannes Gallensis, vel  Raymundus Martini, O.P.],  Tractatus contra Mahometum, fol. 200v-222r;  Petrus  Alphonsus,  Extractum  de  Conversione,  fol. 225r-255r;  [Anonimus],  Sequuntur errores grecorum, fol. 255v-257r;  [Anonimus],  De nationibus christianorum que habitant Ierosolimis, fol. 258r-260v: Iohannes de podio, O. P,  [Excerptum ex libro]  Contra grecos,  fol. 260v-262v. 

     El  texto del opúsculo  del rabí Samuel, traducido por Alfonso Buenhombre, ocupa en el  códice de AGOP, como hemos visto los folios  XVIv-LIIIIv. Está escrito con letra gótica elegante como todo el códice. Este tratado-carta aparece dividido aquí en 27 capítulos con numeración romana en tinta roja, menos los capítulos primero, segundo, quinto, octavo y décimo, que lo están con los correspondientes adjetivos numerales de orden, y el tercero escrito con número arábigo. También vienen escritos en tinta roja los epígrafes de los capítulos.

     La letra inicial de todo el texto es la R de “Reverendissimo in Christo”, y es una mayúscula  uncial  singularmente grande, pues ocupa seis espacios o líneas, y está elegantemente miniada. Como en el resto del códice, según ya indicamos, las iniciales de los capítulos son  unciales miniadas grandes de cuatro espacios, y los párrafos internos de los capítulos están separados  con calderones  en color rojo y azul, alternado.

     Inicia el opúsculo con esta frase: “Reverendissimo in Christo patri fratri Hugoni magistro Ordinis Fratrum Predicatorum”. 

     Finaliza con estas palabras: “Et iste frater postea fuit factus episcopus Marrochitanus. Deo gratias. Amen”.

     Éstos son los títulos de los  27  capítulos  de nuestro códice: 

     Capitulum primum.  De longua [sic] captivitate judeorum et ira Dei, que adhuc est super eos.

     Capitulum secundum.  De dispersione iudeorum et de carentia unctionis, sacrificii et sceptri.

     Capitulum 3m.  De dispersione iudeorum, que vocatur desolatio sine fine.

     Capitulum IVm.  De varia spe iudeorum, quam habent de recuperando Iherusalem et templum.

      Capitulum quintum.  Qualiter omnes promissiones Dei super liberationem iudeorum sunt adimplete, iam diu est. 

     Capitulum VIm.  De quarto peccato universali supra occisionem Christi.

     Capitulum VIIm.  De peccato  commisso per iudeos contra ipsum tam in venditione facta per Iudam XXX denariorum quam in aliis contra Christum.

     Capitulum octavum.  De torsione Christi.

     Capitulum IX.  De adventu Christi ad salvandum et ad iudicandum.

     Capitulum decimum.  De duplici adventu Christi.

     Capitulum XI.  Quomodo in primo adventu salvavit per aquam baptismalem.

     Capitulum XII.  De ascensione Christi. 

     Capitulum XIII.  Optimum capitulum.

     Capitulum XIIII. De cecitate iudeorum et de duritia cordis eorum. 

      Capitulum XV. De Domino Ihesu Christo, nato ex Maria semper Virgine. [Melius:  De incredulitate in iusto Ihesu ut causa tante nostre dispersione]

     Capitulum XVIm.  De fide nostra, que venit ad populum gentilem. 

     Capitulum XVIIm.  Quomodo iudei esuriunt sine fide.

     Capitulum XVIIIm.  De voce apostolorum, que exivit in omnem terram.

     Capitulum XIXm.  Qualiter Apostoli dicti sunt filii Dei ad deprecationem fidei. 

     Capitulum  XXm. Optimum. De sacrificio gentium. 

     Capitulum XXIm.  De mutatione antiqui sacrificii in sacrificium Nove Legis.

     Capitulum XXIIm. De synagoga iudeorum et ecclesia christianorum.

     Capitulum XXIIIm. De cantu ecclesistico et psalmodia ecclesiae christianorum. 

