FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

 

Meditaciones

ACCIÓN DE GRACIAS EN LOS 50 AÑOS DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL

Por fr. Ramón Hernández Martín, O. P.


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Ramón Hernández

 

 

 


 

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Muy amados hermanos:

 

   Es éste un momento señaladísimo para dar gracias a Dios, porque el don del sacerdocio es una gran gracia; es todo gracia. Quiero hacerlo muy brevemente y con mucha sencillez, pero también con toda la intensidad de mi pobre alma. 

   Hay un ejemplo supremo de dar gracias; es el de Jesús dando gracias al Padre. Pero ¿quién puede dar gracias como Jesús que las dio de una manera infinitamente perfecta?

   Hay otro ejemplo imposible de igualar para toda persona humana, que es el de la Virgen María que cantó su inimitable Magnificat.

   Yo me voy a inspirar en el salmo 135, que es un himno general de acción de gracias en todas vicisitudes de la vida con ese estribillo tan famoso: “porque es eterna tu misericordia”.

   En efecto, Señor, me diste la vida y me la diste a través de unos padres llenos de fe en ti, que me llevaron inmediatamente al bautismo para recibir una vida superior, la vida de la gracia. Y, con los padres, una familia, en cuyo seno aprendí lo fundamental de la doctrina y de las virtudes y costumbres cristianas. ¿Por qué? Sólo porque es eterna tu misericordia.

  Me diste la vocación dominicana, primero en germen que se fue desarrollando en la Escuela Apostólica con unos Padres, plenamente entregados a mi formación, a los que nunca agradeceré con suficiencia todo lo que hicieron por esa vocación dominicana mía. ¿Por qué? Porque es eterna tu misericordia.

   Me condujiste al noviciado de Palencia, con el santo Padre Merino, y después al “Estudio de Filosofía” de Las Caldas con unos Padres admirables que prepararon mi mente con la mejor de las filosofías, y me llevaste luego a la Facultad Teológica de San Esteban de Salamanca, familiarizándome con el más sabio de los santos y el más santo de los sabios, nuestro Santo Tomás de Aquino. Porque es eterna tu misericordia.

   Me concediste el gran don del sacerdocio con los poderes admirables de realizar el misterio eucarístico, administrar otros sacramentos y predicar tu palabra. Todo ¿por qué? Sólo porque es eterna tu misericordia. 

   Por fin me colocaste en esta comunidad de hermanos, a los que agradezco los incontables bienes que me han hecho, a los que pido perdón por  mis múltiples fallos y ofensas, y a los quiero con toda mi alma. Porque es eterna tu misericordia.

   Bien; sé que he dicho poco y mal; quede con ello significado lo mucho o muchísimo que pudiera decir. Porque, Señor, es eterna tu misericordia.

   Muchas gracias a todos vosotros y a ti, ¡oh, mi Dios!, porque es eterna tu misericordia.

 

ODA A LOS SACERDOTES DE MI PROMOCIÓN EN LOS 50 AÑOS DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL

 

(Oda, que me pareció bellísima y me hizo llorar de emoción, mientras nos la leía con profundo sentimiento su autor, el dominico

P. Fr. Emilio Díez)

 

Ya está Dios en vuestras manos.

Ya tenéis ese don de

poder repartir a los hermanos

el amor y el perdón.

 

Ya sois el amor entre la gente.

Y ahora es diferente

el símbolo de Dios y del Cordero,

porque es vuestra posesión, y es el sendero

que os lleva seguido hasta el madero

del Dios doliente.

 

Y es amar. Y el amor entre los dedos

se os escapa como chorro de emociones,

volcándose en los miedos

de fe y de sensaciones.

 

Amor que hasta el altar os llama,

Y llamáis vosotros, al altar, por compartirlo.

En el ara de amor arde y se inflama,

y en los albos manteles se derrama

en Pan, al convertirlo.

 

Y más amor. Amor que arde

en la vida, como un cirio encendido;

fuego de sol en el aire de la tarde

y en el de la mañana adormecido.

 

Y más amor. Amor al que padece,

y que llora, restañando las heridas,

mientras el brazo crece

para alcanzar las ramas doloridas.

 

Y más amor. Amor al desvalido.

Dolor con el dolor ya compartido;

llorar con el que llora,

y sufrir la opresión del oprimido

en el cáliz de amor que es vuestra aurora.

 

Ya está Dios en vuestras manos.

La carne, pan. Toda la sangre, vino.

Y el mensaje de Cristo a los humanos

hecho leyenda en vuestro feliz camino.


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