     Capitulum  XXIIIIm.  De christianorum divino officio, quod exhibetur Deum in ecclesiis cantando. 

     Capitulum XXVm.  De Domino Ihesu nato ex Maria semper Virgine [idem titulus ac in cap. decimum quintum].

     Capitulum XXVIm.  De hiis que de Domino Ihesu Chisto et de Beata Maria semper Virgine, Matre eius, leguntur in Alcarano sarracenorum et in expositionibus eius. 

    Capitulum XVIIm.  Et finale.

     Nos hemos permitido dar entre paréntesis cuadrados al capítulo décimo quinto otro título, pues el  manuscrito de AGOP le da erróneamente el mismo que al capítulo 25. El error está en que por descuido, después de haber numerado bien los catorce primeros capítulos, llama  XXV al XV;  XXVIm  al XVI,  y  XXVIIIm  al XVIII.

 

LOS  CAPÍTULOS  25-27  DEL  MANUSCRITO  DE  AGOP

 

     Voy a ofrecer sólo en este estudio la transcripción, el contenido doctrinal y unas consideraciones sobre los tres últimos capítulos del tratado-carta según el códice del Archivo General de la Orden de Predicadores, sito en el convento de Santa Sabina de Roma. Los capítulos 26 y 27 tienen un valor particular para este congreso, pues el rabí Samuel hace en ellos uso de los textos del Corán sobre Jesús, el Mesías, y María, su madre. Él no pretende hacer apologética con estos pasajes, ya que confiesa que no tiene fe en el Corán, pero piensa que los cristianos sacan provecho de las frases coránicas que redundan de alguna manera en favor de la religión cristiana.

     Transcribo también el capítulo 25, que habla de una tradición, que corría entre algunos grupos judíos, según la cual en alguna región oculta vivía en aquel tiempo el Mesías dentro de un pequeño reino mesiánico, que se habría de manifestar a todas las naciones, cuando lleguase su momento oportuno. Una tradición similar, de carácter milenerarista, se dio entre los cristianos, y a ella se aludirá todavía en el siglo XVI, considerando como posible refugio de ese reino alguno de los territorios del nuevo mundo, recientemente descubierto.

     En  mi transcripción de estos tres capítulos conservo la grafía del manuscrito, que no conoce los diptongos latinos  ae,  oe,  y no  sigue las normaes actuales en el uso de algunas letras, como la  n, o  m  ante  b,  o  p, ni coincide en la utilización  de las  consonantes  dobles, y mantiene otras ligeras diferencias gráficas,  con respecto a los diversos pasajes del manuscrito y respecto al uso actual. Desarrollamos las abreviaturas, ponemos mayúsculas a los nombres propios, y cuidamos la puntuación de los parágrafos y frases, muy irregulares en el  texto.

 

TRANSCRIPCIÓN  DE  LOS  CAPÍTULOS   25 – 27   DEL  CÓDICE  DE  AGOP

 

[fol. Lv]

CAPITULUM   XXVm

 De Domino Ihesu nato ex Maria

semper virgine

 

            Paveo, domine mi, quod nos apostatavimus a Deo in primo eventu istius iusti, de quo induximus auctoritates predictas, et cui expresse conveniunt omnia que dicta sunt et scripta apud nos in libris Regum et prophetarum. Propter quam apostasiam, Deus sic pretendit in longitudinem dierum captivitatem istam nobis. Et, si expectamus salvatorem alium ab isto, non prodest nobis.

  [fol. LIr] Et argumentum nobis evidens est. Captivitas illa, que fuit in Babilone LXX annorum [fuit levior] et quantum ad tempus quia breve et quantum ad gratiam quia Daniel propheta fuit captivus nobiscum, qui erat amicus Dei et per quem Deus consolabatur nos de liberatione propinqua. Nec etiam omnes tribus fuerunt in illa captivitate.

            Sed et hec captivitas iam pervenit ad complementum mille annorum, nec est Daniel nobiscum, et omnes tribus, nulla excepta, sunt in dispersione, elongate a domo sancta. Ex quo signum est evidens quod peccatum est generale in omnibus, nullo excepto. Quod peccatum, cum perseveret in nobis, perseverabit ira Dei super gentem nostram sine spe. Et tamen expectamus alium aliquem, que exspectatio non prodest nobis.

            Et, si volumus dicere quod hec captivitas non est generalis et quod aliqua tribus est in aliqua parte mundi, que habet regem et principes, cito poterimus secundum legem nostram  argui de mendacio et convinci, nam servos Dei in aliqua parte mundi, regem et principes habemus, hoc esset de una sola tribu, scilicet, Iudea.

            Sed Deus diffinivit super Iudam quod non esset ex illa in eternum. Unde dixit per os Ieremie prophete XVIIº capitulo, alias XVIIIº:   “peccatum  Iude  scriptum  [fol. LIv]  est  cum  stilo  ferreo in lapide adamantino, insiliens super corda ipsorum”. Et illud quod scriptum est de ferro in lapide adamantino, qualiter deleri speramus, non delebitur in eternum.

            Presertim cum Deus fortis et gloriosus loqutus est per os Ysaye profete dicens sic capitulo IIIº sui libri:  “dominator aufferret a Iherusalem et Iuda iudicem et prophetam et principes”. De nobis etiam dicit propheta filius Vecheri capitulo IIIº libri sui : “erunt filii Israel sine principe et sine lege”.

            Nos scimus, domine mi, quod ab initio mundi fuerunt aliqui magni et sancti coram Deo, et in principio fuerunt longe vite, sicut Mathusalem et Enoch etc. Nulli istorum extendit Deus vitam ultra mille annos, et invenimus inter nos quod Messias sive Christus, nobis promissus, fuit natus  in Babilone, tempore captivitatis illius, que fuit LXX annorum. Et secundum hoc Christus noster habet in etate [M]CCCCCos annos, quam fabulam non solum non prophetiam, sed etiam nulla ratione possumus nos defendere.

            Hoc tamen diximus et asserimus in synagogis nostris, ubi nullus extraneus commiscetur nobiscum. Sed audiatis christianorum doctrinam publicam super illo Psalmo LXI, alias LXXXVIº: “dicetur ad Syon [fol. LIIr]: dicet homo et homo natus est in ea. Et ipse est Altissimus, qui fundavit eam”. In verbis istis propheta nominat Mariam dominatricem civitatem, seu nomine civitatis et dicit: “et homo natus est in ea”. Non dicit tali israhelite vel tali, ut intelligatur quod filius Marie non fuit umquam in lumbis alicuius hominis.

            Et in IIº libro Regum, capitulo VIIº hoc manifeste declaratur cum dixit Deus ipsi David: “quando compleveris dies tuos et dormieris cum patribus tuis, suscitabo progeniem tuam post te, que egredietur de utero tuo, et ego ero illi in patrem et ipse erit michi in filium”.

            Et numquam fuit possibile, domine mi, quod aliquis filius egrediretur de utero patris sui. Sed hoc expresse ponit ad demostrandum quod Christus non foret concipiendus in muliere per semen decisum a lumbis viri, sicut ceteri homines, tam a David quam ab aliis descendentium.

            Dixit etiam Deus per os David  Psalmo CXX: “ex utero ante luciferum genui te”. Ac si Deus  fortis et gloriosus diceret de Christo suo quod de voluntate sua, que est Spiritus Sanctus, genuit eum, et non de semine, producendo illum. Et ponit “ex utero”, quia Christus natus est de utero, tamen sine semine viri, preter cursum solitum nature. Et hoc etiam est doctrina christianorum, que non intrat in [fol. LIIv] capitibus nostris. Et propter hoc nobis evenit illud quod nobis evenit.

            Describit etiam per eundem modum Christum nasciturum David propheta, cum dixit Psalmo CXXXI, alias CXLI: “iuravit Dominus veritatem et non penitebit eum: de fructu ventris tui ponam super tronum meum”.

 

CAPITULUM    XXVIm

 De hiis que de Domino Ihesu Christo et de Beata Maria

semper virgine, matre eius, leguntur in Alcarano

sarracenorum [et] in expositionibus eius

 

            Certe, domine mi, licet nobis non opponant Christiani dicta sarracenorum et precipue que traduntur in Alcarano, et etiam in expositionibus eius, scientes quod nos non recepimus, sicut nec ipsi recipiunt, tamen ad fatigationem nostram esset et ad fortificationem christianorum, maxime simplicium, si nobis opponerentur illa que dicuntur a sarracenis de Ihesu et de Beata Maria, matre eius.

            Omnes enim sarraceni dicunt quod ipse est ille Messias, quem prophete predixerunt esse venturum et preponunt illum Machometo quantum ad genealogiam. Fatentur enim quod parentes et proavi Machometi fuerunt ydolatre et de semine Agar ancille. Et dicunt quod Messias fuit filius Ysaac et prophetarum et iustorum et sanctorum [fol. LIIIr] in recta linea usque ad Mariam virginem, matrem eius.

            De Maria vero sic dicitur in Alcarano, capitulo de familia Domar: “dixit angelus Gabriel ad Mariam: o Maria, Deus elegit te, et dotavit te gratia, et preelegit te super mulieres omnium seculorum, et posuit te et dotavit gratia,  et  preelegit, et posuit te quasi unum medium  dividens  inter homines terrenos  et angelos Dei in paradiso deliciarum”.

            Dicunt etiam omnes sarraceni quod Christus sive Messias habuit a Deo potestatem faciendi miracula, sanandi omnem langorem et infirmitates, eiciendi demonia et suscitandi mortuos. Et credunt omnia miracula, que Ihesum fecisse Evangelium commemorat et hoc expresse testificatur Alchoranus. Ubi etiam dicitur in predicto capitulo Domar quod  Messias scivit et scit omnia, et etiam secreta cordium.

            Unde verba Machometi sunt talia: scivit Eyce, id est, Ihesus omnes libros et omnem sapientiam et totam legem Moysi et cetera. Sciebat autem quid homines comedebant et bibebant in domibus suis, et quod reponebant in thesauris suis. Dicunt etiam de Christo sive Messia quod, dum fuit in hoc mundo contempsit divitias et abiecit carnales delectationes, nec habuit concupiscentias, que sunt occasio peccati et causa inobedientie. [fol. LIIIv] Et inducitur in Alcharano illud verbum Evangelii: “vulpes foveas habent”.

            Et hec omnia, licet non sint auctoritates, aperte dicentis sive dicentium non sint auctoritatis, sunt tamen conformia hiis que prophete dixerunt de Messia in primo adventu suo, ut patet in supradictis. Dicitur etiam in Alchorano quod Eyce, id est, Ihesus est verbum Dei, et hoc, scilicet esse verbum Dei, est apud sarracenos quasi nomen proprium, ita quod nullus alius homo vocatur hoc nomine, nisi Ihesus, quem vocant Eyce.

            Dicitur etiam in Alchorano sic: Deus dixit Eyce: o Eyce; ego sum sufficientia tua, ego elevabo te usque ad me, et purificabo te ab infidelibus.

 

CAPITULUM    XXVIIm

Et finale

 

            Considero ergo, domine mi, quod gens iudeorum, propter captivitatem quam patitur, iam sunt mille anni, quod etiam sumus paucissimi iudei in comparatione aliarum nationum. Nam sarraceni multiplicati sunt et crescunt cothidie. Fides etiam Christi replevit totum mundum. Nos vero ubique dispersi sumus, cum obprobrio nostro, et ubicumque sumus paucissimi, quasi nichil sumus [fol. LIIIIºr] primogeniti sicut Ruben, alias Rebece, cui dixit pater: “non crescas”.

            Nos autem non crescimus, et illi pauci qui sumus, sumus inimici super omnes gentes, et nil proficimus. Et testimonia multorum stant contra nos, scilicet christianorum et sarracenorum, et Alchoramus et Evangelium, quibus nolumus credere. Quanvis meo iudicio Alchoranus nichil valeat, cum manifeste contineat contradictoria, sicut melius ipse nosti, et compositor sive compositores eius utrumque, ut apparet, ignoravit testamentum.

            Sed quid dicemus de Evangelio? Quod, supposito quod Christus Messias iam venerit, nichil continet contra prophetas et legem nostram. Sed est manifesta impletio omnium prophetarum, et promissiones que in lege continentur, sumendo spiritualiter, prout doctrina continet christianorum.

            Nichilominus, domine mi, super hiis dubiis ad te recurro, maxime super primis meis, que habui ex prophetis, quia de Alchorami testimonio scio quod quasi nichil reputabis, tu maxime quod arabicum scis. Scis quod ipse Machometus, qui dixit se prophetam, nec futura predixit. Et qui dixit se numtium Dei contra Deum et eius Scripturam docuit, ut corruptus homo penitus et ignorans.

            Ego, frater Alfonsus Boni-[fol. LIIIIv] hominis yspanus amore et instantia vestri addidi ad translationem illam, quam super Magistro Ordinis nostri epistola Samuelis.

            Explicit epistola rabi Samuelis ad rabi Ysaac,  ut supra in prohemio sub anno millesimo, scilicet, a captivitate iudeorum. Sed translata ex arabico in latinum per dictum fratrem, sub anno Domini millesimo CCCºXXXIX, domini Benedicti pape XII anno quinto. Et iste frater postea fuit factus episcopus Marrochitanus. Deo gratias. Amen. 

 

 RESUMEN  DEL  CONTENIDO  DOCTRINAL  DE  LOS  CAPÍTULOS  25 – 27  DEL CÓDICE  de AGOP

 

CAPÍTULO 25

SOBRE EL SEÑOR JESÚS

NACIDO DE MARÍA SIEMPRE VIRGEN

 

            Temo, querido maestro, que hayamos apostatado de este Justo en su primera venida, siendo así que todas las autoridades bíblicas que hemos aducido y otras muchas convienen en él. Por esta apostasía Dios nos ha castigado con tan largo cautiverio. Es inútil para nosotros buscar otro Salvador distinto de éste.

            La cautividad de Babilonia fue más llevadera en cuanto al tiempo, pues no duró mas de setenta años, y en cuanto a la alegría, pues entre los cautivos se encontraba el profeta Daniel, que era un amigo de Dios y nos consolaba con el anuncio de la próxima liberación. Además no fueron exiliadas todas las tribus.

            La cautividad actual, que dura ya mil años, nos desterró a todos sin excepción, y no tenemos ningún profeta ni ningún signo de consolación. Esto quiere decir que nuestro pecado fue general, incluyendo a todos, y que fue de inconmesurable maldad.

            Algunos creen que este destierro no ha sido general, y que en alguna parte del mundo tenemos algún príncipe. La Sagrada Escritura no favorece esta doctrina. Entre otros textos, leamos lo que dice Is 3, 1: "el dominador quitará de Jerusalén y de Judá todo juez, profeta y príncipe".

            Hay quienes defienden que el Mesías prometido, es decir, el Cristo, nació en Babilonia durante el destierro, y continúa vivo en algún lugar. Esta fábula no es defendible ni por la Escritura ni por la razón. Los cristianos interpretan en su favor las palabras del Salmo 86: "se dirá de Sion: este hombre y ese hombre han nacido en ella, y el mismo Altísimo la fundó" (Sal 86, 5). Dicen, en efecto, los cristianos que esa ciudad dominadora es María y que de ella nació el que salvaría a todos los hombres; no dice tal y cual persona israelita en particular, para que se entienda que el hijo de María no fue concebido por intervención de ningún hombre.

            En 2 R 7, 12 se dice: "cuando hayas cumplido todos tus días y te hayas dormido con tus padres, suscitaré un descendiente, que saldrá de tu seno, y yo seré para él un padre y él será para mí un hijo". Todos sabemos, querido maestro, que ningún hijo sale del seno del padre. Con esas palabras quiere mostrarnos, sin duda, que Cristo no sería concebido en la mujer por el varón, como los demás hombres.

            También dijo Dios por boca de David en el Salmo 109: "de mi seno te engendré desde la aurora" (Sal. 109, 3; el ms.dice equivocadamente Sal 120). Quiere aquí decirnos la Sagrada Escritura que el Cristo fue engendrado por la voluntad de Dios, que es el Espíritu Santo. Y ésta es la doctrina de los cristianos. Por esta razón nos ha sucedido lo que estamos padeciendo.

  

  CAPÍTULO 26

 LO QUE DICE DE JESUCRISTO Y DE LA BIENVENTURADA VIRGEN MARÍA, SU MADRE, EL ALCORÁN DE LOS SARRACENOS

 

            Es cierto que los cristianos no se sirven contra nosotros de los textos del Alcorán, el libro de los sarracenos, pues saben que nosotros, como ellos, no aceptamos ese libro. Sin embargo podrían servirse de los pasajes en que el Alcorán habla de Jesucristo y de su madre María, para confundir en alguna manera a los judíos y justificar a los cristianos.

            Todos los sarracenos reconocen que Jesús es el Mesías anunciado por los profetas y lo consideran anterior a Mahoma en cuanto a la genealogía. Conceden que los antecesores de Mahoma fueron idólatras, y que proceden de la esclava de Abraham, llamada Agar, y que el Mesías es hijo de Israel y de varones justos en línea recta hasta María, su madre.

            De María así dice el Alcorán en el capítulo sobre la familia Domar: "dijo el ángel Gabriel a María: oh María, Dios te eligió y te dotó de gracia y te preeligió sobre las mujeres de todos los siglos... y te colocó en el medio entre los hombres de la tierra y los ángeles de Dios en el paraíso de los cielos".

            Admiten también los sarracenos que Cristo o el Mesías recibió de Dios el poder de hacer milagros, de sanar toda angustia y enfermedad, de expulsar demonios y de resucitar muertos. Creen todos los milagros de que hablan los Evangelios, y el Alcorán los testifica.

            En el capítulo Damar, ya citado, dice que Jesús conocía todas las cosas y también los secretos del corazón. Enseña que Cristo o el Mesías despreció las riquezas, rechazó los deleites carnales y que no tuvo concupiscencias, que son ocasión de pecado. Y recoge las palabras del Evangelio: "las zorras tienen cuevas".

            Todas estas cosas, aunque no sean autoridades para nosotros, están en conformidad a las predicciones de los profetas sobre el Mesías en su primera venida. Se dice también en el Alcorán que Eyce, es decir Jesús, es el Verbo de Dios; éste para los sarracenos es como su nombre propio. De modo que ningún hombre es llamado con este nombre, sino sólo Jesús o Eyce. En el Alcorán leemos: "oh Eyce, yo soy para ti el único; yo te elevaré hasta mí y te purificaré de los infieles".

             

CAPÍTULO 27

O ÚLTIMO

 

         Mi querido maestro, debo de confesar que los judíos por esta cautividad, que padecemos desde hace mil años, somos muy pocos en comparación con las otras naciones. Los sarracenos se han multiplicado y crecen cada día. Por su parte la fe de Cristo llena todo el mundo. Nosotros en cambio estamos dispersos y somos poquísimos en todas las partes. Además los pocos que somos estamos enemistados con todas las gentes y no sacamos ningún provecho de todo ello.

            Tenemos en contra nuestra los testimonios de muchos, a saber, de los cristianos y de los sarracenos, el Alcorán y el Evangelio, en los que no queremos creer. A mi juicio el Alcorán carece de todo valor, pues contiene manifiestamente cosas contradictorias. Pero ¿qué decir del Evangelio?  De hecho nada contiene contra los profetas ni contra nuestra Ley. Al contrario, es el manifiesto cumplimiento de nuestros profetas y de las promesas que se contienen en la Ley, tomándolas espiritualmente, como lo enseñan los cristianos.

            No obstante, mi querido maestro, a ti recurro con mis dudas, sobre todo con las primeras, es decir, las extraídas de los profetas, pues sobre el Alcorán conozco tu casi nula estima.

 

CONCLUSIÓN  DEL  ANÁLISIS  DE  LOS TEXTOS  DE  ALGUNOS CÓDICES

 

     Hacemos ahora una reflexión sobre la autoría de los capitulos transcritos, en conformidad con el grupo de códices, que hemos podido por ahora estudiar. Ya dejamos constancia, en puntos anteriores de nuestra conferencia, de la duda de Oudenrijn sobre la autenticidad de toda esta carta-tratado acerca de la venida del Mesías, y  de la teoría concreta sobre los últimos capítulos, sostenida por Meersseman. De la duda general de Oudenrijn nos contentamos con lo dicho anteriormente. Aquí tratamos sólo de los pasajes, que han sido objeto de nuestra transcripción.

     En la lectura de los capítulos transcritos del códice de AGOP, o de Santa Sabina de Roma, y en su comparación con la tradición de otros códices hay tres momentos en que las dudas sobre la autoría del rabí Samuel sobre estos textos se acentúa de una manera especial.

     La primera duda surge en las primeras líneas del capítulo 25. Al  hablar en la línea 11 sobre los 70 años del destierro del pueblo israelita en Babilonia, el manuscrito 1444 de la Bibl. Angélica de Roma y el  códice e.IV.23  de El  Escorial (Madrid) dan a conocer una nota del traductor o transcriptor que dice que no ha podido recoger de modo explícito y “de verbo ad verbum” el contenido del masnuscrito que tiene delante por la excesiva oscuridad del texto.  Esto nos obliga a pensar que al menos en este capítulo no hay verdadera correspondencia entre el original y el pasaje que tenemos delante de nuestros ojos. Y puede surgir la duda: ¿será éste el único caso o habrá otros lugares en que igualmente el traductor o el copista no transcribe el texto original, sino que da a conocer más o menos su contenido?

     Más fuertes son los interrogantes que se plantean con respecto a los capítulos 26 y 27, que arguyen con pasajes tomados del Corán. En el códice de la Bibl. Apostólica vaticana Reg. Lat. 430 esos dos capítulos forman uno solo bajo el siguiente epígrafe: “De dictis sarracenorum ad convincendum iudeos, XXVI”. El manuscrito de la Bibl. Medicea o Laurenciana de Florencia  Plut. III, cod. 7  reune estos argumentos basados en el Corán bajo el siguiente título: “Capitulum 25m. De Alcorano, in quo probatur apostasia iudeorum a Deo”, y lo mismo leemos en el códice de la Bibl. Apostólica Vat., Reg. Lat. 261. Estos títulos, particularmente el primero, encierran una intención apologética: “ad convincendum  iudeos”, o “in quo probatur apostasia iudeorum”. No parecen escritos por un judío, sino más bien por un cristiano convencido de la verdad  del mesianismo de Cristo, y que pretende demostrarlo a los judíos, y convencerlos de que son apóstatas, pues se han apartado del mensaje profético de la Sagrada Escritura.

     Más suave que los anteriores es  el título del capítulo 26 del manuscrito  S;  tiene solo intención informativa: las cosas que leemos en el Alcorán y en sus exposiciones sobre Jesucristo y su madre la Virgen Maria. Esa intención meramente informativa viene también indicada de modo explícito en el inicio del texto de ese capítulo: aunque los cristianos no nos arguyan por medio del Corán, y para nosotros este libro carezca de valor, es conveniente conocer lo que en él se dice de Cristo y de su madre.

     El manuscrito de AGOP al final del capítulo 27 parece indicar que estos capítulos finales fueron añadidos por Alfonso Buenhombre al texto auténtico de la carta, a petición de un alto personaje: “instantia vestra addidi ad translationem illam”. Esa autoría de Alfonso Buenhombre, y no del rabí Samuel, sobre los dos mencionados capítulos, parece deducirse igualmente de las siguientes palabras del códice mediceo: “aliqua dicta sarracenorum presenti opusculi volui  subnotare”.  El opúsculo es la carta-tratado del rabí Samuel, y las subnotaciones tomadas del Corán se deberían a la mano de Alfonso Buenhombre.

      Un atenuante a estos argumentos contra la autoría del rabí Samuel sobre los capítulos en litigio, es el hecho de que algunos manuscritos como los citados de la Bibliot. Laurenciana y del fondo Reg. Lat. de la Bibliot. Apost. Vatic., y  el de  AGOP,   presentan al rabí Samuel como catecúmeno ya muy instruido en los dogmas de la religión cristiana.  Por consiguiente  podría caber en él  la intención apologética en favor del cristianismo, sin necesidad de recurrir a Buenhombre. Éste,  en la primera versión de la carta del rabí Samuel ofrecida al maestro General de la Orden de Predicadores, habría dejado sin traducir lo correspondiente a los capítulos 26 y 27. Más tarde a petición de la alta personalidad indicada añadiría la traducción de esos textos que le faltaban.

     Además el manuscrito de la Bibl. Larenciana o Medicea de Florencia  Plut. Sup. LXXIX, cod. 17  dice al final de los pasajes tomados del Corán que esto supuesto “concludit  Rabi Samuel”. Lo cual parece indicar que  hace  suyo proprio lo escrito sobre el Corán, y que no debemos ver en ello una interpolación de Alfonso Buenhombre. El  códice de la Bibl. Apostólica Vaticana, Reg. Lat. 261, se expresa igualmente que el citado manuscrito de Florencia, aunque por fallo del copista  dice Isaac en vez de Samuel: “hiis premissis, concludit rabi Ysaac”.

   Los argumentos no son, en verdad, plenamente demostrativos, por ninguna de las dos posibilidades. Es necesario una consulta  a un número más abundante  de manuscritos para obtener una conclusión que sea en verdad convincente.

 

BIBLIOGRAFÍA  FUNDAMENTAL  SOBRE  A. BUENHOMBRE Y  SU  OBRA

 

     Marco Antonio van den Oudenrijn, OP, De opusculis arabicis arabicis quae latine vertit frater Alphonsus Buenhombre, OP. Textus aliquot e codicibus manuscripts Bibliothecae Reg. Med. Laurent. Florentiae cum introductione et notis, en “Analecta Sacri Ordinis Fratrum Praedicatorum, anno XXVIII (1920) 32-44, 85-93 y 163-168.

     Gil-M.  Gérard Meersseman, OP, La chronologie des voyages et des oeuvres de frère Alphonse Buenhombre, OP, en “Archivum Fratrum Praedicatorum” 10 (1940) 77-108.

     Atanasio López, OFM, Obispos en África Septentrional desde el siglo XIII, 2ª ed., Tánger 1940.

     Manuel Díaz y Díaz, Index scriptorum latinorum medii aevi hispanorum, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1959, Patronato Menéndez Pelayo, Madrid 1959, n. 2097-2102, p. 404-405.

     Vicente Beltrán de Heredia, O.P., Bulario de la Universidad de Salamanca (1219 – 1549) I,  Universidad de Salamanca, Salamanca 1968, p. 51, 354 – 355 (n. 49) y nota 1.

     Laureano Robles, Escritores dominicos de la Corona de Aragón (siglos XIII-XV), en “Repertorio de Historia de las Ciencias Eclesiásticas en España, n. III, Siglos XIII-XVI”. Instituto de Historia de la Teología Española, Salamanca 1971, p. 90-98.

     Ramón Hernández, OP, Teólogos dominicos españoles pretridentinos, ib., p. 181-187.

     Thomas Kaeppeli, OP – Aemilius Panella, OP, Scriptores Ordinis Praedicatorum Medii Aevi, Vol. I, A-F , S. Sabina, Roma 1870, p. 48-55; Vol. IV, T-Z, praemissis addendis et corrigendis ad vol. I-III, Istituto Storico Domenicano, Roma 1993, p. 22.

    Klaus  Reinhardt  -  Horacio  Santiago-Otero,  Biblioteca Bíblica  Ibérica Medieval. Vol. I. Consejo Superior de Investigaciones Científicas,  Centro de Estudios  Históricos,  Madrid  1986,  p. 55–59.

       Horacio  Santiago-Otero,  Manuscritos de autores medievales hispanos.  Ib. 1987,  p. 12-15,  67-83  y  95.

 

 

 

 

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